La belleza salvaje

El Museo Metropolitano de Nueva York inaugura hoy una retrospectiva del fallecido diseñador británico Alexander McQueen.

La moda vuelve a ser albergada por los grandes museos del mundo. Se podría hablar de una tendencia  porque  espacios de exhibición importantes tanto en Europa como Estados Unidos le han venido dando un lugar especial  a los diseñadores que han cambiado e influido el mundo del vestido.

El turno ahora es para el fallecido Alexander McQueen, el  gótico, excéntrico, nacionalista y romántico diseñador británico.  Una imponente  retrospectiva se inaugura hoy en el museo Metropolitano de Nueva York.


Una gala de lujo con fines caritativos fue organizada ayer en la noche para celebrar la inauguración de la exposición que estará abierta hasta el 31 de julio. Varias estrellas de Hollywood asistieron, entre ellos las actrices Salma Hayek, Sarah Jessica Parker, la cantante Jennifer Lopez, la diseñadora Stella McCartney, y la editora de Vogue Anna Wintour, entre otras celebridades.  Muchas de ellas sacaron de sus closets los diseños de McQueen, como una manera de evocarlo y de celebrarlo en sus propias pieles.

"Con su fascinación por lo macabro, lo grotesco y lo sublime, Alexander McQueen era nada menos que un gran artista, y está en su lugar en el museo", declaró  Andrew Bolton, curador de la exposición que lleva el nombre de "Belleza Salvaje".

"Con la atención que pone en los detalles y su pasión, fue un verdadero genio", comentó, por su parte, Sarah Burton, directora artística de la casa "Alexander McQueen", que perpetúa la marca y acaba de confeccionar el vestido de la duquesa de Cambridge, esposa del príncipe Guillermo.

McQueen, fallecido el 11 de febrero de 2010 a los 40 años, tras 19 años de una carrera descomunal, era adepto a las puestas en escena extravagantes y los organizadores de la muestra hicieron hincapié en ese aspecto. Citas de este hombre talentoso y complejo decoran los muros de las distintas salas donde se exponen unos cien modelos y otros tantos accesorios, en un decorado oscuro, cubierto con espejos y cemento gris.

La música del ambiente recuerda el viento que sopla en un bosque o los suspiros eróticos de una pareja. Un ventilador levanta una falda de seda, los maniquíes están cubiertos con máscaras, plumas o cascos de esgrima.  "Hay que conocer las reglas para transgredirlas, y para eso estoy aquí, para romper las reglas dentro del respeto de la tradición", puede leerse detrás de una chaqueta de fieltro decorada.

Los pantalones con cintura bajísima, otra de las firmas del creador, vienen acompañadas por una leyenda: "con estos pantalones que apenas cubren las nalgas quiero alargar los cuerpos y no solamente mostrarlas". Precisamente esa era una de sus consignas, tratar de crear nuevas siluetas, cambiar las formas del cuerpo a través de la moda y no al revés, como suele pasar.

Alexander McQueen se sentía atraído por lo macabro, como lo demuestra un saco "Jack el destripador acecha a sus víctimas", presentado en 1992 en el prestigioso colegio St Martins de Londres. "La muerte forma parte de la vida. Es triste, melancólico y romántica a la vez. Todo tiene un fin", escribe.

Sombreros delirantes, firmados a menudo por el modista irlandés Philip Treacy, no vacilan en recurrir a "espinas de puercoespín forradas con cuero negro y plata".

Alexander McQueen recurría a toda clase de materiales, incluyendo caracoles o cocodrilos embalsamados. El romanticismo es la nota dominante, "a lo Byron", destaca Andrew Bolton. Tras la sala "un espíritu salvaje", que recorre las subversiones del creador a través de la ruptura de estructuras, el visitante camina las salas "Romántico gótico", "Romántico nacionalista", "Romántico exótico" y "Romántico primitivo".

 

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