"Haremos lo que los colombianos nos pidan": Marco Aurelio García

Durante ocho años al lado de Luiz Inácio Lula da Silva, este curtido diplomático fue el artífice de muchas de las posiciones del gobierno de Brasil.

Marco Aurelio García estuvo al lado del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva durante sus ocho años de gobierno como asesor en política exterior. Hoy, desde el mismo cargo, acompaña a la presidenta Dilma Rousseff, quien enfrenta por estos días graves escándalos de corrupción dentro de su gabinete (dos ministros han renunciado), que han hecho que muchos en el país duden de su capacidad para gobernar. Mientras tanto, la presidenta busca su propio perfil, más técnico que político, tomando posiciones inéditas para el proceso, como fue su apoyo tácito a la intervención en Libia.

Según explicó García, la apuesta de Brasil ya no es solamente por consolidar la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), sino por la naciente Comunidad Latinoamericana y Caribeña (Cealc), la cual iba a constituirse formalmente en Caracas el 5 y 6 de julio, pero que tuvo que postergarse por la enfermedad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

¿Cuáles son las cosas más importantes que dejaron ocho años del gobierno Lula?

Para Brasil es obvio que un gobierno de ocho años puede tener éxitos y también grandes errores. Diría que lo fundamental fue, en primer lugar, haber crecido en una forma totalmente distinta al pasado. Con fuerte distribución de ingreso e inclusión social, con cerca de 40 millones de personas que ingresaron en la llamada clase media.

Un gran avance...

El cambio ha sido brutal porque no se logró sólo por las políticas de subsidios en los ingresos por la vía del Estado, o por su asistencia, sino que hubo políticas de ajustes del salario mínimo siempre por encima de la inflación. Y el resultado de esto fue que la renta de los ricos creció 10% y la de los pobres 65%. Eso significa que el gobierno Lula enfrentó la cuestión clave en nuestro país, que es la desigualdad social.

¿Cuál fue la estrategia?

Con equilibrio macroeconómico —lo que en otras ocasiones no se hizo—, control de la inflación y reducción fuerte de la vulnerabilidad externa. Brasil era un deudor y ahora pasó a ser un acreedor internacional. Lo interesante es que se hizo con democracia, garantías individuales y pluralidad partidista.

¿Y cuál fue el balance frente a América Latina?

Lo más importante frente a América Latina fue que decidimos que el futuro del país no podíamos separarlo del futuro de la región. Hicimos una alianza estratégica con América del Sur y de ahí surgieron cosas como la Unasur, el fortalecimiento del Mercosur, que no podía ser simplemente por medio del estímulo a la integración comercial sino que debía ser una integración productiva, considerando que estamos avanzando hacia un mundo multipolar. La pregunta que nos hicimos es si Brasil quiere ser uno de esos polos, o si quiere serlo con América del Sur. Y decidimos asociar nuestro destino al destino de América del Sur, estableciendo una integración distinta y de naturaleza solidaria.

¿Cómo es entonces la relación de Brasil con la región?

Otros procesos de integración no establecen una relación solidaria, sino una relación jerárquica, y en el caso de Brasil y América del Sur había una tendencia estructural hacia esa relación jerárquica, dado que Brasil es una economía mayor que las de los demás países. Pero por ese camino lo que se tiende es a prolongar las asimetrías de los países.

¿Estamos hablando de alternativas a los tratados de libre comercio?

Sí. Brasil tiene excedentes en las balanzas comerciales con todos los países de América del Sur, salvo con Bolivia, de donde importamos el gas. Entonces hay que cambiar y pensar en otro tipo de relación que permita crecer juntos y compartir responsabilidades productivas.

¿Cómo conseguirlo?

Para eso necesitamos construir una gran infraestructura regional, aprovechando que somos uno de los más grandes productores de energía, de alimentos, con grandes existencias de agua y enorme biodiversidad. Somos casi 400 millones de suramericanos que podemos crear un mercado regional que funcione como un círculo virtuoso, y además, tenemos grandes valores inmateriales.

¿Cómo valoran la decisión tomada por Unasur para la selección de su secretaria general en cabeza de María Emma Mejía?

Creo que fue una solución muy buena, no sólo por la forma en general, sino por la forma en particular. María Emma Mejía es una excelente secretaria y el acuerdo fue consecuencia de un proceso de acercamiento de Venezuela y Colombia, cuyos presidentes, luego de pasar por muchas dificultades, tuvieron la inteligencia y la generosidad para superarlas. De allí nació esa fórmula que creo demuestra que Unasur no puede ser pensada como una alternativa con un solo sello ideológico.

¿Cuáles son los énfasis que el gobierno de Dilma Rousseff desarrolla con el nuevo gobierno de Colombia?

Básicamente vamos a dar continuidad a las relaciones, pero en condiciones más favorables. Tenemos nuevos retos: en primer lugar, ayudar a que el proceso de integración sea más profundo; y en segundo término, mirar un poco más el mundo, pues la crisis en Europa y en Estados Unidos tiene una incidencia muy fuerte en la región. Tenemos que resolver el traslado de la inflación y la inestabilidad del sistema financiero internacional, si bien la mayoría de los países de la región están inicialmente protegidos, dado que no fuimos fuertemente contaminados por la crisis financiera. Pero también abordar juntos el nuevo fenómeno que es China.

Brasil ha jugado un papel muy importante frente al conflicto colombiano, ¿esa política continuará?

Nosotros haremos lo que los colombianos nos pidan, y sabemos que los colombianos tienen un especial cuidado en el tema, pero siempre hemos colaborado respondiendo a las solicitudes del gobierno que faciliten los avances humanitarios y los caminos de paz.