'Fujimori y Humala amenazan la democracia'

El profesor de Harvard asegura que “la democracia peruana no tiene anticuerpos”.

A sólo cinco días de la segunda vuelta presidencial en Perú, nada está claro. A pesar de que los diferentes sondeos publicados muestran a Keiko Fujimori como  vencedora, el exiguo 3% que tiene de ventaja sobre Ollanta Humala no es un margen definitivo. Una muestra más de lo reñida, polarizada e impredecible que ha sido esta campaña que tiene dividida a la sociedad peruana.

Con la intención de analizar el proceso electoral peruano, El Espectador habló con el politólogo experto en América Latina Steven Levitsky, de la Universidad de Harvard, quien, luego de pasar un año en Perú estudiando la democracia de ese país, estuvo en  Colombia, donde fue invitado por la Universidad Sergio Arboleda para dictar un seminario sobre democracia y partidos políticos en Latinoamérica.

¿Cómo analiza la carrera presidencial en Perú?

Primero se ven los efectos de no tener partidos políticos. Cuando no hay colectividades, hay una fragmentación del voto y una volatilidad tremenda. Así mismo, el nivel de los candidatos no es muy alto porque son novatos.

¿Cómo explica que los dos candidatos más radicales son los que disputen la segunda vuelta?

En Perú, más del 50% del electorado está concentrado en Lima y la costa. Ellos quieren mantener el status quo y alguna versión del modelo económico existente, pero hubo tres candidatos (Alejandro Toledo, Luis Castañeda y Pedro Pablo Kuczynski) que representaban esa posición; si existiera un partido del establishment, los tres estarían dentro y habrían tenido que luchar por ganar una consulta interna y el vencedor habría pasado a la segunda vuelta. Pero los tres dividieron el voto y quedaron fuera.

En un principio el Nóbel de Literatura Mario Vargas Llosa aseguró que los peruanos tendrían que elegir entre un cáncer terminal y un sida.

Estoy básicamente de acuerdo. Los dos representan una amenaza seria para la democracia, ya que podrían matar las instituciones o por lo menos debilitarlas. El problema es que Perú tiene una democracia muy débil. Allá no hay independencia del poder judicial y legislativo, las fuerzas armadas tienen injerencia en la política, no hay libertades básicas como la de prensa y todas las instituciones son fáciles de violar. La democracia peruana no tiene anticuerpos.

¿Cómo ve el escenario con los dos candidatos?

Yo creo que con Humala, si él cree en verdad las cosas que decía hace cinco años, podría hacer retroceder al país. Pero por otro lado, si los fujimoristas regresan al poder, la criminalidad podría volver a surgir. Esos tipos se volvieron expertos en manipular y violar la ley. Es una mafia que no ha hecho una autocrítica seria.

¿A qué se debe que el fujimorismo siga teniendo tanto apoyo?

Esto se debe sobre todo a que su padre hizo dos milagros en 1992. Terminó con la hiperinflación y con Sendero Luminoso, dos cosas que golpearon sobre todo a estos sectores. Además, Alberto Fujimori era un buen político, era populista y en cierto sentido se parecía a Uribe, ya que visitaba cada pueblo, cada barrio marginal. En política eso pesa.

Ollanta Humala ha tenido un cambio en los últimos días. ¿Cómo ve esa transformación?

Hay dos posiciones extremas que están equivocadas. La primera es la que piensa que él es Lula y la segunda la que cree que es un lobo vestido de oveja. Es mucho más complicado que eso. Hace seis meses las encuestas reflejaban que el 62% de los peruanos no votarían por él bajo ninguna circunstancia. En un sistema de dos vueltas no se puede ganar teniendo esa imagen, tenían que moderarla. Ese giro muestra que él reconoce los errores de 2005 y ha sabido identificar las nuevas circunstancias.

¿Cómo explica que en muchas campañas electorales de la región los partidos de derecha usen a Chávez como un fantasma para dañar la imagen de los candidatos de izquierda?

Es una táctica fácil para espantar a la clase media que no siempre funciona. En 2006 le funcionó a Alan García, en parte porque el propio Chávez se metió en la campaña y los peruanos no querían el modelo venezolano. Por otro lado, en el Salvador no funcionó, tampoco en Brasil ni en Argentina.

¿Los resultados de la primera vuelta fueron una muestra del inconformismo de las clases menos favorecidas por el modelo actual?

Así es, el interior le dio una cachetada tremenda al establishment limeño. Me sorprendió que 55% de la población, sobre todo en el interior del país, votó por un cambio en serio, algunos votando en cierto sentido por el pasado y otros por un cambio dramático. Los que vivimos en Lima y vemos la tasa de crecimiento más importante de la región, nos parece que todo está bien. Pero 80% de la población dice no estar satisfecha.

¿Esto quiere decir que la derecha peruana no supo manejar la bonanza?

García pudo haberlo hecho. Mucha gente pensaba que iba a gobernar como Lula da Silva,  manteniendo el modelo pero invirtiendo seriamente en programas sociales, y no lo hizo.  Salió electo con el voto de la costa y Lima, ya que estaban atemorizados de la idea de que Humala subiera al poder, y decidió gobernar para ellos.