Elecciones presidenciales en Perú

CON UN CRECIMIENTO SOSTENI- do por en encima del 5% en la última década, Perú ha tenido uno de los mejores desempeños económicos de la región.

De hecho, pese a la recesión mundial, desde 2006 su PIB ha promediado incrementos de 7% anual. Un logro notable que, si bien se impulsa en los altos precios de sus productos mineros —plata, cobre, oro y cinc—, es injusto reducirlo a una mera suerte coyuntural. Desde la administración del expresidente Fujimori, y con más insistencia en las administraciones de Alejandro Toledo y Alan García, Perú ha venido implementado exitosas políticas monetarias, fiscales y comerciales que han hecho despegar el país también en otros sectores. En la costa Pacífica, por ejemplo, los campesinos han comenzado a exportar masivamente sus productos —espárragos, uvas, alcachofas, y distintas hierbas— gracias, entre otras cosas, a las grandes inversiones en carreteras, que han acortado las distancias y reducido los costos.

No obstante, aunque los indicadores sociales han mejorado de forma importante —sólo entre 2006 y 2009 se redujo en 14 puntos porcentuales el número de peruanos viviendo en la pobreza—, el descontento con el Estado es generalizado: la excesiva corrupción, la falta de políticas sociales en educación y salud, así como el aumento de la criminalidad tienen inconformes a amplios segmentos de la población. No sin razón los votantes para la primera vuelta de las elecciones presidenciales este domingo, según las últimas encuestas, están favoreciendo el cambio. El problema radica en que quien lo encarna no representa exactamente la mayor seguridad para la democracia.

Ollanta Humala, antiguo oficial y excandidato en las pasadas elecciones, es el más favorecido por la intención de voto de quienes no han sentido el buen desempeño de la economía. Humala, sin embargo, es muy cercano al presidente Hugo Chávez y, aunque ha dicho que no intentará modificar la Constitución para permanecer en el poder, los expertos son escépticos.

Además de Humala, encabezan las encuestas el expresidente Toledo y la hija del expresidente Fujimori, Keiko. Esta última, en interpuesta persona, parece estar aprovechando el aumento de la criminalidad y el narcotráfico para recordar la importancia de las medidas de seguridad que derrotaron al grupo guerrillero Sendero Luminoso, pero que —este detalle lo parece hábilmente obviar Keiko— llevaron a que su padre esté pagando hoy una larga condena por violaciones a los derechos humanos. Toledo, por su parte, ha capitalizado el buen momento de la economía para impulsar su propuesta de centro, pero tiene la desventaja de compartir el proyecto de continuidad con los otros dos contrincantes: Pedro Pablo Kuczynski, varias veces ministro, y el exalcalde de Lima Luis Castañeda. Aunque Toledo tiene la ventaja de su antigua administración, los escándalos sobre su alcoholismo y drogadicción lo han dejado mal parado frente a la opinión pública.

Pese a que la volatilidad del voto peruano quedó clara tras la primera victoria de Fujimori, quien ganó por sorprendente mayoría después de casi ni llegar el 5% de la intención de voto, es razonable pensar que Humala encabezará la primera vuelta. No obstante, se verá seguramente obligado a pasar a una segunda ronda y lo interesante será, entonces, ver quién quede de segundo, pues depende de éste organizar a la oposición para que vote en contra de Humala. Estrategia que requerirá de unas alianzas políticas difíciles, pues todos los candidatos de centro —Toledo, Kuczynski y Castañeda— han sido férreos opositores de Alberto Fujimori y, por tanto, de su hija. Sin embargo, en política todo parece valerse y estas contradictorias alianzas son de esperarse. Como también es de esperarse que el centro, por culpa propia, se termine desvaneciendo.

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