El peligro de llamarse Gadafi

Dos de los nueve hijos del líder libio han fallecido en bombardeos de fuerzas aliadas, mientras el veterano dirigente ha resultado ileso.

La historia se repite. Con la muerte de Saif el Arab, Muamar el Gadafi ha perdido a dos de sus nueve hijos en sendos bombardeos que tenían como objetivo, si no explícito sí al menos deseado, al propio dirigente libio. El primero ocurrió en 1986, cuando Estados Unidos atacó Trípoli en represalia por la muerte de tres soldados norteamericanos en un atentado en Berlín. En aquella ocasión, las bombas lanzadas sobre el complejo de Bab el Azizia alcanzaron a una hija adoptiva del dictador.

En ambas ocasiones, Muamar el Gadafi ha salido ileso de los ataques, como ha sobrevivido igualmente a tres atentados  y a varias intentonas golpistas. Pero el bombardeo del sábado deja patente su vulnerabilidad: está claro que las fuerzas aliadas tienen información desde dentro, y que su propia familia corre peligro. Durante 41 años, Gadafi se ha apoyado en una compleja red de alianzas tribales, pero en estos momentos sus hijos se han convertido en los puntales de un régimen que ha decidido enrocarse con las armas en mano. Y eso a pesar de las tensiones internas, que ni siquiera la crisis ha diluido. La vieja rivalidad entre Saif el Islam, de 38 años, economista y rostro moderno del gadafismo, y su hermano Mutasim, de 33, teniente coronel y consejero de seguridad, se ha vuelto a poner de manifiesto durante la rebelión.

Mientras Saif el Islam, según sus allegados, ha abogado discretamente por una transición negociada que implicaría la salida de su padre, Mutasim ha cerrado filas con los halcones del régimen. Con Saif se ha alineado Saadi, 37 años, exfutbolista, militar y últimamente productor de cine. Y Mutasim cuenta con el apoyo de Jamis, adiestrado en Rusia, comandante de la Brigada 32 y cabeza visible de la represión en Bengasi. Ambos cuentan con importantes milicias privadas.

A pesar de sus intervenciones amenazantes al comienzo de la revuelta, Saif el Islam fue decisivo en la rehabilitación internacional de Libia con sus iniciativas de apertura económica y política, que lo llevaron a enfrentarse con los sectores más inmovilistas. En esa tarea contó con el apoyo de su hermana Aisha, una activa abogada.

Mohamed, el discreto primogénito, volcado en los negocios, y Aníbal, famoso por sus juergas y los incidentes violentos, se han mantenido en un segundo plano.