La Constituyente de los consensos

En 1991, tiempo en que se cocinó la nueva Constitución que rige a Colombia, Horacio Serpa fungía como uno de los tres presidentes de la Asamblea Nacional Constituyente.

Todo el mundo reconoce que el éxito de la Constituyente fue haber logrado acuerdos esenciales que permitieron debates ágiles, aproximaciones en la controversia y convenientes coincidencias aun en los temas más difíciles. ¡Cierto! Los buenos resultados se vieron en el momento de las decisiones.

Al principio no fue así. La elección de la Constituyente se hizo en forma democrática, amplia, en circunscripción nacional que permitió la organización de sectores tradicionalmente excluidos. El liberalismo perdió sus mayorías y tuvo que conformarse con ser la mayor minoría. Surgieron nuevos movimientos políticos, como Acción Democrática M-19 y Salvación Nacional, y tuvieron representación negritudes, indígenas, cristianos, jóvenes y colectividades sociales. Distantes unos a otros, agudos contradictores, enemigos en algunos casos, secuestradores y secuestrados, con intereses diferentes y contrapuestos. Poco se esperaba de esa “olla de grillos”.

Había que organizar el funcionamiento de la Asamblea y era preciso elegir una directiva. El Partido Liberal reclamó la presidencia y para impedirlo se unieron Antonio Navarro, Álvaro Gómez Hurtado y casi todas las minorías, quienes hubieran podido elegir entre ellos. Pero se impuso la idea de conformar una dirección plural, lo que a muchos les pareció una locura. Pero funcionó.

Navarro dice que fue una liberalidad de lo que al comienzo llamé la “tenaza” de Salvación con el M. El doctor Lleras de la Fuente se presenta como el artífice de tremendo parto. Hay otras versiones y todas pueden ser posibles y complementarias. No obstante, me parece que los rojos no fuimos “irradiados” porque el gobierno era liberal, lo que generaba equilibrio.

Fuere lo que fuere, se eligió una Presidencia colegiada y se creó un sano ambiente de conciliación que permitió lograr los mejores acuerdos. Hubo discusiones, eso sí. A veces intensas, hasta el punto de que en oportunidades pareció que se rompería la armonía. Se impuso, por fortuna, la sensatez y la responsabilidad.

Uno de esos inquietantes puntos fue el de la revocatoria del Congreso. Los senadores liberales, especialmente, se opusieron a fondo hasta el punto de amenazar con que “correrían ríos de sangre” y presionaron mucho al gobierno. En una dramática reunión en el Palacio de Nariño se le exigió al presidente César Gaviria que cerrara la Constituyente. Ese día se decidió la suerte del Congreso, pues el presidente fue claro en el respaldo a la gran asamblea, lo que contó con el apoyo de los constituyentes liberales.

Consecuencia de la revocatoria del Congreso fue la inhabilidad de los constituyentes para elegirse en el nuevo Congreso. Una decisión ética como pocas y una nueva oportunidad para el Partido Liberal que mediante la ‘Operación Avispa’ recuperó las mayorías en el Parlamento.

Acción Democrática M-19 y Salvación Nacional fueron derrotados y volvieron a ser minorías. También perdió la recién nacida Constitución, porque el nuevo Congreso, con los viejos parlamentarios, se dedicaron a desmantelar sus normas. No ha pasado la “bronca” y ya van 32 reformas en 20 años. ¡Increíble!

Por fortuna se mantiene la filosofía del 91. Por eso es valioso el reciente compromiso de defenderla, asumido por el presidente de la República, el presidente de la Corte Constitucional y el presidente del Congreso. ¡Enhorabuena!

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