La danza, un arte sagrado

La compañía de la canadiense Marie Chouinard lleva más de 20 años en la escena artística y esta semana participará en el Festival Internacional Impulsos.

Belleza, tormento, libertad, delicadeza, lo salvaje y primitivo, confluyen en el lenguaje de los cuerpos de la danza de Marie Chouinard.

Los torsos siempre están desnudos en sus obras, porque la belleza de cada músculo, de cada hueso, de cada movimiento, tiene que evidenciarse en una piel que no se quiere escondida.

La compañía canadiense Marie Chouinard tiene más de 20 años en escena, tras mucho tiempo de carrera en solitario de su directora y creadora. Es considerada un referente obligado en el mundo de la danza contemporánea por su visión visceral e innovadora, que logra captar la mirada hasta del más apático.

Chouinard es la estrella del Festival Internacional Impulsos, que culminará el 8 de mayo. Presentará su obra más antigua, que lleva 17 años viajando por el mundo. Ésta es El preludio a la siesta de un fauno, con música de Debussy, seguida de La consagración de la primavera, con música de Igor Stravinsky, un ballet de 1913 con coreografía de Vaslav Nijinsky, considerado el primer bailarín moderno. Sin embargo, la adaptación de Chouinard no está inspirada ni en la coreografía ni en la historia original. Su versión nace de la música de Stravinsky, en la que cada nota hace eco en los cuerpos de los bailarines. “El corazón de esta coreografía es la música. Es escuchar y sentir las notas a través del cuerpo. Es pura danza. La música en el cuerpo”, advierte Chouinard del otro lado del teléfono desde su natal Montreal. Por otra parte, El preludio a la siesta de un fauno decidió recrearlo porque quedó tocada por los movimientos que evocaban unas fotos de Nijinsky, bailarín al que considera magnífico por su acercamiento orgánico a la danza y por la inteligencia de su cuerpo.

Los procesos de la creación encuentran misteriosas vías en cada artista. La primera vez que Chouinard tuvo una visión de La consagración de la primavera, se encontraba en un ayuno  en el que dejó de comer por varios días. En esta especie de viaje espiritual, tuvo una alucinación auditiva y oyó las notas de Stravinksy en su cabeza. Cuando terminó, compró el disco y al oír la música de nuevo, se volvió obvio que haría una coreografía sobre esas notas. Era la primera vez que hacía una coreografía sobre una música que ya existía. Generalmente solía crear sus pasos y después conseguir un compositor que musicalizara esos movimientos. Confiesa que fue un reto muy grande y que después de una pelea consigo misma tuvo que rendirse.

“Mi fuente siempre ha sido el cuerpo mismo, sobre todo el silencio y el soplo que compone esa materia “invisible” del ser. En la génesis de cada creación siempre hay algo que yo le llamo el misterio, una onda desconocida que me interpela de manera casi obsesiva. Mi trabajo consiste en captar esta onda original y sintonizarla de cierta manera en el espacio y en el tiempo según una forma que le será propia”, sentencia.

Su inspiración parte de una tradición humana que intenta llegar a otros niveles de la realidad, más profundos, que establecen contacto con lo intangible. Y tan sencillo como pueda parecer, son muchas veces técnicas de respiración las que la llevan a esos lugares ocultos para el ojo humano. Por eso considera la danza un arte sagrado.

Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, calle 170 N° 67-51. Tel. 377 9840. Más informes en www.festivalimpulsos.com.

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