Impuesto de Vehículos: territorio de ambigüedad

Falta de información por parte de la Administración en cuanto a la vigencia o no del descuento para el pago de impuesto a vehículos.

Por estos días, cuando se vence el plazo para pagar el impuesto de vehículos en Bogotá, sin recibir sanción, la claridad por parte de la Administración brilla por su ausencia en relación con el descuento de 50% por haber matriculado o trasladado la cuenta del vehículo a la capital, en el año inmediatamente anterior. Mientras algunos ignoran el descuento, y otros creen que sigue vigente, la Administración guarda silencio dejando a la deriva a los contribuyentes.

Hace algunos años se ordenó que este descuento desapareciera de Bogotá, siempre y cuando, óigase bien, también se hubiera desmontado en Cundinamarca. Hoy, este departamento conserva un último beneficio del 30% para quienes hubieren matriculado sus vehículos durante el primer semestre de 2008, en cualquiera de sus municipios.

Este sólo hecho permite pensar que el descuento está vigente en Bogotá, pero lo que a mi parecer resulta realmente grave es el proceder del Distrito en la materia: por un lado, envía a las casas la autoliquidación diligenciando en ceros el renglón del mencionado descuento; pero por otro, permite que los bancos reciban la liquidación privada pidiendo el beneficio. No hay coherencia.

Entonces, si para la Dirección de Impuestos Distritales el descuento es aplicable, ¿por qué no lo reconoce directamente en la autoliquidación, evitando que quien ignore de su existencia se quede sin el beneficio?, y por el contrario, si no lo es ¿por qué permite que los recaudadores reciban de los contribuyentes la liquidación privada con el descuento del 50%?

Más allá de todo esto, es escalofriante pensar que ante el silencio guardado por el Distrito, mañana persigan a quienes pidieron que se les reconociera el menor valor en el impuesto, con sanciones por inexactitud, sanciones por corrección, más las multas respectivas.

¿En qué queda la lealtad de una Administración para con sus administrados?, ¿en qué quedan los derechos adquiridos, la confianza legítima, la buena fe y la interpretación más favorable de las normas? Bogotá no puede seguir transitando por este camino de ambigüedad.


*Concejal del Movimiento MIRA