Hernando Ángel, la piedra de la discordia

Detrás del bochornoso episodio del partido Quindío (¿o Boca Juniors?)-Millonarios está la mano de un empresario que encarna los problemas que hoy afronta el fútbol nacional.

Tenía que pasar lo que sucedió el pasado sábado en El Campín de Bogotá, con la goleada 5-0 de Millonarios sobre los jóvenes de la escuela de Boca Juniors, vistiendo el uniforme del Quindío, para que el entorno del fútbol reaccionara. Este lunes el escándalo mediático no dio abasto y quedó claro que el caso del equipo de Armenia no es el único. Pero también salió a relucir la mano del último causante del revuelo: el accionista mayoritario del cuadro cuyabro: Hernando Ángel.

Natural de Santander de Quilichao (Cauca) y administrador de empresas de profesión, desde hace más de 25 años Hernando Ángel es uno de los dirigentes más influyentes del fútbol vallecaucano. Empezó integrando equipos aficionados en barrios marginales de Cali; luego se hizo socio del Deportivo Cali y fundó la escuela Carlos Sarmiento Lora, que convirtió en semillero de futbolistas. Después se apartó de sus socios y creó el club aficionado Boca Juniors, del cual es dueño.

En esa actividad, combinada con negocios de ganadería, fue perfilando su condición de empresario de jugadores y gestor de técnicos de fútbol. La prueba es que de su cosecha surgieron, entre otros, Giovanni Hernández, al que sacó de un barrio de Cali y hoy es el líder del Júnior; Víctor Hugo Montaño, quien juega en el fútbol francés; Edixon Perea, que anda por Brasil; o Hugo Rodallega, a quien también descubrió en la barriadas de Cali y hoy es figura del Wigan de Inglaterra.

Hasta ahí normal. Sin embargo, sus dilemas éticos empezaron cuando su colega y amigo Álvaro González Alzate, presidente de la División Aficionada del Fútbol Colombiano (Difútbol), lo vinculó a la Comisión Técnica de la Federación de Fútbol. Desde entonces se convirtió en juez y parte, con un pie en la dirigencia del balompié y otro en sus negocios de jugadores. Y no contento con eso, pasó derecho y durante cinco años fue miembro del organismo rector del fútbol colombiano.

Como lo comentó este lunes el presidente de la Asociación de Futbolista Profesionales (Acolfutpro), Carlos González Puche, no sólo se paseó por la dirigencia del fútbol sin que ninguno de sus colegas le objetara su doble condición de directivo y empresario, sino que, en contravía de la Ley del Deporte (Ley 181 de 1995), se dio el lujo de desconocer la norma que prohíbe que una misma persona pueda participar en calidad de accionista en más de un club de fútbol profesional.

Y Hernando Ángel no sólo es el accionista mayoritario del Quindío desde 2000, sino que también es propietario del Centauros de Villavicencio, que actualmente juega en la B y, obviamente, de su club aficionado Boca Juniors. Hasta el pasado mes de agosto estuvo en el Comité Ejecutivo de la Federación y nadie le dijo nada. Ninguna autoridad le objetó el reconocimiento deportivo de sus equipos y él siguió en su doble oficio, además negociando jugadores para diversos clubes.

De la última camada, han aparecido Diego Chará, Danny Santoya, Jorge Perlaza y Álex Mejía. Todos excelentes profesionales y exitosos en sus equipos. Con toda seguridad le dejaron a Hernando Ángel muy buenos dividendos económicos. Sin embargo, no tiene recursos para cancelarles los salarios a los jugadores del Quindío. Y les debe tres meses, razón por la cual se presentó la protesta del pasado sábado. Él solucionó el asunto sacrificando a los juveniles de Boca Juniors.

Siempre en el filo del reglamento, sin exponerse a las multas por la transmisión del partido o por no presentar el equipo, sacó de la manga su equipo aficionado, le entregó el uniforme del Quindío y lo expuso al baldón del aguacero de goles ante Millonarios. Nadie había llegado tan lejos. Siempre se ha dicho que ha sido el mentor y principal defensor del técnico de la Sub 20, Eduardo Lara, aunque no comparte sus fracasos. Pero esta vez quedó expuesto ante todos.

Claro está que, como lo denunció González Puche, no es el único equipo que adeuda salarios a sus jugadores. En similares condiciones están Caldas, Huila, Santa Fe, Cartagena, Medellín, América y Pereira. Eso sin hablar de los equipos de la B, donde el problema es peor. Y también sin abordar el incumplimiento de varios clubes en sus obligaciones de seguridad social. Entre tanto, a los dirigentes les incomoda que los jugadores se organicen para defender sus derechos.

El presidente de Acolfutpro, el exarquero Óscar Córdoba, ratificó así el panorama: “Lo que pasó el sábado fue una falta de respeto con los aficionados, el Quindío y esos jóvenes que pusieron como carne de cañón. La salida es que los entes de control del país actúen en estos casos, porque de lo contrario se tendrá que acudir a instancias internacionales. Ser futbolista es una profesión como cualquier otra, entonces no sé por qué en este caso no se respeta el código laboral”.

A su vez, el director de Coldeportes, Jairo Clopatofsky, se comprometió a tomar cartas en el asunto para que el episodio del sábado no se repita. Al margen de su promesa, la gente del fútbol está pendiente de un proyecto de ley que ya está a punto de concluir su trámite en el Congreso —le falta una conciliación— y que les daría dientes a los profesionales del balompié para exigir sus derechos, como ocurre en casi todos los países de América Latina.

Lo demás es el entorno turbio que continúa. Propietarios de más de un equipo profesional que enfrentan sus clubes sin mayor garantía de transparencia; instituciones que se disuelven sin pagar obligaciones y reaparecen con otros nombres y reconocimiento deportivo; exjugadores que tienen que hacer colectas para sobrevivir porque nunca obtuvieron una pensión; o personajes como Hernando Ángel, que ponen técnicos, venden jugadores, son directivos y nunca dan la cara por lo que hacen.