Engativá, bajo la amenaza de aguas residuales

Aunque la emergencia invernal fue declarada a partir de los riesgos sanitarios que viven más de tres mil afectados por el inundamiento con aguas negras en la localidad de Fontibón, en Engativá el panorama no es muy distinto.

Los habitantes del barrio la Torquigua, de Engativá, solían elevar cometa y comprar leche en las fincas aledañas Hacienda Marantá y La Junta. También jugaban futbol en el Parque La Florida y los niños iban a estudiar al Colegio la Torquigua. Pero ahora estos terrenos están bajo el agua del desbordado río Bogotá y sólo queda un inmenso y putrefacto lago. Además, el sistema de alcantarillado colapsó, las aguas negras salieron de las alcantarillas e inundaron viviendas y calles. Más de 800 familias de diez barrios de la localidad han tenido que arreglárselas para sacar las pestíferas aguas que invadieron sus hogares. Otras se han ido.

Aleida Herrera, habitante de La Torquigua, se fue de la vivienda donde vivió 14 años junto con su esposo y seis hijos, ubicada justo al lado de lo que ahora los habitantes llaman “El Lago” (que eran las fincas Hacienda Marantá y La Junta), pues las aguas provenientes de las alcantarillas rebosadas la inundan desde hace quince días. Las barreras de concreto que la Empresa de Acueducto levantó desde el jueves santo han contenido “El Lago”, pero con cada aguacero sube su nivel y amenaza con venirse hacia las viviendas. Aleida asegura que si sigue lloviendo (y el pronóstico del Ideam indica que seguirá lloviendo hasta junio), “las barreras van a quedar bajo el agua y nosotros también”. Por eso se fue, arrendó una casa vecina que no está inundada por dentro pero en frente tiene un fétido charco de aguas residuales.

Hugo Giraldo, vecino de Aleida, también evacuó su hogar luego de que hace quince días la alcantarilla que está en frente se rebosara y un pequeño pero continuo arroyo se colara por debajo de la puerta. “Yo llamé al Acueducto cuando empezaron a salir pequeños chorros de agua. Me dijeron que tenían que traer una cámara para meterla por entre el tubo y mirar cuál era la falla, pero hasta el momento nadie ha aparecido y lo que hay es una quebrada que sale de la alcantarilla”. 

Aunque el Acueducto utiliza siete motobombas y la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) otras dos para drenar el agua que inundó las fincas y que, por un lado, amenaza las viviendas del barrio la Torquigua y, por el otro, la pista norte del aeropuerto El Dorado, los habitantes aseguran que el trabajo es inútil, pues el agua la echan al río que está desbordado y por tanto se devuelve. El coordinador del Comité Local de Emergencias (CLE), Javier Córdoba, lo confirma: “Dado que los barrios afectados se encuentran por debajo del nivel del río Bogotá y del Humedal Jaboque, lo único que se puede hacer mediante el bombeo es recircular el agua. No hay para donde más evacuarla”.

El panorama no es muy distinto en el barrio Marandú de la misma localidad, excepto porque no son las aguas del río Bogotá las que amenazan con desbordarse sino las del Humedal Jaboque. De las alcantarillas brotan aguas negras y los habitantes utilizan materiales proveídos por la Administración Local para improvisar canales y barreras que protegen provisionalmente sus hogares.

Lo mismo ocurre en San José Obrero, Porvenir y otros siete barrios de la localidad. De las 800 familias cuyas viviendas presentan encharcamientos de aguas negras, sólo 16 han recibido orden de evacuación y otras se han ido por su cuenta, pero todas corren el riesgo de contagiarse de enfermedades gastrointestinales, epidérmicas e infecciones respiratorias agudas. El hospital de Engativá abrió tres puntos de vacunación en lugares estratégicos de la localidad.

El Acueducto, Ejército, Policía y Defensa Civil trabajan para reforzar los jarillones que han presentado rupturas en siete puntos críticos del río Bogotá que colindan con la localidad. Pero el invierno sigue y el Gobernador de Cundinamarca advirtió que en las próximas horas es posible que aumente el nivel del río por las fuertes lluvias presentadas en la parte alta del afluente.

Mientras tanto, los habitantes de Engativá luchan contra las aguas residuales, esperan por los subsidios de vivienda que entregarán las Cajas de Compensación Familiar (por un valor de 22 salarios mínimos legales mensuales) y confían en que las autoridades y entidades distritales controlen el río para evitar una tragedia mayor.
 

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