'La batuta no es la que suena, es la orquesta'

Hace un año nació esta filarmónica, que acaba de comenzar su segunda gira nacional en Santa Marta.

¿Cómo reunir a 95 artistas que viven en distintas ciudades para conformar esta orquesta?

Es una tarea que requiere  gran dedicación, pero que consideramos fundamental en nuestra contribución al desarrollo musical del país. Inicia con un proceso de audición cuyo requisito primordial es la excelencia artística y en el que se involucran muchísimas personas: jóvenes interesados en participar, profesores que hacen parte del jurado, un equipo humano que vela por la eficiencia del proceso.

¿Qué tanto ha crecido el nivel de las filarmónicas colombianas?

Sobre todo en los últimos 10 años el crecimiento ha sido impresionante. Artísticamente ha habido un progreso enorme, pero aún es necesario un mayor apoyo financiero.

¿Colombia tiene público para este tipo de espectáculos?

Claro que sí. Las   16.000 personas que asistieron a los conciertos de la FJC lo demuestran. El público es exigente en lo que quiere oír, quiere ver, y quiere sentir, es por esto que la Filarmónica Joven de Colombia está comprometida con ofrecer espectáculos artísticos de un alto nivel de calidad y con sorpresas para el público.

¿Qué significado le otorga a la batuta?

La batuta es una herramienta de trabajo. Es una extensión del brazo que facilita que los músicos vean al director sin mayor problema. Para mí no tiene ningún significado metafórico. La batuta no suena. Es la orquesta la que suena.

¿Cómo nace la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia?

Nace  en  2010 del compromiso de la Fundación Bolívar Davivienda, la Fundación Nacional Batuta y la YOA Orquesta de las Américas de aportar a la construcción de un mejor país a través del apoyo a la juventud, la cultura y las puertas que abre la música como catalizador social.

¿Qué diferencia hay entre una orquesta sinfónica y una filarmónica?

En el pasado, la sinfónica era una orquesta de músicos profesionales y la filarmónica tendía a ser una agrupación conformada por aficionados. Hoy en día en lo práctico hay muy poca diferencia.

¿Qué tan difícil es dirigir a jóvenes?

Ni más ni menos que manejar personas mayores. Pero los jóvenes generalmente tienen expectativas mucho más altas y el reto consiste en no desilusionarlos.  Entre más jóvenes, más susto me puede dar.

¿Cuál es la mejor orquesta filarmónica juvenil que haya escuchado?

La Simón Bolívar de Venezuela.

¿Cada cuánto tiempo se renueva una orquesta juvenil?

Típicamente todos los años. La Filarmónica Joven de Colombia así lo hace.

Su sinfonía preferida...

La Quinta Sinfonía, de Ralph Vaughan Williams.

Y usted, ¿cómo llegó a Colombia hace ya treinta años?

Vine a ocupar un puesto de timbalista en la Orquesta Sinfónica de Colombia.

¿Qué tiene de neoyorquino?

Ser práctico, escéptico y crítico de las ideas.

¿Cuántas orquestas ha dirigido?

Una vez me puse a contar y paré en 100. Ya no cuento.

¿Cuál ha sido su mayor reto como director?

Dirigir la ópera Norma con muy poco tiempo de aviso, porque el director se enfermó. Tuve cinco días para aprender la partitura.

¿Le gusta la elegancia que trae consigo una orquesta filarmónica?

El mundo cotidiano es ruidoso, burdo, poco elegante. La gente se maltrata. Me fascina que los momentos con la orquesta crean un mundo diferente. Estos son momentos de descanso, de paz.

¿Quién es el más grande genio de la música clásica?

Johann Sebastian Bach.

¿Tiene rituales a la hora de entrar en escena?

Sí. Dos. Siempre digo en voz alta el nombre de la obra y beso mi anillo de matrimonio.

¿Cómo asume que le deba dar la espalda al público?

Lo asumo con la idea de intentar desaparecer dentro de la orquesta.

Un lugar de Colombia al que quisiera llegar con su orquesta

A algún lugar donde nunca hayan tenido una orquesta.