Filme 'L'Apollonide' revela los dolorosos secretos del burdel

Cuenta la historia de "la mujer que siempre ríe", herida por un cliente que le dejó dos cicatrices en las mejillas que prolongan sus labios.

El realizador francés Bertrand Bonello recreó en su película "L'Apollonide", en concurso por la Palma de Oro del Festival de Cannes, una casa de tolerancia parisiense de fines del siglo XIX, con mucha desnudez, opio y sobre todo las trágicas sonrisas de las prostitutas.

"¿Volver a las casas de cita o permitir que las prostitutas trabajen en las calles? Tengo evidentemente un punto de vista personal sobre ese problema, pero mi película no pretende entrar en ese debate", declaró Bonello en referencia a la recurrente discusión en Francia sobre la regulación o la represión de la prostitución.

"Apollonide" abre al espectador las puertas de esa mítica casona cerrada, "teatro de todos los fantasmas", donde viven una docena de prostitutas, entre ellas "la mujer que siempre ríe", herida por un cliente perverso que le dejó dos terribles cicatrices en las mejillas que prolongan sus labios.

Bonello dijo que cuando estaba escribiendo el guión surgió en su memoria el recuerdo de la novela de Victor Hugo, "El hombre que ríe", un hombre mutilado, con una máscara de alegría que representa la humanidad deformada, maltratada, negada.

"Amo a las putas", se oye repetir a uno de los clientes del burdel en esta película que lleva al espectador, en un viaje imaginario, a ese decadente mundo de los burdeles pintado entre otros por Toulouse-Lautrec y del que hablan muchos cuentos de Guy de Maupassant.

"En general los pintores y escritores de esa época van a los burdeles y dan el punto de vista masculino sobre las prostitutas, pero a mí lo que me interesaba era la mirada de las mujeres sobre los hombres que las frecuentaban. Quise mostrar la decadencia, el ineluctable fin de ese mundo", dijo el realizador.

La película oscila entre el documento y la ficción, entre la crónica y lo novelesco, entre la reconstrucción estética de ese mundo decadente y su crítica implícita, entre el mundo cerrado, como una cárcel, y el lugar de placer de los burgueses.

El realizador dijo haberse inspirado en la pintura y en la literatura francesa del siglo XIX, así como en archivos policiales y documentos "científicos", en especial un estudio sobre la supuesta reducida capacidad cerebral de las prostitutas y criminales.

Bonello, quien es además músico y compositor, tiene en Francia una reputación sulfurosa por sus películas precedentes, entre ellas "El pornógrafo", con Jean-Pierre Leaud, y "Tiresias", un transexual brasileño que reinterpreta el mito del adivino griego ciego que fue sucesivamente hombre y mujer.

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