La falta de fe

Todos confiaban en la selección Colombia de cara a esta Copa América.

Pero pocos imaginaban que terminaría primera en el Grupo A. Para ser sinceros, ni siquiera este enviado tenía reserva para viajar a Córdoba, la sede del partido de los cuartos de final. Menos mal que el trayecto puede hacerse en micro con sólo recorrer 337 kilómetros a través de la autopista. Con la garantía de llegar, en especial si se tiene en cuenta que las cenizas conspiran contra los cronogramas aéreos.

Lo cierto es que entre los miles de colombianos que vinieron hasta aquí con toda su ilusión, hubo varios que ni siquiera tuvieron la previsión de traer el dinero suficiente para moverse de aquí hacia allá. La mayoría apostó al segundo puesto y la estadía en el Litoral. Fue el caso de Jairo, un antioqueño que lucía desesperado en la puerta de la cancha de Unión de Santa Fe, el campo de juego en el que se entrena la selección. El muchacho, con una barba que también delataba el olvido de una afeitadora, ofrecía a diestra y siniestra una cámara fotográfica a 80 dólares con el objetivo de comprarse el pasaje para acompañar a la tricolor al estadio Mario Alberto Kempes.  Eso sí, lo hacía sin el chip. “Es que quiero guardarme los recuerdos”, se excusaba cuando la negociación se ponía dura con algún que otro turista interesado en quedarse con los flashes.

¿Qué hará Jairo si Colombia no sólo supera los cuartos y en La Plata, el martes, accede a la final de la Copa América? A esa altura del torneo, quizá no se arrepienta de quedarse afuera del cuadro. Sobre todo, si la vuelta olímpica en el Monumental de Núñez, como esperan todos en su país, tiene el inconfundible aroma de un buen café.