Guantánamo, un abuso

Los documentos dejan en evidencia un sistema plagado de errores y decisiones fallidas. Hoy el centro de detención es un grave problema para el presidente Obama.

Una de las primeras cosas que prometió el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tras llegar a la Casa Blanca en 2009 fue cerrar la prisión de Guantánamo. Decidido a corregir los errores de su predecesor, George W. Bush —creador de la prisión tras los atentados del 11 de septiembre—, Obama organizó un grupo de trabajo para revisar los antecedentes de los presos y cerrar el polémico centro de reclusión.

Entonces ya había evidencias de abusos, torturas y otros horrores cometidos en la prisión, convertida en un limbo judicial administrado por los militares y en el que aún permanecen 170 personas. Pero el gobierno de Obama dio marcha atrás y se vio superado por una larga lista de obstáculos legales que hoy no ha podido superar.

Los documentos revelados por Wikileaks confirman las atrocidades de Guantánamo: inocentes encerrados sin razón, militantes de Al Qaeda liberados para cometer nuevas atrocidades, enfermos mentales privados de su libertad sin ningún cargo, muchos encerrados más de nueve años en un sistema carcelario basado en sospechas y conjeturas.

“Estos documentos son notables porque muestran cuán cuestionable ha sido la fundamentación del gobierno para detener a cientos de personas, en algunos casos indefinidamente, en Guantánamo”, explicó en un comunicado la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU). “Las evaluaciones unilaterales, que fueron  las que pidió Obama, están plagadas de pruebas no confirmadas”, agrega.

Los datos hechos públicos por Wikileaks dibujan el comportamiento diario de los detenidos en la base naval estadounidense en la isla de Cuba. Vengativos, depresivos o cooperativos eran las clasificaciones que hacían los funcionarios del Pentágono. “Este detenido participa activamente en las huelgas de hambre en 2005 y 2006”, afirma en marzo de 2006 el Pentágono en referencia a Yasser Al Zahrani, un saudí de 22 años que murió dos meses después en circunstancias aún no aclaradas, pero presentadas por el Ejército como un suicidio.

Las descripciones, sin embargo, no revelan las torturas a las que fueron sometidos los reclusos. Sin embargo, en artículo publicado ayer por la revista Public Library of Science (PLoS), varios médicos del Pentágono que trataron a los supuestos terroristas recluidos en Guantánamo no preguntaron ni documentaron las causas de las lesiones físicas y daños psicológicos que sufrieron los prisioneros.

“La inspección de los registros médicos, fichas de casos y declaraciones legales proporciona pruebas concluyentes de que el personal médico que trató a los detenidos en Bahía de Guantánamo no averiguó ni documentó las causas de las lesiones que observaron en los detenidos”, sostiene el artículo. En cada uno de los casos, los detenidos informaron de los métodos abusivos de interrogatorio a los que fueron sometidos y que “se ajustan a la definición de tortura contenida en la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura”.

“Es vergonzoso que el país que se proclama adalid de los derechos humanos y que certifica al resto del mundo mantenga Guantánamo, una prisión en donde se violan todos los derechos humanos. Este es uno de los grandes fracasos de Obama”, aseguró el analista estadounidense Daniel Seronal, de la Universidad de Miami.

Según algunos de los documentos filtrados por Wikileaks y revelados por  The New York Times, entre otros medios, un pequeño grupo cercano al cerebro de los atentados del 11-S, Jalid Sheij Mohammed, planeaba atacar con aviones la costa oeste de Estados Unidos, hacer volar un apartamento con una fuga de gas, detonar estaciones de gasolina, e incluso cortar los cables que sostienen el puente de Brooklyn en Nueva York. La misión estaba a cargo de Saifullah Paracha, de 63 años, detenido en Guantánamo.

Sin embargo, su abogado, David Remes, afirmó que “Paracha es un hombre de 63 años de edad con una condición cardiaca grave y una diabetes severa, y no ha hecho más que colaborar con las autoridades”. Este es sólo uno de los 172 ejemplos.

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