El trabajo del CICR en las comunas

El Comité Internacional de la Cruz Roja actúa en cinco zonas de Medellín para intentar aliviar la situación de civiles afectados por la violencia de combos y pandillas.

El desafío de los combos y bandas que proliferan en Medellín, ciudad en la que sólo este año han ocurrido 340 muertes violentas, hizo que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) iniciara trabajos para mitigar las acciones contra la población civil, situación que desde la teoría parecía improbable y que, tal como lo reveló El Espectador en agosto pasado, se estaba concretando en coordinación con la Alcaldía.

El organismo internacional está trabajando en cinco comunas (3, 5, 6, 8 y 13) con el propósito de que los grupos ilegales adopten unos principios básicos de respeto a aquellos que no tienen nada que ver con sus organizaciones y disputas. Pascal Porchet, jefe de la Subdelegación del CICR, explica los pormenores de ese trabajo,  que también es apoyado por la Cruz Roja Colombiana.

¿Por qué eligieron estas cuatro zonas de la ciudad?

Empezamos con estas zonas donde hay distintos problemas para aprender y trabajar allí, pero pensamos en toda la ciudad y, por supuesto, los proyectos que adelantamos allí los podemos desarrollar en otras zonas. Es un propósito a largo plazo.

¿Cuántos serían los muchachos que forman parte de estos grupos?

No manejamos un censo, nos apoyamos en los diagnósticos de los organismos del Estado. Lo que hacemos en las zonas adonde vamos es establecer contacto con los muchachos para tener su aceptación. También buscamos un acercamiento con algunos de los mandos porque queremos desarrollar un diálogo de protección donde logremos que ellos respeten ciertos valores y principios humanitarios. También trabajamos en cárceles y centros de reeducación para jóvenes. Esos muchachos que toman parte de los grupos son victimarios y víctimas, así que la idea es entender por qué han entrado a las estructuras y a las cárceles con el fin de evitar que otros ingresen.

¿Hay muchos menores en esta violencia urbana?

En estos centros de reclusión hay muchos menores y en ese sentido se puede determinar que sí son parte de esas estructuras, por eso hemos escogido como eje del proyecto la línea de vida de un joven desde los cero años hasta los 30 años. Trabajar por este muchacho cuando es víctima, cuando es victimario y también con su entorno familiar.

¿Cómo es ese trabajo?

Empieza en las escuelas apuntándole a la prevención, luego con los combos y las bandas, para lograr que haya espacios humanitarios donde los jóvenes puedan jugar y no tengan peligro de microtráfico, que sus madres tengan acceso a los servicios de salud, que los niños vayan a la escuela, que si en los enfrentamientos se presenta algún herido, permitan que sea atendido.

¿Les dictan charlas sobre DIH y Derechos Humanos?

No vamos a hablarles de DIH porque no es un conflicto armado sino de una situación de violencia organizada, pero hay principios humanitarios que se aplican. Cuando se da la oportunidad hablamos con ellos y el primer principio que deben respetar es que quienes no forman parte de la violencia —los civiles, que son el 99% de la población— no sean afectados.

¿Qué tan productivos han sido estos acercamientos?

Es un proyecto a largo plazo. Hemos empezado a tener contacto, pero es un diálogo en el que hay que conocerse primero, que sepan quiénes somos y qué queremos hacer; se trata de tener la confianza de ellos y claro que hemos tenido una buena respuesta.

Algunos de estos muchachos son desmovilizados, ¿eso facilita su trabajo con ellos?

Esta es la diferencia que tenemos en Colombia con respecto a otros países, porque contamos con una amplia aceptación por parte de todos los grupos y es real que en estas bandas hay gente que nos conoce de antes, eso nos facilita la tarea.

Lo que más le ha sorprendido cuando va a esos barrios.

La invisibilidad. Uno entra a estos barrios y podría pensar que nada está pasando, pero la realidad es que hay fronteras invisibles, víctimas, graves consecuencias humanitarias, eso es lo que más me sorprende.

¿Hay otras ciudades donde piensan desarrollar este tipo de proyectos?

Trabajamos también en Buenaventura, pero son dos situaciones distintas. Empezamos con Medellín, que es la que más conocemos.

¿Se van a enfocar hacia un grupo determinado de víctimas o van a trabajar con todas?

Uno siempre tiene que tener un enfoque principal y en este proyecto es el joven y su entorno, su familia, su madre. Pero en su entorno familiar vamos a encontrar mujeres que tal vez hayan sido víctimas de violencia sexual, otro enfoque es que hayan tenido que desplazarse o que no puedan asistir a la escuela por las fronteras invisibles o amenazas. Lo que queremos hacer es coordinar nuestra atención con otras ofertas que sabemos que existen, por ejemplo, de parte de la alcaldía.

¿Están trabajando en tres líneas con los jóvenes?

Sí, estamos desde la escuela para prevenir, con los jóvenes que están en el conflicto para unos mínimos humanitarios y ya con la familia estamos mirando la estrategia, nos toca escuchar a la gente del barrio para entender cómo ven el problema. Queremos desarrollar desde la escuela un concepto de convivencia, de respeto, queremos establecer unos espacios humanitarios que se respeten y trabajar con la sociedad civil, con empresarios para que brinden oportunidades para estos muchachos.

¿Están trabajando con la Cruz Roja Colombiana, han tenido  que capacitarlos a ellos para que los apoyen?

Más bien al contrario, ellos nos han capacitado a nosotros son ellos los que conocen mejor la situación de la ciudad y han trabajado por muchos años en temas sociales y prevención de la violencia, tienen mucha experiencia de la cual podemos aprender.

¿Qué tan contenta está la alcaldía con este trabajo?

Siempre ha sido un diálogo muy respetuoso, nosotros hemos dicho lo que queremos y lo que no queremos hacer. Las autoridades han reconocido que podría ser un valor agregado que nosotros participemos y creo que son felices de que alguien más los ayude.

¿Es tan grave la situación de Medellín como la de México, Brasil, Guatemala o Haití, donde ustedes también tienen presencia?

 Hay muchas ciudades en A. Latina con problemática de violencia organizada pero cada una es distinta. En Brasil, por ejemplo, hay muchos barrios donde la policía no puede entrar, pero cada ciudad tiene su propia dinámica, por eso no quiero comparar ni decir que Medellín es mejor o peor que otras, estamos aquí para ayudar porque ha vivido muchas clases de violencias desde el pasado.

¿Ustedes con víctimas del conflicto adelantan proyectos productivos para que puedan seguir adelante, aquí se va a hacer lo mismo?

Esa es la pregunta que tenemos ¿Cómo hacerlo? Porque aquí hay entre dos y tres millones de habitantes y es difícil hacer proyectos productivos para 20 personas, eso no es sostenible ni es eficaz, lo que vamos a buscar es el acompañamiento con la sociedad civil, con los empresarios que nos permitan desarrollar proyectos a más largo plazo.
 

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