El regreso de Lula

El expresidente volvió a la arena política en medio de un escándalo por posible enriquecimiento ilícito del jefe de gabinete de Rousseff.

Cinco meses bastaron para que el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, rompiera la promesa de permanecer alejado del gobierno de su predecesora y heredera política, Dilma Rousseff. Lo hizo a principios de semana en Brasilia, donde sostuvo diferentes reuniones con la bancada parlamentaria de su colectividad, el Partido de los Trabajadores (PT), con representantes de la coalición de gobierno y hasta con la actual mandataria, con la intención de blindar al jefe de gabinete de Rousseff, Antonio Palocci, quien está inmerso en un escándalo de enriquecimiento ilícito.

El caso en cuestión salió a la luz pública la semana pasada cuando el diario Folha de São Paulo divulgó un reportaje en el que reveló un súbito aumento del patrimonio personal del funcionario. El diario afirma que entre 2006 y 2010 éste se multiplicó por 20, pasando de US$231 mil a US$ 4.6 millones. A todo esto se sumó una nueva acusación. La oposición brasileña señala al exministro de Economía de Lula de tráfico de influencias. El diputado Fernando Fransichini, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, afirmó que Palocci influyó ilegalmente para que el Ministerio de Hacienda le entregara en tiempo récord US$5 millones a la empresa privada WTorre, firma a la cual asesoraba y que había donado US$1 millón a la campaña presidencial de Rousseff.

Así las cosas, en los últimos días, Lula se enfocó en dos frentes. Por un lado, estructurar una estrategia de defensa que permita frenar cualquier intento de apertura de una comisión de investigación en el Legislativo y, por el otro, calmar los ánimos de los parlamentarios de base del PT, que se han quejado del distanciamiento que el gobierno ha mantenido con el Congreso. La mano de Lula ya comenzó a evidenciarse. Mientras Palocci empezó a reunirse con los diputados, la presidenta ordenó cancelar la distribución de videos y panfletos didácticos contra la homofobia por parte de los Ministerios de Educación y Salud. Una medida con la cual, según medios locales, el gobierno busca ganarse el apoyo de la bancada religiosa.

Sin embargo, el rol jugado por el expresidente ha confirmado la fragilidad del actual gobierno y ha dejado un manto de duda sobre la capacidad del ministro de Relaciones Institucionales, Luiz Sérgio, de servir de puente entre el Ejecutivo y el Legislativo.  “La presidenta no ha sabido convivir con la presión durante los primeros cinco meses de gobierno, imagínese si fuera una crisis realmente fuerte”, le dijo el investigador de la Universidad Federal de San Carlos, Marco Antonio Villa, a la revista brasileña Veja.