El superhéroe del video

Videomán, el personaje que encarnó el artista mexicano Fernando Llanos, vivió durante nueve años en llamativos contextos urbanos del mundo. Ahora está muerto y en sus exequias se presenta lo mejor de su trabajo.

Salgado Filho, Porto Alegre, Brasil. Al bajarse de los taxis, los pasajeros, ansiosos por tomar su vuelo, ven en la fachada del aeropuerto un video que muestra catástrofes aéreas, aviones estrellados y aterrizajes fallidos: pavor.

México, Distrito Federal. Taquería en la colonia Roma, calle Morelia. Es diciembre, mes guadalupano. Al frente de un lugar de comidas tradicionales mexicanas se proyecta una imagen de la virgen de Guadalupe despojada de ropas. La gente camina y se detiene frente a la efigie de espiritualidad, la imagen sagrada desnuda de la Patrona de México y la Emperatriz de las Américas.

Buenos Aires, Argentina. Avenida 9 de Julio. Faltan 24 horas para que comience el partido del Mundial entre Alemania y Argentina. En una de las paredes de la arteria más importante de la ciudad se proyecta un gigantesco video de los penales con los que Alemania elimina al seleccionado gaucho en los cuartos de final de 2006.

Todo es obra y gracia de Videomán, el superhéroe del video, el artista mexicano que proyecta imágenes en espacios públicos para polemizar o suscitar reflexión, para llamar la atención o para causar una reacción, cualquiera que sea.

Videomán suele vestirse con trajes especiales. A veces es robótico, un cyborg mitad máquina, mitad criatura. Pero otras veces es un charro: galante y peripuesto, un jinete del campo mexicano. Así se le vio en la inauguración de su exposición en Bogotá, que a la vez era su muerte. Estaba entre la gente, como un vaquero moderno, explicando su obra. Llevaba un cinto con una placa enorme, una en la que le rendía tributo a su tierra de adopción, el estado que lo acogió durante diez años: Michoacán.

En sus recónditos recuerdos pueriles aparece un afiche enorme de Batman encima de su cama, ese, cree él, fue uno de los primeros indicios de heroísmo en su vida. Salvar el mundo y tener superpoderes constituían sus más grandes añoranzas de infante y, sin embargo, al hacerse grande se convirtió en un varón ilustre y famoso por sus controversiales obras.

Guillermo Gómez-Peña, uno de los más destacados artistas mexicanos, definió a Fernando Llanos como “uno de los artistas experimentales más interesantes del México contemporáneo”. Además, dijo de su obra: “Deambula entre varios territorios y disciplinas incluyendo el video, la robótica, el ciber-arte y el performance”.

Cuauhtémoc Medina, uno de los curadores más influyentes en el mundo del arte latinoamericano, dijo de él: “Entiende su compromiso con el video como una tarea comunitaria. Se apresta por igual a articular la protesta contra los abusos de la política cultural, que a cumplir las funciones de embajador, exoficio de la producción electrónica chilanga”.

Por eso sus superpoderes no son exclusivos del circuito mexicano. La importancia de la obra de Fernando Llanos no radica en un cuadro, una escultura ni un mural. Su materia prima es el video, que se hace visible a los ojos de una ciudad, ya sea Madrid, Ciudad Juárez o Bogotá.

Su museo es la calle, en donde sus obras adquieren otro valor más cercano, uno útil para lograr un diálogo con el espacio público, con el transeúnte, quien es en últimas quien define su arte.

El espacio público es su lugar de trabajo. Allí se expresa, se exhibe, logra mutarse en el otro y se transforma en un objeto de alteración para los demás. Crea nuevas referencias y modifica su entorno.

Por eso también fachadas, murales, camiones y hasta personas le sirven de base al superhéroe para proyectar sus videos y, como el mismo espacio físico se reconstruye, el trabajo de este artista de formación plástica y musical se convierte en una nueva interpretación de la rutina y el espacio.

“Acupuntura urbana” es el nombre que le dio a su experimento. Gracias al carácter móvil y transitorio del video logró captar la reacción de las personas que intervinieron en su obra, los mismos peatones que reaccionaron con cada una de sus propuestas.

Pero como casi siempre después de lograr su epopeya, todo titán tiene un final, para darle conclusión a su ciclo como superhéroe y dedicarse a profundizar en otros campos del arte, Fernando Llanos quiso realizar las exequias de su álter ego en una revisión que reúne lo mejor de sus trabajos.

Proyectores, medios de transporte, fotografías y dispositivos que formaban parte de las herramientas del superhéroe alrededor del mundo serán expuestos en una muestra que explica por qué el hospital, el aeropuerto, la plaza y el edificio público se miran de otra manera después de la visita de un superhéroe. La exposición, organizada por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, se puede visitar en la galería Lia Lab, en la calle 13 N° 2-71, de Bogotá.

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