El purgatorio del rock, el infierno del tango

La cantante argentina Adriana Varela, figura emblemática en la escena contemporánea del estilo de arrabal, vuelve a Colombia en un formato cercano al jazz.

Quincy Jones y su esposa Natasha Kinski aprendieron a bailar tango con Adriana Varela. La cantante argentina se enteró de esa hazaña después de su participación en el Concierto de las Américas, realizado en Miami en 1994 y gestado por el productor norteamericano para mostrar las diversas facetas del sonido continental. Varela llegó al lugar un poco molesta porque el hecho de cantar en Miami no la hacía feliz, pero el semblante le fue cambiando cuando empezó a ver desfilar a todas las estrellas de la música con las que iba a poder cantar. Ante sus ojos pasaron Liza Minnelli, Celia Cruz, Tito Puente y Arturo Sandoval, entre otros. Pero la euforia fue total cuando vio a Jones, tímido, acercándose para agradecerle no el hecho de estar ahí, sino su diligente acompañamiento durante las lecciones de ese ‘sentimiento triste que se baila’. Sin embargo, faltaba algo aún más impactante: Natasha Kinski, la bella de Tan lejos, tan cerca, estaba llorando tras bambalinas y no podía creer que tuviera enfrente a la dueña de esa voz que la involucró para siempre en el remolino del 2x4. Kinski abrazó a Adriana Varela y las lágrimas se multiplicaron.

Después de ese impacto contrastante de exhibir su música en un lugar lejano a sus afectos pero verse rodeada de respeto y cariño, Adriana Varela se presentó en La Habana y allí entendió que su voz, algo bluesera, tenía una fuerte influencia de los sonidos provenientes de África. Desde ahí, su relación con la música es más salvaje, más apegada a las pulsiones y su verdad artística no está concentrada en la actividad de cantar, sino en la posibilidad de encontrarse.

“La garganta y el aparato sexual están ligados. Yo estudié fonoaudiología y tengo mucha información al respecto. No hay dudas de que yo soy sexuada para cantar y por eso entro en una frecuencia que no manejo. Hay cantantes y cantoras (aunque también hay cantontos y cantontas) que fluyen desde un lugar místico. Yo fluyo desde lo terrestre”, dice Adriana Varela, quien empezó a dejarse llevar por el tango por imposición de Roberto ‘El Polaco’ Goyeneche, su padrino en lo que ella odia llamar carrera y prefiere denominar como ‘su arte’.

Comenzó nadando en las hevietudes del rock con la complicidad de los Beatles, Led Zeppelin y los Rolling Stones, pero después de estar en el purgatorio comandado por el tridente de la guitarra, el bajo y la batería, se mudó a Astor Piazzolla y desde el genio del Mar del Plata hasta el infierno del tango, el recorrido es inversamente proporcional al camino de salida. Así que ahí se quedó y asumió la difícil misión de transgredir.

“Para mí lo doloroso tiene que ver con las cosas de la vida y no con lo que sucede en el arte. Mi caos es distinto, no es creativo, y ahí es cuando hay que romperse todo para crear. Yo soy una intérprete y no debo fracturarme para cantar tangos, yo ya llegué así al género. Mi dolor, el que llevo al escenario, es por las cosas vitales y no por lo artístico, y eso es lo que dicen que es transgresor en mí”, comenta Adriana Varela, para quien su proceso de selección también es totalmente intuitivo. Ella lee mucho y si la musicalidad le va, pues lo asume sin reparos. Los pensamientos intelectuales y figurativos para hacer música no van con su estilo, así como tampoco les hace caso a los mercados y ha dejado de cantar algunos temas por el simple hecho de que se ponen de moda.

Varela tampoco cree mucho en lo femenino y en lo masculino para cantar. Su caso es el de una mujer cantando, pero interpreta poetas, hombres, y eso la lleva a desligarse de su género. “Yo soy un vehículo (femenino) de su poesía, de su genialidad, y por eso no les cambio un artículo a sus versos. Yo manifiesto al poeta, pero mi ego se esconde y no protagonizo”, asegura la tanguera.

De todos sus trabajos discográficos, tal vez el más importante ha sido Cuando el río suena (1999), porque durante su realización se le abrió el puerto del otro lado. Con él encontró una cantidad de músicos destacados a los que les había dado  la  espalda debido a la contundencia de la movida en Buenos Aires. Ahora, incluso, es madrina de muchos artistas que han surgido a partir de su aparición.

“Para mí, cantar en Colombia es de las cosas más fuertes que me han pasado. Yo me presenté en la Universidad Nacional y luego fui a Medellín y me sentí en un concierto de rock. Siempre mi público establece un código particular. En España y Francia me respetan mucho y allí todos los halagos son muy verbales, pero el latinoamericano tiene otro condimento y en este país este condimento está recargado”, dice la cantante, quien además de sus registros propios ha tenido apariciones importantes como la interpretación del tema El perfume con Bajofondo; un rol en la película Plata quemada, en la que interpreta su versión del Vida mía, y una descripción que ella toma como un homenaje en el libro Quinteto de Buenos Aires, de Manuel Vázquez Montalbán.

“La noche prometía la novedad de una casi debutante Adriana Varela, que entusiasmaba a mis introductores, y por ‘El Polaco’ y por ella me habían llevado al local. En Quinteto de Buenos Aires, la entrada de Adriana Varela la describo tal como yo la había sentido en la irrealidad de El berretín: ‘Aparece una mujer escotada y blanca. Enigmática y con las siete puertas y los seis sentidos bien puestos bajo la luna’. Con Valdano pude comentar años después aquel descubrimiento y él conocía a la cantante, incluso sabía que la había apadrinado ‘El Polaco’ con un comentario tajante: ‘no me gusta que las nenas canten tango, pero Adriana es un caso aparte’”. Con este fragmento esta argentina deja claro que encanta de entrada y luego hasta puede hacer bailar, como les pasó a Quincy Jones y Natasha Kinski.

Temporada Gaitango. Adriana Varela en el Jorge Eliécer Gaitán, carrera 7 Nº 22-47. Viernes 22 de julio, 8 p.m. Información y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.