Farc regresan al Medio Atrato

Mientras el Ministerio del Interior reconoce que hubo secuestro de 250 personas, Fuerzas Militares dicen que no. Riquezas mineras, una de las causas del interés guerrillero por la zona.

El nombre más mentado por estos días en la región es el de Iván Ríos, el jefe guerrillero muerto hace tres años a manos de un desertor de las Farc, que le cortó una mano para entregarla como prueba a las autoridades. Lo usan ahora miembros de la misma guerrilla para identificar un bloque del frente 34 que tiene en jaque la subregión chocoana del Medio Atrato, en la cual fueron asesinados tres universitarios el domingo y ahora hay más de 250 secuestrados, según reconoció el Ministerio del Interior.

Como es costumbre en la región, la llegada del grupo armado ilegal era un secreto a voces durante las últimas semanas. De un repliegue estratégico en las partes altas de Antioquia y Chocó, la guerrilla pasó a esporádicas incursiones en la cuenca del Atrato, la misma por la que durante años hizo y deshizo hasta que llegaron los paramilitares —en los 90— para disputarles violentamente el señorío y terminar de bañar en sangre a una de las regiones biogeográficas más importantes para el país.

Del asesinato de los universitarios poco se sabe. El tema sólo se mencionó en los medios de comunicación cuando el defensor del Pueblo del municipio del Medio Atrato, Víctor Raúl Mosquera, denunció, el pasado domingo, que los lugareños se negaban a atravesar el río en sus lanchas por orden expresa de la guerrilla. Luego vino la retención de unas 250 personas a las que se les prohibió salir de allí. Hombres, mujeres, ancianos y niños, todos civiles, completaron ayer 48 horas bajo el terror de los guerrilleros, los mismos que andan repartiendo panfletos en los que irónicamente piden a la población no vincularse con las Fuerzas Armadas estatales para no perder su estatus de no combatientes.

Por lo menos tres razones explicarían el regreso de las Farc a la zona. En primer lugar, las autoridades saben que andan promocionando un paro armado que coincidiría con el aniversario 47 de su nacimiento como grupo alzado en armas, el 26 de mayo. En segundo lugar, se habla de una intención por sabotear el proceso electoral que comienza y que el próximo domingo tendrá su primera gran prueba de fuego durante las consultas internas de los partidos políticos para escoger sus candidatos a las votaciones de alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas. Finalmente, autoridades locales denuncian que lo que buscan los violentos es hacerse al control de la minería de la región y apoderarse de los corredores viales a través del Atrato.

Sea cual sea la razón, la Defensoría del Pueblo ya pidió protección para la población civil e instó a las Farc a que permitan la libre movilización en el río Atrato. La Cruz Roja y otros organismos humanitarios también trabajan en la zona intentando aliviar la situación de las comunidades, que históricamente han pregonado su neutralidad en el conflicto. Las Fuerzas Militares establecieron un puesto de mando para estabilizar la situación en la región.

Pese a lo anterior, ayer mismo quedó en evidencia una divergencia de opiniones entre el mininterior, Germán Vargas Lleras, y el comandante general de las FF.MM., almirante Édgar Cely. Mientras Vargas pide no usar eufemismos y hablar de secuestro en el caso de la retención de las 22 personas del Medio Atrato, Cely aseguró que allí “no hay retenes, no hay secuestros”.

Mientras las autoridades en Bogotá discuten sobre cómo denominar la situación, los habitantes de ese olvidado municipio de apenas 11 años de existencia siguen bloqueados, aislados, sin derecho a usar sus botes y temerosos por el desenlace de la situación.

No pierden la esperanza de recibir ayuda y esperan que ésta no llegue tarde, como les ocurrió a varios de sus vecinos de la cuenca del Atrato, entre ellos a los de Vigía del Fuerte y Bojayá.

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