La difícil terna del Polo

EL COMITÉ DEL POLO DEMOCRÁTIco Alternativo, después de cinco días de deliberación, presentó la terna para reemplazar al recientemente suspendido alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas. Las expectativas eran altas.

 Se esperaba que las directivas retomaran el norte que prometieron con su renovado proyecto de izquierda y ofrecieran ternados capaces de reencauzar la muy desviada dirección de la capital. Finalmente, tras una administración sumergida en la ineptitud y las acusaciones de corrupción, no era mucho pedir que primara, por fin, el interés común.

El Polo, sin embargo, se asfixió en sus conflictos internos: a Tarsicio Mora Godoy, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, lo postuló seguramente la sección anapista del partido junto con los llamados Carbono 14, en cabeza de Wilson Borja, Jaime Dussán y Jesús Bernal. El Moir, dirigido por Jorge Enrique Robledo, puso al exconsejero de Estado Jaime Moreno y, aunque si bien Clara López, directora del partido, debería permanecer neutral, Mariella Barragán Beltrán fue seguramente cuota suya.

Se ha discutido ya sobre si Mariella Barragán Beltrán, por ser la actual secretaria de Desarrollo Económico, estaría impedida. Pero si ese fuera el caso, por su dirección en la Cámara de Comercio, la ministra de Educación, María Fernanda Campo, actual alcaldesa encargada, también lo estaría. La terna, en principio, es viable. La inconformidad que se ha suscitado no es porque no se cumplan los requisitos, sino porque sólo lo hacen al mínimo. Ninguno ha sido gran ideólogo ni tampoco destacable administrador. De hecho, sus nombres no los reconoce Bogotá. ¿Por qué ha querido el partido jugar con la confianza de los electores en lugar de dar un parte de tranquilidad a una ciudadanía que con toda razón se encuentra inquieta por la suerte de su ciudad?

Más allá de sus diferencias, los nombres de Carlos Gaviria, Jorge Enrique Robledo e, incluso, el de Clara López hicieron falta en la terna, de la misma manera que lo hizo el de un conocedor de la capital como Carlos Vicente de Roux. Es un desaire para la ciudad que las grandes figuras del Polo no hayan salido a responder por errores de su partido, en especial cuando sólo en manos de estas fichas podría llegar a ser exitosamente abordado un terreno tan enmarañado como es hoy, en buena parte por la mala administración del Polo, Bogotá. El penoso desastre, decidieron las cabezas delegarlo a otros.

Rescatar la capital es una tarea espinosa, pero en los ocho meses que vienen se deben concretar licitaciones y entregas cruciales y millonarias, que bien pueden ir marcando el rumbo de dicho rescate. El deber moral del Polo era ese. Pero su interés, claramente, ha sido otro. Ahora, por ello, no sólo está en entredicho el futuro de la capital, sino incluso el del partido. La administración de Lucho Garzón, si bien no fue impecable, supo capitalizar la cultura ciudadana que se heredó de Antanas Mockus y además complementarla con una encomiable política social. Samuel Moreno y la nociva intromisión de su hermano, el senador Iván Moreno, se las arreglaron para destruir lo logrado. Todavía había esperanzas de que el partido se pusiera de pie, tras pedir la renuncia, tardía pero todavía necesaria, al alcalde Moreno. Con la selección de esta terna, no obstante, el Polo demostró que está absorto, por no decir ausente.

¿Qué deberá hacer entonces el primer mandatario? No estaría de más que asumiera una lucha política por el bien de la ciudad y rechazara la terna, así no sea inviable. Cierto es que en una democracia funcional las decisiones de los partidos deben respetarse y el costo institucional de no hacerlo es muy alto. Pero la situación de la ciudad es extrema y el presidente Santos debe ponderar con calma lo que parecen ser dos males y elegir el menor de ellos. Y si finalmente se elige a alguno de los ternados, será responsabilidad del escogido demostrarnos que estábamos equivocados.