Fiesta gay en Nueva York

Con la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, cientos de parejas continúan celebrando en 'La Gran Manzana'.

Con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, Joseph Scallo, de 78 años, le da un apasionado beso a Charlie, el hombre con quien ha compartido los últimos 54 años de su vida. La razón, nada menos que la histórica decisión de la legislatura estatal que aprobó por una estrecha votación de 33 a 29 el matrimonio entre personas del mismo sexo en el estado de Nueva York.

“Estuvimos toda la noche pegados al televisor viendo con júbilo cómo después de tantos años las palabras “justicia” y “equidad” cobraban significado para nosotros. Siempre sentí que iba a dejar este mundo sin ver este día”, asegura este neoyorquino de nacimiento. Y es que para Joseph, un arquitecto hoy en retiro, y para su pareja las cosas no han sido nada fáciles. Con 84 años, Charlie sufre de Alzheimer y de serios problemas renales que inevitablemente mantienen el olor a muerte rondando por el apartamento que comparten en Chelsea, distrito gay de la ciudad. “El pensar que si yo moría él no tendría derecho a heredar nada mío, que quedaría sin nada, ni siquiera mi pensión, era algo que me mortificaba a diario”.

La ley que entrará en vigencia el próximo 24 de julio en todo el estado, donde según el censo existen más de 50.000 parejas del mismo sexo, reconocerá además del derecho al matrimonio la posibilidad de heredar los bienes y la pensión del cónyuge del mismo sexo, así como la posibilidad de pagar impuestos como familia y no como personas independientes.

Con la misma alegría y en medio de la colorida procesión que reunió a más de un millón de personas que salieron a celebrar este domingo en el Gay Parade, estaba Karen Chiminto, de 52 años, quien con una pancarta gigante daba prueba de su amor por Pam, su compañera de más de 23 años y con quien adoptó un niño huérfano hace más de diez. “Al ser nuestro caso una excepción, pues vivimos en el condado de Tompkins, Nueva York, uno de los únicos en el país que permite la adopción, tenemos la responsabilidad de estar aquí y demostrarle a todo el país que la crianza y la familia no tiene fronteras sexuales”, asegura la terapeuta social que trabaja como consejera de jóvenes de la comunidad LGBT en la Universidad de Ithaca, a 250 millas al noreste de Nueva York.

Más de una década de lucha y controversia política terminó el pasado viernes gracias a una campaña liderada por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, y el alcalde Michael Bloomberg. Dos años después de la derrota de 2009, cuando la medida fue rechazada por el Senado estatal de entonces mayoría demócrata, Cuomo y su equipo lograron aglutinar a toda la comunidad LGBT en una sola coalición que, reuniendo más de US$3 millones, consiguió persuadir la dura resistencia del Partido Republicano.

Más de 600.000 firmas y postales electrónicas de constituyentes a favor de la medida fueron entregadas por correo y personalmente a los cuatro senadores republicanos, quienes tenían su voto indeciso, al igual que se hizo con los diferentes líderes religiosos en toda Nueva York para amainar su reticencia a la medida.

“Esta ha sido la campaña política más versátil y efectiva de los últimos tiempos en todo el país”, asegura John Nichols, analista político de la revista The Nation y añade: “Esta  victoria es histórica para la cúpula del Partido Demócrata pues le servirá como plataforma para sacar pecho durante la campaña presidencial del próximo año”.

Por ahora la comunidad LGBT no para de celebrar en Nueva York, mientras que los empresarios se preparan para un flujo de más de U$210 millones que traerá a la ciudad la implementación de la medida tan sólo a los sectores de hotelería y servicios matrimoniales.

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