Hilos sagrados del Perú

Textiles con más de dos mil años de antigüedad encontrados en un cementerio al sur del Perú sorprenden por su estado de conservación.

Mucho antes del glorioso imperio Inca, entre el 700 a.C y el 200 d.C, la desértica península de Paracas estaba habitada por indígenas prehispánicos que se asentaron en los valles de los ríos. Aunque poco se sabe de la cultura Paracas, Julio C. Tello, padre de la arqueología peruana, descubrió en 1925 las cavernas y necrópolis que dan nombre a las dos fases de la cultura.

A pesar de haber sido objeto de saqueo y guaquería en el siglo XIX, fue en esta región, en un lugar llamado Wari Kayan, donde Tello hizo su mayor descubrimiento: un enorme cementerio con más de cuatrocientos cuerpos momificados envueltos en elaboradas mantas y rodeados de joyas y cerámicas. Con estas prácticas funerarias, las sociedades prehispánicas del desierto peruano daban cuenta no sólo de la organización política y social, sino también de un sistema de creencias donde la vida y la muerte eran las dos caras de la misma moneda.

El Museo Nacional de Colombia, en colaboración con el Museo Nacional de Antropología e Historia del Perú, presenta hasta el 31 de julio la exposición “Hilos para la Eternidad: Textiles funerarios del antiguo Perú”. La muestra trae 82 piezas entre las que hay 46 textiles y 36 objetos de la cultura Paracas que sorprenden por su excepcional estado de conservación. Los textiles, utilizados principalmente como ajuares funerarios hace miles de años, llaman la atención por la complejidad de su iconografía, la diversidad de colores y los minuciosos bordados.

Mantos funerarios

La recuperación de los textiles Paracas por parte de arqueólogos y antropólogos peruanos ha permitido el acercamiento a las comunidades prehispánicas del antiguo Perú. Siendo un legado material, los textiles con sus diseños e imágenes se han convertido en  un objeto de estudio que nos abre las puertas a su enigmática cosmovisión.

Carmen Arellano Hoffman, directora del Museo de Arqueología,  Antropología e Historia del Perú, comenta que para las comunidades prehispánicas “el tejido es la prenda más preciada. Es mucho más valioso que el oro o la plata, pues es en el tejido donde se invierte la mayor cantidad de tiempo y se necesitan la mayor cantidad de recursos humanos y de materia prima”. Los fardos funerarios más ostentosos, con mayor calidad en los tejidos y número de ofrendas, reflejaban el poder y el prestigio acumulados por el difunto. Dentro de los objetos que se usaban como ofrenda, los arqueólogos encontraron collares de conchas, diademas, narigueras, bastones, canastas, pieles y alimentos que honraban y acompañaban al difunto en su viaje al más allá. 

Lo interesante, explica Arellano, es que los tejidos —más allá de querer hacer una diferenciación social— buscaban entablar una conexión con los ancestros. Ellos “desde el otro lado del velo ayudan a la familia del difunto a reproducirse, a tener riqueza y abundancia”. Los fardos en forma de semilla eran un culto a la fertilidad y una metáfora de un tiempo abundante para los que quedaran en tierra. Por otro lado, la presencia de seres míticos con rasgos humanos y animales ha sido interpretada por algunos como la transformación chamánica del difunto en ancestro de la comunidad.

De la misteriosa iconografía de las telas —bordadas con personajes antropomorfos, guerreros, cabezas trofeo y animales—, los expertos todavía no se atreven a hacer ninguna afirmación definitiva. Lo que sí es claro es que el concepto de dualidad ya era evidente en las culturas primigenias. El contraste de colores y la disposición de las figuras hablan de un encuentro entre oposiciones que se complementan; donde el uno no puede existir sin el otro, como el día y la noche o la vida y la muerte. 

Margarita Reyes, curadora del Museo Nacional, comenta que la exposición va a tener puntos de diálogo con textiles y objetos de comunidades prehispánicas que ocuparon territorio colombiano; “una sala alterna estará realizando actividades didácticas para mostrarles a los visitantes cómo era que se utilizaba un telar, cómo era el proceso de hilar, tejer, bordar y teñir”. A través de espacios interactivos y pedagógicos, el proyecto  pretende despertar el interés por los testimonios vivos de los pueblos que nos precedieron.