La dignidad que necesita nuestro fútbol

LA DEMOSTRACIÓN DE ENTEREZA Y dignidad de los jugadores profesionales y el cuerpo técnico del Deportes Quindío al negarse a enfrentar a Millonarios el pasado sábado, debido a la falta de pago de salarios y seguridad social, no tiene precedente en Colombia y marca un hito que puede cambiar la historia de nuestro desprestigiado fútbol profesional.

 Por fin alguien se atrevió a desafiar y a mantener su posición contra el poder nefasto —y en muchos casos mafioso— de los directivos del fútbol, quienes por años han incumplido con sus obligaciones como empleadores y contribuyentes, conductas que se convirtieron en una costumbre admitida por jugadores, técnicos, periodistas y la afición. Práctica que, por lo demás, se pudo consolidar por la omisión y complicidad de los funcionarios encargados de controlar y sancionar estos abusos. En este ambiente, todo aquel que se atreviera a enfrentarse a los jerarcas del fútbol era condenado, sin clemencia, al destierro para continuar siendo parte de la “familia del fútbol”.

La valiente actitud de los deportistas del Quindío, sin embargo, ha generado un motivado rechazo de la opinión y el asunto hoy está planteado a otro precio. Aprovechando la efervescencia y el apoyo popular ante el descaro de presentar un equipo de juveniles el sábado en Bogotá para obviar la justa protesta del plantel profesional, el director de Coldeportes ordenó a sus funcionarios que realizaran visitas a los clubes profesionales para establecer la real situación de sus finanzas. Dicha rápida revisión permitió comprobar que la información que había sido reportada por los equipos era inexacta y, como consecuencia del engaño, Coldeportes inició el proceso para suspender el reconocimiento deportivo del Quindío y de otros clubes que se encuentran atrasados con el pago de sus obligaciones laborales.

El malestar de los directivos no se hizo esperar. Al culminar una asamblea relámpago el pasado miércoles, salieron a proferir su sentencia inconmutable: si se mantiene la posición de sancionar a los clubes, romperán sus relaciones con el Gobierno. Por si fuera poco, sintiendo por primera vez en mucho tiempo amenazado su poder omnipotente, salieron a decir que los responsables de la crisis son “fuerzas ocultas que intentan acabar con nuestro fútbol”, en palabras del presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor), Ramón Jesurún. Los patos tirándoles a las escopetas.

El fútbol colombiano vive desde hace años alrededor de alianzas con la mafia, influencia maldita cuyas secuelas necesitamos erradicar de una vez por todas. Y tanto la Federación como la Dimayor se han hecho las de la vista gorda o se han unido a la orquesta. Ojalá que las amenazas de represalias en contra de todos aquellos que queremos que nuestro deporte opere con capitales sanos y con prácticas de buen gobierno, no amilanen a los futbolistas y al director técnico del Quindío, que se han convertido en la esperanza de todo un país. Después de Semana Santa, el presidente Santos sancionará la ley que entrega nuevos instrumentos que contribuyen al fortalecimiento de los clubes —a los cuales en adelante se les exige que, para que puedan operar, deberán contar con capitales y socios visibles—, mecanismos expeditos para imponer sanciones a aquellos que incumplan esta norma y la imposición de  prisión y multas para aquellos que atenten contra la seguridad en los espectáculos deportivos. Parece llegado el momento de devolverle la dignidad a nuestro fútbol.