"Están armando una trampa muy del estilo de la mano negra"

A pocos meses de concluir su periodo en la gobernación de Santander, Horacio Serpa habla de su paso por la rama ejecutiva regional.

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cómo se sintió siendo gobernador si usted quería ser presidente de la República?

Gobernador Horacio Serpa Uribe.- Al principio, un poco fuera de órbita porque llevaba muchos años concentrado en temas nacionales. Tuve que empezar a sintonizarme con las realidades de mi departamento. Por fortuna, en la campaña hice una propuesta muy realista de gobierno que luego convertimos en plan de desarrollo reconocido como el primero del país. Me dediqué a cumplirlo. He manejado la gobernación con mucha prudencia y respeto para todos y me he preocupado por enviar el mensaje de que los políticos también somos honorables y sabemos administrar.

C.O.T.- Lamentablemente eso no se puede predicar de muchos…

H.S.U.- Bueno, pero yo tenía que dar ejemplo. En materia de contrataciones, por ejemplo, nos inventamos un sistema para adjudicar las licitaciones que garantiza transparencia. Al principio no participaban sino una, dos o máximo tres firmas. Y cuando el nuevo esquema empezó a funcionar y a dar resultados, las propuestas subieron y hoy no hay menos de 20, 30 y hasta 40 solicitudes.

C.O.T.- Por lo menos en su periodo no ha habido ningún escándalo ¿la gobernación “purificó”su imagen?

H.S.U.- Entiendo bien su pregunta y le respondo que sí porque alrededor de uno se forman muchos estereotipos. Me la he pasado 40 años haciendo política y nunca se me hizo una investigación por malos manejos. Terminé envuelto en el proceso 8000 pero fui absuelto. Renuncié a la absolución para que me volvieran a investigar y me dijeron que eso no era válido. Entonces renuncié a la prescripción. Jamás me atribuyeron responsabilidad en ese caso. Pero está claro que de tal situación quedó una imagen averiada. Sin embargo, como son los ejemplos de vida los que sirven para aclarar las cosas, la gobernación fue útil para que la gente supiera cómo es, en realidad, mi conducta.

C.O.T.- ¿Por qué cree que nunca llegó a la Presidencia de la República?

H.S.U.- Es muy difícil saberlo. Me faltó tener al partido Liberal unido. Como hubo una gran polémica por el proceso 8000, esa situación me perjudicó. Pero hay que decir que aún contra el mal ambiente, obtuve 5 millones 700 mil votos ¡Qué paradoja! Soy el liberal que más votos ha obtenido en unas elecciones. Tuve la opinión sobrecargada de aspectos negativos. Esa fue la razón de la derrota en la primera campaña. En mi segunda aspiración me derroto básicamente el paramilitarismo.

C.O.T.- ¿Lo admite abiertamente?

H.S.U.- Pero claro. Si lo denuncié el 9 de abril de 2002. Algún día se dilucidará el verdadero peso del paramilitarismo en esa elección.

C.O.T.- ¿El paramilitarismo le dio el triunfo a Álvaro Uribe?

H.S.U.- No quiero hacer esa polémica ahora pero repito lo que dije en alguna oportunidad: acepto que el doctor Álvaro Uribe no tuvo enredos de ese tipo pero los paramilitares sí tuvieron candidato.

C.O.T.- Sin embargo, usted aceptó ser embajador del gobierno de ese candidato…

H.S.U.- Conozco a Álvaro Uribe y soy su amigo personal. Sobre esa base, y dialogando con los expresidentes del liberalismo y con el partido, pensamos que no había impedimento ético alguno porque no había una acusaciones contra el presidente. Por eso acepté ser su embajador y no me arrepiento. Le agradezco al expresidente y al partido que me dieron esa oportunidad que se acabó cuando se aprobó la reelección.

C.O.T.- ¿usted es de los que piensan que su partido viró mucho hacia la derecha?

H.S.U.- El partido se recargó hacia la derecha, como usted dice pero también el país. Al fin y al cabo, el gobierno de Uribe tuvo éxitos en lo que denominó como la política de seguridad democrática. Y esto produjo efectos globales. Sin embargo, hoy la gente sabe que se puede luchar contra la guerrilla y contra la mafia respetando la Constitución, la democracia y atendiendo las necesidades sociales.

C.O.T.- Buen momento para preguntarle si cree que con el gobierno Santos se ha deteriorado el orden público en el país como lo asegura el ultrauribismo.

H.S.U.- Pues vea usted que en Santander el orden público está mejor que antes. No quiere decir que se haya acabado la delincuencia pero sí se respira un clima tranquilo en toda la región.

C.O.T.- El gobierno de Juan Manuel Santos ha sorprendido a muchos ¿usted ve a Santos como un político típicamente liberal?

H.S.U.- Ideológicamente sí. Por ejemplo, la ley de tierras y de víctimas es del pensamiento liberal. También lo son sus declaraciones sobre la Constitución del 91, el Estado social de Derecho, los criterios sobre la soberanía popular etc. Solo le falta dar un paso más: detener el proceso de recentralización que afecta a las regiones.

C.O.T.- ¿Cómo ha seguido su relación con el expresidente Samper? Se lo pregunto porque se sabe que ha habido muchos altibajos en su amistad.

H.S.U.- Un amor viejo no se olvida, como dicen por ahí (risas). Segundo, mi relación con Samper no es solamente política sino personal. Le tengo respeto y además, la más alta consideración aun cuando no siempre hayamos estado de acuerdo. Y ahora ¡salen con el cuento de que el gobierno del presidente Samper tiene que ver con hechos criminales! Cuando oigo esas historias me aterra que haya quién las crea.

C.O.T.- Me imagino que a usted también lo aterra porque también carga con la cruz del proceso 8000?

H.S.U.- Sí, y me resulta increíble esa fijación en el tema. No importa lo que él proponga o haga, ni lo que yo ejecute o demuestre, siempre terminan preguntándonos por el proceso 8000 o por algún asunto derivado de él. A mí me investigaron las autoridades nacionales y los organismos internacionales ¿Qué más puedo hacer?

C.O.T.- El asesinato de Álvaro Gómez Hurtado va y viene siempre con relación a la época del 8000 y a Samper y Serpa ¿Qué opina?

H.S.U.- Hay un entramado en mitad de esa calumnia que es muy difícil de dilucidar. Uno se pone a leer aquí y allá y a hilar temas y se dice “bueno, aquí están cobrando resentimientos políticos o están tratando de ocultar cosas”. Hay que volver a examinar la versión de que estaba en camino un golpe de Estado.

C.O.T.- ¿Cree que hubo fundamentos para hablar de un golpe?

H.S.U.- Pues, al menos, habría que revisar la versión. En las primeras imputaciones que hizo la Fiscalía en ese momento se mencionaba la posibilidad de que estuviera en preparación un complot en el que aparecían vinculadas personas y entidades pertenecientes a la fuerza pública. Ahora, después de 16 años, aparecen unas declaraciones efectistas dichas a través de un mafioso. No solo es raro; es poco serio.

C.O.T.- Usted parece creer que las primeras investigaciones eran acertadas y las que se quieren impulsar ahora no.

H.S.U.- Si uno mira los periódicos de aquella época, encuentra la versión de que había civiles vinculados con algunos miembros de la fuerza pública que estaban comprometidos en el complot, distinto de lo que llamábamos los “conspiretas” que más bien eran personas críticas del gobierno en los medios. Las del complot sí se relacionaban con un presunto golpe. Esa versión fue acogida entonces por amigos del doctor Gómez, por algunos familiares, por contradictores, por todo el mundo. Incluso hubo detenidos. Por eso digo que esto de hoy no es gratuito. Tiene un fondo tremendo. Por ahí resurgió un término que a los veteranos nos llena de temor: la mano negra…

C.O.T.- Ni más ni menos que de labios del presidente de la República.

H.S.U.- Sí. Es muy delicado lo que se está armando. Esto es mucho más que una calumnia o que una infamia. Hay gato encerrado que sirve para promocionar un libro que está por salir; para producir efectos políticos, para pedir asilos, etc.

C.O.T.- Pero estas nuevas versiones surgen de la familia del hermano del dirigente asesinado ¿Por qué ellos estarían interesados en desviar la investigación, si es eso lo que usted sugiere?

H.S.U.- No sugiero nada. Pero sí me parece que el cambio de versión trata de encubrir algo.

C.O.T.- ¿Encubrir a quién o qué hechos?

H.S.U.- Encubrir personas o tapar acciones. Por ejemplo, recuerdo que en esa época se dijo que la embajada de Estados Unidos sabía lo que había pasado porque allá habían ido los instigadores del complot ¿Por qué la embajada no revela lo que sabe? En cuanto a los familiares del doctor Gómez ¿Por qué no denuncian a los asesinos cuyos nombres dicen conocer? ¿Cómo es posible que si uno sabe quién mató a su familiar, haga bulla en los medios pero no lo revele ante los jueces? Le repito, están armando una trampa muy del estilo de la mano negra.

C.O.T.- No puedo dejar de preguntarle por su coterráneo Alejandro Ordóñez ¿No cree que usted se equivocó apoyándolo?

H.S.U.- Había que elegir necesariamente un procurador conservador porque la terna era conservadora. Cuando el doctor Ordóñez estaba aspirando me buscó, porque yo fui procurador, para preguntarme cómo era el manejo de la entidad. Recuerdo que le dije que el jefe del Ministerio Público le ponía el tono moral al país y le aconsejé que hablara con todos los dirigentes políticos si quería hacerse conocer. Hasta ahí mi intervención. Luego dijeron que yo lo había ayudado a elegir. Falso. Estoy de acuerdo con lo que dijo recientemente en un foro el expresidente Gaviria quien le replicó a propósito de un argumentos suyos en contra del aborto. No obstante, creo que Ordóñez tiene suficiente autoridad jurídica para ejercer su cargo, aunque seamos como el agua y el aceite en materia política.

C.O.T.- Sorprende que una persona tan liberal y tolerante con las ideas ajenas como usted, no le parezca mal que un procurador se oponga a algunos derechos de mujeres, de homosexuales etc.

H.S.U.- Repito: no estoy de acuerdo con muchas actitudes y decisiones del procurador, por ejemplo con respecto a Piedad Córdoba. Sin embargo creo que en otras ocasiones ha demostrado carácter y conocimientos jurídicos.

C.O.T.- A un antecesor suyo en la gobernación, Hugo Aguilar, lo detuvieron por nexos con el paramilitarismo. A propósito, él ya está destituido por la Procuraduría. Él ha dicho que usted lo hizo detener por rivalidades políticas.

H.S.U.- Él me insultó y yo no le responde a ese tipo de expresiones. En cuanto a la afirmación de que lo detuvieron por mí, ése es un insulto pero para la Fiscalía. Imagínese: pretender que manipulo a los investigadores. No soy tan tonto como para prestarme de darle a un asunto netamente judicial, una connotación política.

C.O.T.- ¿Cree usted que el hijo de un detenido por parapolítica, destituido e inhabilitado para ejercer funciones públicas por la misma razón ¿Puede aspirar, éticamente, a dirigir un departamento o una ciudad?

H.S.U.- Yo sé para dónde va su pregunta. Y de una vez me declaro impedido de responderla porque como gobernador tengo la obligación de ofrecerles garantías a todos los candidatos. Hace poco tuve una petición en ese sentido de la persona a la que usted se refiere.

C.O.T.- ¿Quién le solicitó garantías?

H.S.U.- El hijo del coronel Hugo Aguilar que es candidato a la gobernación de Santander. Él le solicitó al presidente de la República y a mí como gobernador, garantías para desarrollar su campaña y a mí me corresponde dárselas porque él puede ejercer todos sus derechos mientras no tenga ninguna inhabilidad establecida por la ley.

C.O.T.- Sin hacer ningún tipo de comparación, debo preguntarle qué opina de que su hijo también aspire a ser elegido, en este caso como concejal de Bogotá ¿No hay algún privilegio en las aspiraciones de los hijos de los dirigentes políticos?

H.S.U.- No solamente no lo he auspiciado a mi hijo sus aspiraciones sino que me ha tocado atajarlo, por ejemplo como cuando hace un año me buscaron con la propuesta de que él se postulara para el Senado. No había ningún impedimento pero yo me opuse rotundamente. Él entendió bien la situación y se dedicó a buscar puesto. Estaba trabajando cuando el partido Liberal le ofreció encabezar la lista al Concejo. No pude decirle otra vez que no aunque me preocupa verlo en esa lid porque no soy tan ingenuo como para pensar que mis contradictores políticos no van a intentar rasgarle las espaldas por su parentesco conmigo.

Paso a la reserva

Cecilia Orozco.- Su periodo como gobernador de Santander termina en diciembre ¿Cuáles son sus planes personales y políticos?

Horacio Serpa.- Regresaré a Bogotá con Rosita. Tengo grandes afectos y agradecimientos con Santander pero en Bogotá tenemos nuestra familia. Queremos reencontramos con nuestros hijos y nietos. En el aspecto profesional, iré a presidir la Sociedad Económica de Amigos del País, que constituye para mí un compromiso muy serio.

C.O.- Un político de la trayectoria suya nunca se retira ¿Qué hará en este campo?

H.S.- No tengo ninguna aspiración electoral, si es a eso a lo que se refiere. He participado en tantas elecciones que creo que ya está bueno. Es mejor retirarme de ese campo con la victoria de Santander (risas).

C.O.- Se dice que usted estaría dando pasos para ser otra vez candidato presidencial ¿Descartada esa posibilidad?

H.S.- Sí. Espero que no renazca esa ambición. Hay muchas otras cosas que uno puede hacer con la experiencia que tiene.

C.O.- Si yo titulara que Serpa pasa a la reserva ¿Estaría siendo exacta?

H.S.- Sí, eso es lo apropiado.

C.O.- Amanecerá…

Los buenos oficios del ministro del Interior

C.O.- ¿A usted también le quitaron la visa de Estados Unidos (durante el proceso 8000)?

H.S.- Nunca. Renuncié a ella en solidaridad con Samper. Le envié una carta al embajador diciéndole que no necesitaba ir a Estados Unidos y que, por tanto, renunciaba a mi visa. Después me di cuenta de que siendo un buen gesto, también había sido una torpeza ¿Sabe cuándo? Cuando fui candidato presidencial. Todos mis competidores fueron a entrevistarse con funcionarios del Departamento de Estado. Faltaba yo. El embajador me llamó y me preguntó “¿Quiere ir a mi país?” Le contesté que sí. Me dijo que me daría un permiso. Le respondí que si iba, lo haría con visa. Me indicó que la pidiera. No acepté porque si me la negaban, quedaba como si me la hubieran quitado.

C.O.- Entonces no obtuvo ¿La tiene ahora?

H.S.- Un día me visitó Germán Vargas Lleras. Ya había pasado la primera elección. Me preguntó cómo era lo de la visa. Le conté. Al cabo de un tiempo, hablando de nuevo con él, me dijo que había estado en la embajada y me pidió que hiciera el trámite. Le contesté lo mismo. Me respondió que no me la iban a negar. Como yo me mostraba incrédulo, me pidió el pasaporte. Se lo di pero le advertí: “bajo su responsabilidad”. Un buen día se apareció con el pasaporte y la visa (risas).

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