Juan Guillermo Domínguez, el 'gallo fino' de Millonarios

Sus técnicos lo definen como aguerrido y luchador. La vida del cerriteño de 24 años, figura de Millonarios.

El apellido y la sangre los obligaron a enamorarse del fútbol. Álvaro José Domínguez, el grande de la casa, y Juan Guillermo, su hermano cinco años menor, crecieron en su natal El Cerrito, Valle del Cauca, rodeados de una numerosa familia cuyo mundo era y sigue siendo en forma de balón.

Su padre, Guillermo, ofició como delantero en las reservas del Deportivo Cali en la década de los setentas. Y poco a poco los dos ‘Carachos’ se fueron contagiando. Lucero Cabezas, su madre, les daba cuerda, los animaba y los acompañaba a cuanto partido disputaban.

Fueron apodados ‘Caracho’ por una tradición familiar: a un abuelo y a un tío también les decían así. Para la familia, un caracho significa una persona fuerte, con carácter, con ganas de combatir retos y superarlos.

Por eso Álvaro y Juan Guillermo se propusieron convertirse en profesionales del fútbol. Claro, una vez terminaran el colegio (son bachilleres del Metropolitano de Cali), del que algunas veces se escapaban para jugar.

Álvaro José descrestó desde pequeño por su talento, siempre se sacaba a su hermano cuando jugaban a ser futbolistas. Guillermo notó el talento de uno y la capacidad de lucha del otro y decidió establecerse en Cali, para que sus dos retoños tuvieran más opciones.

Así fue. Al ‘Caracho’, que hoy juega en el FC Sion de Suiza, lo descubrió un veedor del Deportivo Cali jugando en un torneo intercolegiado. A ‘Carachito’, uno de los pilares del Millonarios semifinalista este semestre, lo vieron jugando en el barrio.

Juan Guillermo desde pequeño se convirtió en acérrimo hincha del Deportivo Cali y siempre soñó con vestir esa camiseta, parecerse al brasileño Zé Roberto y jugar en el mismo equipo con su hermano.

Bajo la sombra de Álvaro José

Al Deportivo Cali llegó de nueve años. Ese pedacito de carne, un poco por debajo de la altura promedio de un niño de su edad, era fogoso, entusiasta y correteaba a todos los defensas, pues decía que era delantero. Sí, delantero. Pero… “metía goles sólo en las divisiones menores, cuando todos éramos relativamente bajos de estatura (risas). El arco se me cerró cuando fui creciendo, entonces los profesores decidieron convertirme en lateral izquierdo”, recuerda ‘Carachito’.

En esta institución, en donde pasó por la categoría gorriones, selecciones Valle y las divisiones menores, vivió media vida, aprendió a ser una persona íntegra, dejó su imagen en las pupilas de los hinchas azucareros por su entrega y disciplina. Pero sobre todo dejó amigos.

El exportero del Deportivo Cali en los años ochenta, Jorge Rayo, fue uno de ellos. Paisano suyo (también cerriteño) y uno de los padres que ha tenido en el fútbol. “Yo le enseñaba cómo tenía que vencer a un arquero. Él me ponía cuidado, era muy entusiasta, le hacía falta la pelota cuando no la tenía, siempre quería mejorar”, cuenta Rayo, quien fue preparador de arqueros del equipo azucarero hace años.

“Eso sí, qué temperamento el que tiene en la cancha. Por fuera siempre lo vas a ver con una sonrisa, pero jugando es un gallo fino. Le sacó el genio a la mamá, porque no se deja y si le pegan, él pega también”, bromea Rayo.

Por el contrario Álvaro, con quien de pequeños un abrazo bastaba para reconciliarse cuando peleaban, es más sereno, tímido, de pocas palabras y en la cancha un provocador. Y Juan Guillermo, todo lo contrario. Rayo asegura que “no hay quien lo calle porque te habla de todo”, y en la cancha era rebelde (se enojaba con los técnicos en las juveniles cuando lo sacaban). Nunca se ha amilanado ante sus rivales.

Con ese ímpetu con el que salía a jugar cada partido, se ganó un respeto en las menores, en las que se consagró en todas las categorías juveniles, y ya era hora de dar el paso a las mayores. Su hermano ya había debutado dos años antes y lo veía desde abajo, le pedía consejos y sólo escuchaba: “paciencia”.

Ese día llegó. Jaime de la Pava le dijo que fuera al campo. Su equipo, en el que estaba jugando Álvaro, enfrentaba a Medellín en Cali.

“Fue maravilloso, muy lindo, porque se hizo realidad todo lo que mi hermano y yo hablábamos por horas seguidas cuando éramos pequeños: poder convertirnos en futbolistas profesionales. Y yo lo hice junto a él, fue increíble”, recuerda ‘Carachito’, una persona que se enternece hablando de su familia —lleva tatuado en la espalda el nombre de su mamá y las iniciales de sus familiares en el brazo izquierdo—.

Después de eso se fue adueñando de la posición de lateral izquierdo. Por una simple razón: sus técnicos lo veían como un pulmón dentro de los camerinos. “Es un líder positivo, es voluntarioso. En las charlas técnicas interviene, aconseja, participa. Bajo la dirección de Daniel Carreño, fue capitán”, asegura Ricardo Martínez, quien fue su DT en 2008.

“Y en la cancha… bueno, es de los pocos jugadores que hay que frenarlos porque da más de lo que uno espera. Él pecaba por exceso y por eso los hinchas lo aprecian mucho”, añade Martínez.

Sólo lo regañan porque da más. El único reproche que recibió fue de José ‘Cheché’ Hernández, quien le dijo: “Si no te compras unos guayos de color negro, no te dejo jugar”. Y a regañadientes, “me llevó a un centro comercial a comprarlos. Ahora me da risa, esa vez no tanto”, cuenta el mismo Domínguez.

Todas esas experiencias le sirvieron para madurar y mejorar. En 2005 siendo figura, llegó a la final con Real Cartagena, contra nada menos que el Deportivo Cali acaudillado por su hermano. “Mi mamá se puso la camiseta del Cartagena y mi papá la del Cali”, dice Domínguez.

“En algunos pasajes de los dos partidos mi hermano y yo tuvimos encontrones y el público exclamaba: ¡oohh!. Todos querían que nos pegáramos. Fue una experiencia interesante”, añade.

“Millonarios, el más grande del país” 

Hoy es inamovible en la escuadra de Richard Páez, en Millonarios. Dice estar feliz en Bogotá, en donde vive con su esposa Marina Bernal. “Cuando recibí la oferta no lo dudé, porque es el equipo más grande de Colombia y porque pensé que me podía mostrar más pensando en la selección y en emigrar al exterior”, dice.

Emigrar una vez más al exterior. Estuvo un semestre en Suiza jugando con su hermano en el Sion. No tuvo continuidad y se fue, con la convicción de algún día regresar el Viejo Continente.

Ya recibió ofertas para jugar en el Espanyol y probablemente el próximo semestre ya esté más cerca de Álvaro. Ah, pero primero quiere ser campeón con Millonarios, después vendrá el resto.