Fernando Quiroz y su "cultura como una medicina"

Es director de la revista 'Bakánica', autor de varias novelas y periodista cultural.

Ya se viene la Feria del Libro y con ella un exitoso autor que repite: Fernando Quiroz. El de las novelas Esto huele mal, Justos por pecadores o Como un bolero. Esta vez presentará su trabajo Tanto Bogotá, que reúne 18 crónicas acerca de la ciudad. Sobre sus días en el periodismo y la literatura, y la creación que lo desvela por estos días, la revista Bakánica, estas son sus reflexiones:


¿Cómo nació ‘Bakánica’ y qué dicen los lectores?


Nació con la idea de demostrar que la cultura es saludable. Los lectores la piden como medicina.


¿Cuál es el secreto de una publicación universitaria ahora con formato comercial?


Los universitarios son los lectores más inteligentes y hay que tentarlos con una zanahoria diferente en cada número. Es comercial, porque logró posicionarse, con 20 mil ejemplares quincenales, en un segmento que define sus hábitos de consumo. Muchas decisiones del momento permanecerán para siempre.


¿Cuánto tiempo le gastan al diseño de cada edición?


Hay ediciones que duramos varios meses soñando, antes de aterrizarlas en una idea.


¿Es una revista pensada para las nuevas generaciones?


Sí. Está pensada para un público que tiene miles de opciones con sólo hacer clic.


¿Es una fusión entre impreso tradicional y medio digital?


Los impresos suelen realizar un rediseño cada dos o tres años. Nosotros, que competimos con los medios digitales, lo hacemos cada 15 días.


¿Qué temas proponen los jóvenes que lo acompañan?


Practicamos la vieja fórmula de la creación colectiva, con mucho qué decir y un enorme poder de veto. A veces no saben bien lo que quieren, pero están seguros de lo que no quieren.


¿Cómo se inició en el periodismo?


Escribiendo lo que a los demás les daba pereza escribir en Semana de finales de los 80.


¿Es difícil hacer periodismo cultural guardando distancia de artistas, libreros y demás?


Hay que acercarse a ellos, pero casi siempre con capote.


¿Cuál es su consejo para los nuevos periodistas culturales?


Leer, leer y leer. Y aplicar en escritura lo que enseña Picasso con el arte: antes de deformar la realidad hay que aprender a pintarla casi con perfección.


¿Cuándo sintió que debía dar el paso a la literatura?


Cuando logré ponerle punto final a una novela. Aunque aquella primera novela también terminó en el cesto de la basura.


¿Cuál es su escritor favorito y su novela preferida?


Mi novela favorita es Rayuela, de Cortázar, pero tengo especial devoción por Álvaro Mutis. Su poesía siempre me conmueve y tiene la gracia de haberla llevado con maestría a la prosa.


¿Qué fue lo que más le gustó en la adaptación al cine de su obra ‘Esto huele mal’?


El tono de tragicomedia.


¿Cómo quedaron sus relaciones con el Opus Dei después de ‘Justos por pecadores’?


Estaban total y afortunadamente rotas desde que escapé de sus cuarteles a los 17 años.


A propósito de ‘Como un bolero’, ¿cuál es el que le llega?


‘Tuya más que tuya’, que me dedica Adriana con frecuencia y con el cual abrimos el baile el día del matrimonio.


¿Cuál es el mejor intérprete de bolero?


Me gustan los boleros de Agustín Lara en su voz profunda y acongojada.


¿Qué historia le gustaría contar de Argentina, uno de sus destinos?


La de una hincha octogenaria de Vélez que iba al estadio cargada de fetiches y los iba moviendo en la tribuna como se fuera dando el partido.


¿Y cuál es su tango favorito?


Uno, de Enrique Santos Discépolo, el mismo que dijo que “el tango es un sentimiento triste que se baila”. Yo apenas lo canto.


¿Le queda tiempo para el fútbol?


Siempre queda tiempo para sufrir por Santa Fe. El plan del estadio me gusta mucho.


¿Qué temas lo seducen para seguir escribiendo?


Todos aquellos de los que tengo más preguntas que respuestas. La muerte, por ejemplo.


Y su gastronomía, ¿cómo la compara con la cocción de un libro?


En ambos casos sé hacia dónde voy, pero voy armando la receta por el camino.


¿Cuál es su plato preferido?


Las lentejas con txistorra que los amigos me reclaman con frecuencia.