La feria 2011 lo espera

Este jueves será la presentación del libro del presidente Rafael Correa, de Ecuador, quien además inaugurará el pabellón de su país.

A veces el silencio es una buena primera frase. Que ese silencio dure un minuto es una costumbre que jamás comprendí, pero elegí aceptar con resignación. Hasta ayer. Por eso adherí mi opinión al susurro creciente de quienes objetaron: “Un minuto no bastará para honrar a todo Sábato”. Doy fe de ello: fue insuficiente. Siempre lo será. A Sábato, más aún, no podría honrárselo con ningún silencio; sería una contradicción.

En medio de ese silencio por la muerte de uno de los más notables escritores de Argentina, del español, ayer se abrieron las puertas de la 24ª Feria Internacional del Libro de Bogotá. Una Feria atiborrada de expectativas: la edición del evento anterior fue apenas en agosto del año pasado. Ello, naturalmente, causa temores, dudas, pues un evento de tal magnitud... unos meses después.

Ahuyentaré esos temores, espantaré esas dudas: En su edición 23, la FILB tuvo como invitado de honor a Colombia (Boyacá, siendo precisos); este año el país invitado es Ecuador, que, entre su maleta de incontables atractivos culturales, nos trae una réplica del Parque Nacional Yasuní, donde en solo una hectárea crece casi la misma cantidad de especies de árboles que en toda Norteamérica. Y, perdón por la honestidad que parecerá poco patriotismo, ¡este año no celebramos ningún bicentenario! El espacio libre que en los estantes dejó esa desbandada de historia mal contada (por embustera una, por condescendiente otra), ofrecerá este año no sabemos qué originales temas, qué nuevos formatos, qué nóbeles autores.

Temas, formatos y autores. Los tres sujetos sobre los que mantendré puesta la mirada durante 13 días, un número que, bajo esta particular condición, podría ser el de la buena suerte. Ahora toco madera, recuerdo que no soy supersticioso, y pienso: lo veremos.

Pero, pese a mis intereses particulares, la FILB no llega solo hasta aquí. Además de un espacio para las letras y sus lectores (razón final de su existencia), la Feria es una convención en la que se gestan los más importantes lazos comerciales del campo editorial colombiano con el exterior. Ricardo Vallejo, vicepresidente de Proexport Colombia, entidad organizadora de la rueda de negocios de la Feria, confirma que este año las apuestas están sobre la mesa; como diría un buen apostador: la FILB irá all in. Las razones son muchas: 30 millones, a decir verdad. En su edición anterior, nada más en la rueda de negocios se lograron más de 21 millones de dólares en ventas, cifra a la que se sumaron otros 9 millones durante el resto del certamen. Para esta edición se espera superar esa cantidad nada despreciable de ceros. Y los 140 compradores internacionales que tendrán cita con 129 exportadores nacionales son un buen sustento de esa expectativa.

Ahora caminaba por entre las mesas (afuera llovía). De muchas formas encontré placentero recorrer un lugar en el que la industria colombiana del libro hacía gala de sus virtudes. Una de ellas, la más llamativa sin duda, una pared con 25 ilustraciones fijas, y otra en la que, ante los ojos de todos los visitantes, tomaba forma y vida una ilustración a dos manos. Era tiempo del talento.

Y es tiempo de Feria. Que algunos vestirán un respetuoso negro, que Vargas Llosa —su nobel agenda se lo impidió— no vendrá a visitarnos, que llueve; eso todo es verdad. Pero es tiempo de Feria, ya una justificación suficiente para permitirme uno que otro exabrupto contra usted, amable lector: ¡¿Qué hace leyendo esto?! ¡La Feria lo espera! Y, parafraseando a Larra, vuelva usted mañana.

 

Temas relacionados

 

últimas noticias

Jorge Luis Borges: entre la poesía y la ceguera

Una arquitectura de interés público

Homenaje al amistoso lector