La fiesta de 'La Arenosa'

Con inauguraciones y conciertos, la capital del Atlántico celebró este fin de semana su cumpleaños número 198.

Después de cien años de su fundación, un pedazo de tierra, bañado de río, adquirió el carácter de Villa el 7 de abril de 1813. A diferencia de otras ciudades como Cartagena o Santa Marta, Barranquilla no tuvo un origen colonial, ni tampoco nació de un asentamiento indígena; tiene una historia, no documentada, transmitida a fuerza de la tradición oral y construida a través de especulaciones. Sitio de libres, al fin y al cabo, que parte de la espontaneidad, esa arma de doble filo. Se dice que fue fundada por unos ganaderos de Galapa (hoy municipio del departamento del Atlántico), que vinieron en busca de agua para el ganado en época de sequía, pero no hay documentos que así lo aseguren. Tampoco se tienen registros del que fuera el primer Carnaval.

Ciertas actitudes y condiciones empezaron a sumarle importancia. “Desde el inicio de la última década de la primera mitad del siglo XVIII, Barranquilla contaba con alcalde pedáneo y su actividad no sólo era el transporte por el río Magdalena, sino también una serie de transacciones comerciales que iban desde la compra y venta de mercancías, solares o predios rurales, hasta préstamos al interés e hipotecas como lo hacía el padre Luis Suárez. También el comercio ilícito (contrabando) comenzaba a figurar por la ensenada de Sabanilla” (Barranquilla, Andrés Viloria, Zenith de la Torre, Ricardo Guardiola, 1995).

Consolidarse como puerto, sus pasos a la urbanización, su creciente población y, finalmente, la participación de sus habitantes en la guerra de Independencia, le dan su título y le abren paso a otros avances progresistas, como el establecimiento de sus industrias (aunque por ello haya sacrificado su río).

Es esta la ciudad que está de fiesta. Una ciudad con tal particularidad, que Gabriel García Márquez solía decir de ella que era una fuente inagotable de historias y cosas insólitas. Y para celebrar, pasan varias cosas: en la Galería de la Aduana, por ejemplo, se inauguró el pasado viernes la exposición fotográfica “Huéspedes invisibles”, de Fabiana Flores, quien fue arriesgada e importante reportera de El Heraldo en los ochenta y nos presenta aquí una mirada a las ausencias en el centro histórico de la ciudad.

Y como esta ciudad se debe a su Carnaval, una de sus extremidades inherentes, la Fundación Carnaval de Barranquilla también ha querido darle un obsequio en sus 198 años. Inauguró, en su día, una nueva sala interactiva que conjuga sus danzas, manifestaciones, disfraces y, por supuesto, su música. Todo lo pensado y, sobre todo, lo vivido en relación con el Carnaval de Barranquilla no cabría en un espacio de tan sólo 86 m2, pero este es apenas el comienzo de lo que se planea que sea un museo. Uno que ocupe toda la vieja Casa del Carnaval, usada desde sus principios, más que todo, para los ensayos que hacen las comparsas, previos a las fiestas, y para alguna otra celebración relacionada con disfraces y reinas.

“El tema de la sala es la creatividad, y llegamos allá caminando por temas como la espontaneidad, la risa, que es de ahí de donde nace la fiesta”, explica su museógrafo Alexis Pacheco. El proyecto fue desarrollado por el Parque Cultural del Caribe, que ya tuvo su experiencia con el Museo Interactivo de la región que ahí alberga. Su directora, Carmen Arévalo, subraya la importancia que tiene: “Había que hacer algo que realmente agarrara el interés de la gente, que moviera la parte emocional… El ejemplo del Museo del Caribe es clarísimo. Uno sale de ahí fortalecido como ciudadano caribe. Porque conoce, y entre uno más conoce, más aprecia y más quiere, y esa también es la idea acá”.

La sala ‘Elsa Caridi’ es apenas una ventana hacia los ritmos más importantes, como la puya, el mapalé, el son corrido, el chandé; hacia máscaras olvidadas como la del golero; hacia esas historias que cuentan los disfraces y los bailes. Ya la Fundación Carnaval, liderada por Carla Celia, había hecho un primer aporte al publicar un libro sobre el Carnaval, que recoge documentos, ensayos, reflexiones importantes, sin precedentes. Desde 2003 se había planteado, en mesas de trabajo con la Unesco, la necesidad de esta sala, como lo cuenta Celia, quien ha trabajado con eficacia para materializarla, y que finalmente, con los aportes del Ministerio de Cultura y empresas patrocinadoras, hoy es posible.

Como para recordar y celebrar, el “Concierto Caribe” de la Emisora Uninorte FM, que con el gestor cultural Rafael Bassi Labarrera a la cabeza, puso a sonar la Sultana del Caribe de Pacho Galán, como su Barranquilla y su Río y mar”; la Tierra barranquillera de Tony Peñaloza; La Arenosa de la legendaria Emisora Atlántico Jazz Band y Se va el caimán de Jimmy Salcedo, entre otras.

La ciudad empieza a construir memoria, a reivindicarse con su falta de historia. Pero en un día como este, también cabe preguntarle a ella misma, como lo hace el poeta Miguel Iriarte: “¿En qué alforjas han quedado tus riquezas?/ ¿Cuántas manos entraron y salieron de tu falda?/ ¿Dónde está el traje de luz de aquellas noches?/ ¿Quién te ha estado manoseando en la oscurana? (Semana Santa de mi Boca, 2011).

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