Innovación ecológica en Cundinamarca

EL GOBERNADOR ANDRÉS GONZÁlez, la Agencia de Desarrollo Regional y la Fundación Natura lanzaron la restauración ecológica de Cundinamarca.

Por su enfoque y determinación política aparece como una luz de esperanza. Porque el primer problema a resolver en medio de la confusión que traen las inundaciones es la adecuada definición del problema. No se trata de pescar en las aguas revueltas con reforestaciones comerciales buenas para otros fines, o actividades que terminan siendo perversas al minar la capacidad de regulación ecológica de las montañas. Se trata de devolver en el largo plazo lo que las vertientes andinas nunca debieron perder: sus ecosistemas naturales.

Por fin los árboles dejan ver el bosque: el programa “Cundinamarca, potencia forestal”, más que de reforestación convencional, es de restauración ecológica para propiciar que los ecosistemas puedan recobrar la capacidad de brindar servicios a la sociedad. Será un proceso lento, a evaluar no sólo en la medida en que los árboles vayan creciendo, sino al documentar cómo algunas microcuencas van mejorando su capacidad reguladora y de qué manera la biodiversidad regresa en los ecosistemas que recobran vitalidad y conectividad.

Pero más que innovación científica —el país ya cuenta con una sociedad de ecología de la restauración— se trata de novedad técnico-política. Esta vez un mandatario, que se perfila como uno de los líderes políticos con más visión ecológica, le propone a la sociedad una tarea cuyos beneficios rebasan el corto período en que se cosechan los réditos electorales. La lenta restauración de los ecosistemas podría verse como un contrasentido político, si no fuera porque ya son millones los colombianos afectados por la degradación de los ecosistemas. Es un programa para legar un territorio ambientalmente más seguro. No tenemos por qué seguir viviendo con cada temporada invernal una larga serie de desastres. La locomotora de la innovación, esta vez en la ecología aplicada, parece que quiere arrancar desde Cundinamarca. También es de resaltar que el Gobierno lo ejecute con la Fundación Natura, una de las organizaciones civiles con más trayectoria y legitimidad del país.

Pero son todavía más los que faltan. Deben sumarse las autoridades ambientales que operan en el departamento de Cundinamarca, los municipios, las empresas prestadoras de servicios y más empresas. Está por verse la aplicación de los incentivos legales para la conservación y podrían sumarse a este cometido mecanismos ya existentes, como transferencias y compensaciones. Es urgente que la reforma tributaria reconozca las reservas privadas y otras tierras destinadas a la conservación. También es muy importante que aquellos municipios que tienen o recobren la cobertura de sus ecosistemas, puedan verse compensados. Incentivos efectivos pueden generar en el largo plazo una cultura mucho más consciente de las amenazas del medio ambiente y de la necesidad de previsión.

Restaurar los ecosistemas debería ser un propósito nacional. Propósito cuya mayor vulnerabilidad, en realidad, no es ecológica, sino política; los proyectos de largo plazo se pierden en la inmediatez política. Cundinamarca podría comenzar a ser la región con más tierras en proceso de restauración ecológica, y desde el corazón de Colombia podría inundarse con innovación la hoy menos afortunada administración pública ambiental. No es mucho, pero sería un buen comienzo.

 

Temas relacionados

 

últimas noticias

El poder absoluto contra el periodismo

Cuidado con el timonazo