Hernán Torres: "Nos faltan cinco centavos para el peso"

El técnico del vinotinto y oro confía en llegar al título este semestre.

Almacén Deportivo El Golero se leía en la entrada del lugar. La tienda deportiva, ubicada en Ibagué, era sobria. Se vendían todo tipo de artículos, desde camisetas hasta balones de baloncesto, desde bates hasta guantes de arquero. La atendía y la regentaba Hernán Torres, que era, precisamente, un arquero retirado. Había dejado las canchas algún tiempo antes, con el equipo Cooperamos Tolima, que pertenecía a la Primera B del fútbol colombiano. El negocio funcionaba para, de alguna manera, no ceder del todo a la nostalgia. El origen fue simple: tras el retiro, Torres reunió sus ahorros y montó el negocio.

Era duro.

—Entrar a ser comerciante y competir con los grandes almacenes es complicado —afirma Torres hoy—. Lo monté porque conocía de artículos. Mi idea era seguir trabajando en lo que había hecho toda una vida.

El almacén (que ya no existe, que es apenas un recuerdo) fue un buen preludio para el comienzo de su carrera como técnico.

—En 2000 fui llamado por Deportes Tolima para trabajar como entrenador de arqueros y ahí comienza mi carrera deportiva en la parte técnica, y me dediqué más al fútbol y no tuve tiempo para seguir atendiendo el almacén.

La llamada del vinotinto fue, de muchos modos, cerrar otra vez el círculo, volver a los orígenes. Aunque su carrera como jugador activo hizo pie en muchos equipos (Millonarios, Once Caldas, Quindío e Independiente Medellín), el comienzo tuvo lugar en Ibagué, con Tolima, cuando era suplente del argentino Óscar Héctor Quintabani (otro arquero que también alcanzó a montar su propio negocio: un restaurante de carnes argentinas).

Y entonces todo empezaba de nuevo.

Susto en Ibagué y cinco centavos para el peso

Previo al partido ante Cúcuta, por la vuelta de los cuartos de final, Hernán Torres dio unas declaraciones cautas y previsibles. Tolima llegaba con ventaja de 2 goles (había ganado la ida 3 a 1 en la frontera) y todo parecía indicar que lo de Ibagué sería un trámite. Las palabras usuales (partido, nuevo, todavía, no, hemos, asegurado, clasificación) las dijo con tranquilidad, con un tono sereno.

La voz cambió para asegurar que los jugadores no estaban confiados.

—Confiados no —dijo con firmeza, casi interrumpiendo—. Uno no se puede confiar, en un partido de fútbol puede pasar cualquier cosa.

Y añadió:

—Casos se han visto.

Sí, casos se han visto. Sustos se han visto.

El partido en el Manuel Murillo Toro no había arrancado bien cuando Cúcuta se fue arriba con un gol del argentino Santiago Malano. Torres miraba, tomaba largas bocanadas de aire. Ganar no era ganar, sino exorcizar ciertos fantasmas. Pasado el susto, cuando el vinotinto salió del vestuario y se acomodó en la cancha, el trámite volvió a estar hecho de lógica: el equipo superior ejercía dominio y llegaba con peligro. Y concretó al final, cuando Wílmer Parra marcó el empate incontestable.

La victoria tenía un sabor particular: significaba no desinflarse.

—Es una constante que hemos tenido, porque ya hemos vivido muchas experiencias —afirmaría Torres—. Hemos jugado bien, pero siempre nos han faltado cinco centavos para el peso. Todo eso lleva a que un equipo madure más para afrontar estas instancias.

Cuando se le pregunta por la razón, por los cinco centavos que faltan para el peso, Torres habla con un tono que oscila entre la comprensión y el anhelo:

—Se debe a un proceso que se está siguiendo: es difícil que de la noche a la mañana un equipo pueda quedar campeón. Es por eso que esperamos finalizarlo con el título que queremos todos.

El entrenador ibaguereño dirige un proceso al que le han apostado los dirigentes de Tolima. Desde luego, la realidad nunca es tan romántica: Torres sabe que solamente los resultados lo han mantenido en el cargo. Y que, de otro modo, él ya estaría afuera.

—El proceso se ha seguido porque se han conseguido resultados positivos —aclara con franqueza—. No me quiero imaginar si hubiéramos quedado eliminados dos torneos seguidos: no estaría de técnico.

Ese proceso tiene que ver con haber reemplazado a Wílder Medina y que la ausencia no sea demasiado notoria. Hay instituciones, no personas, no absolutos, parece decir Torres, que habla de la situación a partir de generalidades.

—Aquí el trabajo ha sido para todos igual: no se discrimina, no se trabaja sobre los que juegan, sino sobre todo el plantel, toda la nómina. Es más, a los muchachos que no están en la nómina se les presta mucho cuidado, mucha atención. La idea es que ellos tengan su participación. Además, el trabajo de ellos ha sido importante para estar en lo que estamos.

Es decir, en la semifinal el domingo ante el ganador de la serie que juegan Cali y Nacional.

Y, también, en un partido que puede valer cinco valiosos centavos.