Gerard Piqué: "La suerte se trabaja"

El español habla de su vida y de un presente lleno de éxito. El equipo catalán sellará este martes su paso a la final de la Liga de Campeones frente al Real, al que venció 2-0 en Madrid.

Gerard Piqué nació en Barcelona hace 24 años. Era tan niño cuando pisó el Camp Nou por vez primera, que ni se acuerda. A los tres jugaba al fútbol en el supermercado con las naranjas que cogía de los estantes, a los seis entró en el Torneo Social del Barça y a los 16 se fue al Manchester United. De vuelta a casa se empeñó en ganar títulos y los ganó todos, incluido el Mundial de Sudáfrica 2010, en el que Franz Beckenbauer lo calificó de mejor central del mundo. Precisamente, durante la grabación del vídeo de la canción oficial del torneo conoció a su actual pareja, la cantante colombiana Shakira. El martes se jugará ante el Real la opción de clasificar a la final de la Champions, un opción que está muy cerca, luego de ganar en Madrid 2-0.

¿De pequeño qué quería ser?

Quería jugar al fútbol. Ser feliz con mi familia y jugar en el Barça. Me gustaban Figo y Guardiola porque eran muy buenos, pero yo era central, así que tampoco tuve un referente claro. El Camp Nou forma parte del paisaje de mi infancia. A los seis o siete años entré en el Torneo Social tras pasar la prueba como delantero: metí dos goles y ganamos 3-1. De alevín, me pusieron de central. Toda la época en Barcelona fue estudiar, jugar al fútbol y pasarlo bien. No esperaba más. No soñaba con llegar al primer equipo. Me gustaba lo que hacía, lo pasaba bien.

¿Nunca se dijo ‘algún día jugaré en el Barça’?

No. Era como una autodefensa. Veía gente que se quedaba, que no subía, y no quería provocarme un sentimiento de fracaso y frustración. “Para qué me voy a poner a pensar en el primer equipo si me llevaré una hostia como un piano”, pensaba para mí.

¿Es un privilegiado o sólo lo parece?

Yo he tenido ciertas oportunidades en la vida que no todo el mundo tiene, es evidente. Pero, sobre todo, he vivido en una familia muy unida, rodeado de amor. Yo tenía la sensación de que todos tienen la misma familia, hasta que a los 13 o los 14 años empecé a ver que la gente tiene problemas, que no todos tus amigos tienen tu misma suerte, que algunos padres se separan. Fue un golpe emocional ver que pasaban esas cosas. Me hizo ver la suerte que tengo. Mi madre, que es una mujer encantadora, superinteligente, siempre se preocupó de que fuera buena persona, de mis estudios. Era una obsesión. Y, ya ve, es una mujer afortunada: tiene un hijo extraordinario.

¿Le gusta ser futbolista por lo que pasa en el campo o por lo que le genera afuera?

Me gusta ser futbolista para jugar partidos y ganar títulos. Pero el recuerdo que te queda cuando lo dejas es más de lo que has vivido con los compañeros que de lo futbolístico. Los títulos, el dinero ganado... Sí, vale, pero al final te queda la gente que conociste.

¿Sabe que transmite una imagen de frívolo?

Bueno, siempre me ha gustado dar la nota, eso es verdad. Pero soy muy perfeccionista, pienso mucho. No se crea que siempre me ha ido bien. Otra cosa es que lo revierta, pero he sufrido. Irme a Inglaterra con 17 años, acostumbrado a ser siempre titular, a jugar en un equipo fantástico, a estar en casita, fue un esfuerzo terrible y, a ratos, pensé: “¡A tomar por culo! ¡No vale la pena!”. Pero mi carrera no habría sido la misma sin ir al Manchester. Aprendí muchas cosas en los entrenamientos. Allí no basta con ser alto y tocar bien la pelota. Debes saber utilizar el cuerpo, defender sin balón. Y también aprendí a vivir solo los momentos tristes. Llamaba mi madre y yo le decía que todo iba bien, pero estaba aguantándome las lágrimas.

Usted conoce a Messi desde el primer día...

Sí, lo recuerdo perfectamente. Pensábamos que era mudo. Es supernormal. Igual que en el campo. Hace lo más difícil y parece muy fácil. En el vestuario es igual. Parece imposible que sea tan natural y, al tiempo, tenga las mismas ganas de ser el mejor y de que el equipo gane desde cuando tenía 15 años. Es un crack.

¿Le exige mucho Guardiola?

Al principio estaba encima. Era lógico, acababa de llegar, pero se ha dado cuenta de que soy extremadamente profesional, que sé separar cuándo toca divertirse y cuándo trabajar. Está muy contento conmigo y eso me hace feliz. He demostrado que soy un futbolista muy centrado. En serio, siempre he sido muy profesional, pero me gusta reírme, compartir con el vestuario, salir con los amigos, pero hasta cierto punto. Soy muy cuidadoso y responsable, pero es cierto que siempre me ha gustado destacarme y ser diferente.

¿Comprende por qué el fútbol genera tanta pasión?

No, pero, si no estuviera en el campo, estaría en la grada. El fútbol crea dependencia. Es pura adrenalina. Pero el último punto en una final de Wimbledon de cinco horas también me vuelve loco; es una emoción ver a Jordan en el último segundo, aunque lo haya visto 100 veces...

¿Ve partidos de Jordan?

Sí, claro. Y finales de Nadal, de Pau Gasol... Y me emociono.

¿Y las que ha jugado con el Barça?

No. Más adelante. He visto imágenes, claro. Pero el 2-6 (al Madrid) no lo he vuelto a ver, por ejemplo.

¿Y que recuerda?

Detalles... Era la primera vez que jugaba en el Bernabéu. Había jugado con el Zaragoza, pero con el Barça es especial. Era el primero. Íbamos con cuatro puntos de ventaja y en el ambiente flotaba que no pasaría nada si perdíamos. Pep nos pilló por banda y nos dijo: “Como perdamos, perdemos la Liga”. Nos fuimos por ellos. Desde el 2-4, fue un disfrute espectacular. Sólo me faltó meter el sexto. Si quiere que le diga la verdad, no me acuerdo de nada. De nada. ¡Tanta adrenalina!

¿Siente que ha nacido para jugar esos partidos?

No. Volvemos a lo de antes. He tenido la suerte de nacer con unas cualidades y de tener oportunidades. Pero, más allá de eso, como dice Xavi, hasta la suerte se trabaja. Si te esfuerzas, trabajas, crees en lo que haces y tienes un poco de suerte, tal vez lo consigas. Esa es mi filosofía. He tenido la suerte de tener talento, pero lo he trabajado. Y mucho. Eso es un poco lo que le pasa a este equipo. Hemos corrido y peleado mucho para estar donde estamos: líderes, subcampeones de Copa y listos para la Champions. Tenemos mucho talento y mucho trabajo.

Pero perdieron la Copa del Rey...

Perder la final de Copa fue duro, porque sabes que hay gente que está muy triste. Es parte del juego, hay que aceptarlo. Tenemos mucho por lo que seguir luchando para bajar los brazos y lamentarnos. Cuando te toca, te toca. Este equipo se ha ganado el derecho a perder, siempre que sea con la actitud y defendiendo un estilo.

¿Cree que esa final marca un cambio de ciclo?

¡Qué va! Hemos perdido la Copa, tenemos la Liga muy cerca y el reto de ganar la Champions. Básicamente, lo que marca los ciclos son las Ligas.

¿Está harto de verse con el Madrid?

De competir no te cansas. Se da la circunstancia de que los partidos decisivos de este curso han sido contra ellos. Estamos haciendo historia. No pasa siempre.

Se les ve muy enfadados. ¿Hay pique?

No. Cada uno defiende lo suyo. Tengo la conciencia tranquila. No he pisado a nadie, he sido tremendamente respetuoso con mis compañeros dentro del campo.

¿Hasta qué punto es complicado ser central del Barça?

No sé. Es muy sacrificado, eso sí. Tienes muy pocas ayudas. Pero en un equipo en el que la cultura es tocar y tocar, tú puedes arriesgarte, disfrutas más de la pelota. Tiene sus cosas. Yo estoy muy acostumbrado. Llevo jugando así desde los 10 años. Hasta los 16 jugaba con una defensa de tres: yo en el medio y dos a los lados. A mí lo que más me cuesta en el Barça es meterme en el partido, porque hay muchos, y muy seguidos, y no podemos perder nunca, ni contra el Madrid ni contra nadie.

¿Es cierto que ha dicho que a los 30 deja el fútbol?

¡Es que estoy muy cascado!

¿Se imagina de entrenador?

¡Nooo! Yo lo que quiero ser un día es presidente del Barça... En esa faceta sí me veo. De entrenador, me puedo imaginar a Xavi, Iniesta, Busquets, Puyol...

¿Qué ritual sigue antes de jugar en el Bernabéu?

Más o menos, como siempre. Llega Alves, pone música, me voy a la camilla, me vendo los tobillos... Desde los 17 años, cuando tuve un esguince de tercer grado con el United, siempre lo hago. Luego, me pongo los cascos con mi música porque la de Alves, sinceramente, es insoportable...

¿Jugar contra Cristiano Ronaldo exige algo especial?

No, sólo que es muy bueno. Parado no es tan peligroso, pero si te engancha en velocidad, es imparable. Puedes tener suerte en una jugada, pero, sin coberturas, a la larga estás muerto.

Si jugara en el Madrid...

Yo no soy jugador del Madrid. Y no creo que lo sea nunca.

Iré al grano, ¿cuál es su relación con los madridistas con los que juega en la selección?

¿Lo dice por lo que pasó con Ramos en Barcelona? Está olvidado. Un momento en caliente. Se puede entender su reacción. Estás a 180 pulsaciones, has perdido 5-0 y eso duele. No pasa nada.

¿Y en la final de Copa?

¿Qué pasó en la final? Ganaron y deben de estar contentos y orgullosos. Les felicité de corazón.

“Shakira es muy inteligente”

¿Le molestan a su novia los insultos contra usted?

No es agradable. Por ella, básicamente. Hay veces que me insultan y, si el insulto es ingenioso, hasta me hace gracia. Ella es una mujer inteligente. Sufría por mí, pero no tiene más importancia. Si la tuvieran delante, le pedirían un autógrafo.

¿Y qué música escucha?

De Shakira.

¡No se lo cree nadie!

¡Que sí! Bueno, también a The Killers, The James, Happy Mondays, Manchester Sound.

Usted dijo que no hay mejor estado de ánimo que el de vivir enamorado.

Lo sigo pensando.

“No me imagino al Barça sin Puyol”

¿Se imagina al Barça sin Puyol?

No, no me lo imagino, pero sucederá. Este año le he echado mucho en falta. Me acuerdo que el día que volvió, en Bilbao, creo... En pleno partido, le dije: “Puyi, et trobava tant a faltar (te echaba tanto de menos)”. Me dijo que me dejara de hostias, que me centrara. ¡No para! ¿No le conté el día que me dio la bulla con el partido parado? ¿No? Estaban atendiendo a alguien, la camilla en el campo, ganábamos 4-0, quedaban tres minutos y él pegándome gritos: “¡Gerard!”. “¿Qué? Si está el partido parado...”. “Da igual. ¡Atento, que te conozco!”. Es que me moría de risa.

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