José Miguel Palechor, un agente de cambio

El colombiano fue premiado por el Banco Interamericano de Desarrollo.

Fue nombrado entre 1.800 jóvenes de toda América Latina como “agente de cambio” por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y acaba de contar su historia en la Asamblea Ministros de Finanzas del organismo en Calgary, Canadá. Tiene 21 años, pertenece a la comunidad indígena Yanacona de Rioblanco, Sotará, Cauca, y hoy en día es un ejemplo a seguir para otros muchachos colombianos que semana tras semana escuchan sus historias y tratan de caminar sobre sus pasos. Para muchos de los ministros que escucharon recientemente sus palabras, José Miguel es prueba de que la educación es la mejor herramienta para construir futuro.

A los 18 años se ganó una beca IALS para jóvenes indígenas y afrodescendientes, que lo llevó a Texas, Estados Unidos, a estudiar Agroturismo y Desarrollo Rural. “Fue la primera puerta que se me abrió para salir del país”, recuerda. “Muchas veces las comunidades indígenas no tenemos esa oportunidad”, explica.  En Texas vivió dos años y cuando regresó a Colombia vio al país y a su gente con otros ojos.

“Me sirvió mucho esa experiencia porque cuando regresé vi a la juventud desorientada. Las políticas locales no han implementado programas para incentivar a los jóvenes a través del deporte y la cultura”, dice. Entonces, se dedicó a fomentar el deporte, la cultura indígena que lleva en la sangre, la solidaridad. “He querido demostrarles por medio de mi experiencia que sí podemos salir adelante”, afirma.

En el resguardo indígena Yanacona al que pertenece, desde que regresó de Estados Unidos hace menos de un año, ha estado trabajando por la integración de los indígenas y los campesinos. “Había muchos malentendidos. Hemos estado trabajando para proteger nuestras ideologías, nuestra cultura, nuestras danzas, las comidas típicas, nuestra identidad”, dice. Al BID llegó un día cualquier por la página de internet.

“Tuve que contar la historia de dónde vengo, lo que estaba haciendo, todo sobre mi vida”, recuerda. Y aunque el reconocimiento es sobre todo simbólico, le ha servido para fortalecer el alma y reconfirmar que va andando por el camino correcto. “Esto ha significado mucho para mí. Estoy recibiendo ideas nuevas para implementar y ejemplos distintos de otros programas que puedo aplicar para seguir adelante con los nuestros”, asevera.

Actualmente está concentrado en terminar sus estudios de Ingeniería Ambiental en la Universidad del Cauca y también está trabajando en un programa que combina lo que ha estudiado. “Estamos desarrollando un proyecto de agroturismo para integrar a las comunidades indígenas y campesinas de la zona”, asegura. El proyecto incluye educación sobre liderazgo a los jóvenes de bajos recursos. “Los educamos en cómo aprovechar nuestros recursos naturales, históricos, hídricos. Respetamos mucho a la Pachamama, a la madre tierra”, agrega y se despide porque un auditorio entero en Calgary lo espera para escuchar su inspiradora historia.

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