El P.A.R.C.E. Juanes deslumbra en el Madison

El colombiano se presentó en el mítico escenario de Nueva York ante un público mayoritariamente latino y ratificó su talento y sus raíces.

No lo veía en vivo desde el 98, cuando se presentó en el Carlos Vieco de Medellín con Ekhymosis. Fui por curiosidad y como un desafío a mi hijo, quien escuchaba con frecuencia la banda, y me dijo que era una música que yo jamás entendería. Se equivocó: Me gustó. No comprendí mucho que quería decir el joven que se desbarataba con esa guitarra, ni a quienes se enloquecían escuchándolo y fumando marihuana, pero me inquietó y me gustó.

Este viernes 8 de abril lo vi distinto, más lejos del Juanes de los 19 premios Grammy Latinos y los múltiples reconocimientos en su corta carrera, más cerca de Ekhymosis y con un aire a Santana, especialmente en sus interpretaciones más rockeras, cuando hace esos solos interminables, tan acústicos como hermosos con su guitarra. La música, como el arte en general, no necesita entenderse ni interpretarse. Solo sentirse. Solo escuchar lo que dice a nuestros sentidos. Y eso me dijo a mí.

Curiosamente, también lo sentí diferente cuando interpretó “El Yerbatero”, el primer sencillo de su último álbum, P.A.R.C.E., como se llama su tour y con el cual abrió el concierto. Más guasca, una especie de 'rock de carrilera', tal y como es esa música tradicional que escuchamos los paisas y que el sonido rock no logra ocultar, sino que resalta. A lo mejor esa es la intención y en eso consiste su grandeza. Así lo dije antes, cuando escribí mis impresiones acerca del concierto de Shakira, también en el Madison el septiembre pasado: Juanes es cada vez más parroquial, más pueblerino, más cercano a sus raíces, y como consecuencia, más universal. Octavio Mesa, el fiel represente antioqueño de la mejor música guasca, debe estar feliz escuhando “El regalito” del “El Yerbatero”, dos canciones del albúm P.A.R.C.E.

Parco en palabras, especialmente las “gruesas” que son comunes en sus conciertos, tal vez limitado por la presencia de sus pequeños hijos Luna, Paloma y Dante y de su mamá, quienes con su esposa Karen, su hermano y otros familiares y amigos lo acompañaban. Pero vital, pletórico de sonidos, diciendo todo con su música, su guitarra y su movimiento rockero. Juanes conquistó de nuevo al difícil público neoyorkino. Un lleno casi total, miles de colombianos, pocos anglos, y muchos latinos de todos los confines de América, que por el hecho de vivir aquí y de estar expuestos a culturas tan diversas como variadas, tenemos un criterio más estricto. Un público que vibró y cantó y aplaudió con fuerza todas sus interpretaciones, las antiguas y las nuevas, desde “A Dios le pido”, que cerró el concierto, hasta “Volverte a ver”, “Fotografía”, “La camisa negra”, “El regalito”. En fin, nos deleitó con todos sus éxitos, nos enseñó sus nuevas canciones, nos estremeció con su guitarra, y nos hizo sentir orgullosos de ser colombianos.

Solo eché de menos su éxito “Fíjate bien”, tema de moda por la campaña “Remángate” que tuvo lugar esta semana,para sensibilizar a la ciudadanía sobre los efectos nefastos del uso de las minas “quiebrapatas”. La pareja de jóvenes que estaba a mi lado también esperaba esa canción. Seguramente por eso no la interpretó: luchar en contra del uso de minas en el mundo y especialmente en Colombia, no puede ser una moda. Tiene que ser un compromiso diario. Paradójicamente, esa fue su forma de recordarnos que debe ser las 24 horas del día, los 365 días del año, y por los años que nos quedan, hasta llegar a esa fecha en la cual podamos caminar descalzos y libres de miedo por campos y ciudades.

Mención especial merecen las luces: efectos especiales con las últimas tecnologías y al mejor estilo de los comerciales de las grandes compañías en el “Super Bowl”. Un hombre real aparece en el escenario cargando 4 cajas de cartón, las coloca en el piso y cada una se convierte en una pantalla que va girando y mostrando una cara diferente, de las muchas que lo han acompañado alrededor del mundo. Pero no para ahí: va trayendo más cajas y a medida que las apila una sobre otra hasta formar un alto muro, cada pequeña pantalla sigue en sus giros independientes, hasta juntarse en una sola imagen que revienta en luces multicolores formando la figura de un Juanes tridimensional que sale a “agarrar” su gitarra para empezar con su “Yerbatero”. Fue tan impactante este comienzo, que nos cogió desprevenidos. Menos mal ellos lo saben: por eso lo repitieron y pudimos grabarlo. Durante el concierto, esas cajas sirvieron como pantalla gigante para las múltiples imágenes que se pasaron. Fue algo hermoso y novedoso que toda Colombia merece ver.

Juanes: deslumbrando en el Madison Square Garden. Un concierto para vibrar, sentir la música, y no olvidar jamás.

Por Elsa Tobón, colaboradora de Soyperiodista.com. Nueva York

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