Entre el debido proceso y la evasión a la justicia

ANTE RECIENTES DECISIONES JUDIciales sobre escándalos de la era Uribe y de cara al dilema de establecer si deben ir a la cárcel los sindicados porque supuestamente representan peligro para la sociedad, este diario ha advertido la necesidad de que, antes de ceder a presiones políticas o mediáticas, se examine en cada caso si se requiere privación de la libertad.

En tal sentido, la postura del magistrado que negó la solicitud de la Fiscalía contra el exsecretario general de la Presidencia Bernardo Moreno para que fuera detenido, basada en el deber del funcionario como juez de garantías, debe ser respetada. Eso no quiere decir que la justicia quede impedida para seguir investigando todo lo relacionado con el reprochable episodio de las ‘chuzadas’ del DAS.

Por eso, al tiempo que se debe resaltar la independencia del magistrado y su acatamiento a la presunción de inocencia, se debe exaltar aún más que la justicia empiece a ventilar públicamente la responsabilidad de dos de los presuntos cerebros del escándalo de las ‘chuzadas’ y seguimientos ilegales del DAS a opositores, periodistas y magistrados de la Corte Suprema. Hasta el momento, el país había asistido a la detención de un rosario de exfuncionarios del DAS, la mayoría confesos, pero seguía faltando que personajes de la trascendencia de Bernardo Moreno o María del Pilar Hurtado enfrentaran abiertamente las imputaciones de la justicia. Ese paso se dio el pasado martes y de cara al país dejó la sensación de que no puede haber funcionarios, por poderosos que sean, que estén al margen de responder por sus actos.

En tal sentido, y más allá de la evaluación de su conducta personal, que corresponde a la justicia, la medida adoptada contra la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado y los términos con los que el magistrado aceptó la petición de la Fiscalía para que se le dicte orden de captura internacional, también merecen ser destacados. Por respetable que sea en el derecho la figura del asilo político, la obligación de María del Pilar Hurtado era comparecer ante la Fiscalía General de la Nación y, con el trámite de su asilo en Panamá, claramente lo que hizo fue eludirla. El magistrado Luis Fernando Ramírez fue explícito en insistir en que a pesar de que la concesión del asilo no es asunto de su competencia, la evasión a la justicia por parte de la exfuncionaria fue suficiente argumento para imponer la medida de aseguramiento en su contra.

Es claro que entre agosto de 2007 y octubre de 2008, tiempo en que María del Pilar Hurtado ofició como directora del DAS, fue la época en que arreció la búsqueda ilegal de información contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en un contexto de abierta confrontación entre el gobierno del entonces presidente Uribe y el alto tribunal. Es más, la propia Hurtado admitió que fue citada a la Casa de Nariño por el entonces secretario Bernardo Moreno para que investigara al empresario Ascencio Reyes y sus relaciones con la justicia. En ese momento, ya la UIAF había reportado al DAS análisis sobre transacciones de los magistrados y, particularmente, del caso Paseo, referido a un viaje que hicieron los integrantes de la Corte a Neiva para celebrar la designación de Yesid Ramírez como presidente del alto tribunal.

Estos detalles, sin ahondar en otros como el caso Tasmania, la visita a la casa de Nariño de alias Job o la infiltración de la llamada Mata Hari y sus cómplices en las sesiones reservadas de la Corte, representan demasiados hechos graves como para que la exdirectora del DAS, argumentando falta de garantías, omita comparecer ante la justicia. A Hurtado se le sindica de concierto para delinquir agravado, violación ilícita de comunicaciones, peculado por apropiación, falsedad ideológica en documento público y abuso de funciones públicas. Casi las mismas imputaciones que se le hicieron a Bernardo Moreno, hoy libre por debido proceso y la garantía de que la fiscal Viviane Morales lo acepta y no apela. Al fin y al cabo será la Corte Suprema, el organismo perseguido por el DAS, la que decida la suerte de Moreno y Hurtado.

 

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