La estrategia santista

Se esperan relevos en Mindefensa y varias embajadas.Se apunta también a la unificación del Partido Liberal, a concretar una alianza política entre Carlos Fernando Galán y David Luna e incluso acercar al sector menos radical del Polo Democrático al gobierno de Unidad Nacional.

El año pasado, en plena campaña presidencial, alguien lo describió como un audaz jugador de póquer que aplica las reglas de ese juego a su vida. Este lunes, a 12 días de cumplir su primer año de mandato, el presidente Juan Manuel Santos ha demostrado ser todo un ‘Tight player’, término que se utiliza para definir a aquel jugador selectivo, que no va a muchas manos sino que escoge la jugada sólo ante buenas cartas y apuesta en consecuencia.

Además, el jefe de Estado ha contado con un plus adicional: ha tenido la mejor mano (‘Best hand’ en el póquer). Salvo uno que otro roce menor, la Unidad Nacional marchó como un reloj suizo, el Congreso aprobó las iniciativas claves, el país y su nombre se posicionaron en el escenario internacional y ante la opinión pública logró interiorizar su discurso del “buen gobierno”, la “urna de cristal” y “cero tolerancia contra la corrupción”. Y de paso se supo desmarcar de ese uribismo recalcitrante que generaba polarización.

Que Santos no es Uribe, eso ya lo entendieron simpatizantes y contradictores. Algo que, según conoció El Espectador, se ratificará esta semana, cuando se den los primeros anuncios sobre cambios en el gabinete y reacomodamiento en las embajadas. Porque si Uribe fue un presidente de ministros de cuatro y hasta más años, todo indica que Santos prefiere cuadrar sus cartas de acuerdo a como se plantee el momento político, que muestra hoy al Partido Verde en la Unidad Nacional, la antesala de un proceso electoral a nivel local y regional y la necesidad de afinar la estrategia en la lucha contra las Farc, el mayor dolor de cabeza a pesar de golpes como el de la muerte del Mono Jojoy.

Y es precisamente por el Ministerio de la Defensa por donde comenzarán los cambios. En la Casa de Nariño creen que Rodrigo Rivera Salazar, a quien algunos siguen viendo como un bastión del uribismo ‘purasangre’, ya cumplió su ciclo y su desgaste es evidente. El nombre de su relevo ya estaría listo: Juan Carlos Pinzón, actual secretario general de la Presidencia, quien acompañó a Santos como su viceministro cuando estuvo al frente de la misma cartera de Defensa, durante el gobierno Uribe.

Experto en estrategia y planeación, Pinzón fue quien lideró el diseño de la política de consolidación de la Seguridad Democrática, dirigió la ejecución del Impuesto al Patrimonio y contribuyó a estructurar la modernización de la capacidad de operaciones especiales y de inteligencia de las Fuerzas Armadas. Por eso, según contó una fuente cercana a la Presidencia, “su misión al frente del Mindefensa tendría un fin fundamental: recomponer las resquebrajadas relaciones que actualmente existen entre las diferentes fuerzas, unificar la información y revertir la sensación que se tiene de que se ha retrocedido en seguridad”.

Pero la nueva estrategia apunta también a otros objetivos de carácter político. Uno de ellos buscaría concretar una alianza entre los candidatos a la Alcaldía de Bogotá Carlos Fernando Galán, de Cambio Radical, y David Luna, del Partido Liberal, y así incrementar las posibilidades de ganar. Para definir el candidato único se recurriría al mecanismo de la encuesta y hay quienes creen que la coalición daría para pelear de tú a tú la Alcaldía con Gustavo Petro Urrego y Enrique Peñalosa.

Otro plato que se estaría cocinando, así el presidente Santos lo niegue, es el de la reunificación liberal. Una maniobra que tendría como punta de lanza abrirle el camino a la nueva generación que ya despunta y que tiene como puntas de lanza a Miguel Samper (hijo del expresidente Ernesto Samper y actual director de Justicia Transicional del Ministerio del Interior), Horacio José Serpa (hijo del hoy gobernador de Santander Horacio Serpa y candidato al Concejo de Bogotá), Simón Gaviria (hijo del expresidente César Gaviria y recién elegido presidente de la Cámara de Representantes), además de Galán y Luna. Detrás de esta movida estaría el apoyo de Germán Vargas Lleras, Rafael Pardo Rueda y César Gaviria Trujillo.

Según se oye decir en círculos cercanos al palacio presidencial, el nuevo mapa político que apunta a configurar el santismo implicaría la desaparición en el mediano plazo de Cambio Radical, que Vargas Lleras asuma el liderazgo del Partido Liberal, relegar al Partido Conservador y a los uribistas radicales a un segundo plano, propiciar la llegada de Armando Benedetti a la presidencia de la U e incluso acercar a los miembros del Polo Democrático que no representan la línea radical. La maniobra, se dice, habría empezado el pasado 20 de julio, con la elección de Alexánder López como segundo vicepresidente del Senado con el apoyo de la coalición de gobierno.

Lo que queda claro es que de a poco y con paciencia de buen jugador, Santos está logrando direccionar el país hacia la denominada ‘Tercera Vía’ que planteó en un libro cuyo prólogo fue escrito por el exprimer ministro de Gran Bretaña Tony Blair, uno de los promotores de este planteamiento que sugiere el distanciamiento del capitalismo y la derecha radical que, creen algunos analistas, encarna el expresidente Uribe, y de esa izquierda recalcitrante que representa un sector del Polo Democrático. En sus palabras, Santos así lo ha definido: “Se trata de un sano equilibrio entre el capital y el trabajo, para que funcionen unidos, así como las bases que sustentan el concepto de Buen Gobierno, que son las guías de nuestra administración”.

Es el estilo Santos, sabe que en estos momentos tiene la mejor mano y por eso juega a ganar. Se sabe que al frente de los ministerios de Trabajo y Vivienda, en torno a los cuales ha habido muchas especulaciones y se han barajado muchos nombres, estarán santistas puros. Por otra parte, las elecciones de alcaldes y gobernadores de octubre serán también un punto de referencia. En el Ejecutivo saben que las leyes claves que fueron aprobadas en la primera legislatura requieren del apoyo a nivel local y regional para ser implementadas en la realidad.