Guantánamo, un penal para el terror

La prisión derivada de la base naval de Estados Unidos en Cuba fue puesta bajo la mirada del mundo gracias a las revelaciones de Wikileaks. Desde 2001 fue el centro de reclusión para supuestos terroristas, hoy parece ser un centro de abusos.

En este momento son 172. Los registros oficiales dirán que desde el 11 de enero de 2002 han sido 779 los presos que han pasado por los cuatro campos de reclusión de la cárcel de Guantánamo, hombres que en su momento llegaron por ser sospechosos de lo peor: terrorismo y amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos. Son 172 los que aún permanecen encerrados bajo estrictas normas de vigilancia, con derecho a media hora de ejercicio al día.

Fue en 2001 cuando por decisión del gobierno de George W. Bush, se adecuó una porción de la extensa Base Naval de la Provincia de Guantánamo, en Cuba, para albergar a los presos que resultaran de la anunciada cruzada contra el terrorismo. Nueva York acababa de ser golpeada por los atentados del 11 de septiembre, 3.000 vidas fueron sacrificadas y en el World Trade Center quedó el enorme vacío de las Torres Gemelas, hechas escombros luego de ser chocadas por dos aviones comerciales con pasajeros a bordo.

Lo colosal y cruento del atentado y la adjudicación de los crímenes a la considerada red terrorista Al Qaeda impulsaron la adecuación de la cárcel. Sólo dos días después del ataque, el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución que autorizaba al presidente Bush emplear toda la fuerza necesaria contra cualquier persona, nación u organización que pudiera estar relacionada con la ejecución y planeación de los atentados, y con el fin también de evitar ataques futuros. Así que el gobierno optó por incluir a Guantánamo en esta misión. Palabras más palabras menos, sería una cárcel para el terrorismo.

A pesar de que históricamente Estados Unidos ha reconocido la soberanía de Cuba sobre todo el territorio de la isla, desde 1903 y gracias a la firma del Tratado cubano-estadounidense, un área de 117 kilómetros entre tierra y mar fue arrendada indefinidamente a Washington. El documento, firmado por el presidente Theodore Roosevelt  y el mandatario cubano Tomás Estrada Palma, concedía el permiso de utilizar dicha área de la Bahía de Guantánamo para ubicar una base naval, un territorio que si bien continuaba siendo cubano, sería totalmente controlado por Estados Unidos y su jurisdicción.

Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la presencia de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo ha sido vista como una ocupación por el gobierno de la isla, que optó por rechazar el pago con el que el Tesoro estadounidense se comprometió para el arriendo del territorio. Fidel Castro se negó a aceptar los cerca de cinco millones de dólares anuales -en cifras modernas- que su país debía recibir por considerarlo un pago ilegitimo, para por el contrario exigir la salida de todos los militares estadounidenses.

Actualmente, Guantánamo es una cárcel para el terrorismo aunque sus métodos sean cuestionados por ONG´s humanitarias. Las críticas parecen estar apoyadas por las recientes revelaciones de Wikileaks, en las que se evidencia la negligencia de los médicos para reportar los casos de tortura, el maltrato de prisioneros, la detención arbitraria en varios casos, como las de menores de edad y prisioneros con demencia.

Incluso antes de que se revelaran los expedientes de 759 reclusos y exreclusos que ahora se conocen, ya Amnistía Internacional había denunciado la práctica del ‘Waterboarding’ en la que a los presos se les infringía asfixia sumergiendo sus cabezas en el agua para obtener información. El propio George W. Bush reconoció y defendió este método en sus memorias, un libro titulado Decision Points.

Desde el comienzo de Guantánamo como prisión, de acuerdo con los debates legales que han tenido lugar dentro del Tribunal Supremo de Estados Unidos, la ubicación del penal fue seleccionada estratégicamente. Al no estar dentro de su territorio, el gobierno Bush argumentó que no debía regirse por las normas federales. Además, por cuenta del calificativo seleccionado para los presos (‘Combatientes enemigos ilegales’), su trato no se cobijaba bajo los convenios de Ginebra y el estatus de prisioneros de guerra. Hoy  la cárcel es señalada por los críticos como un campo de concentración dedicado a la tortura. 

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