La furiosa represión en Siria

En la jornada más violenta desde el comienzo de las protestas civiles, el régimen de Bachar el Asad puso en marcha operativos militares que dejaron 121 civiles muertos y desataron el repudio de la comunidad internacional.

El de este domingo fue uno de los amaneceres más sangrientos en Siria desde que las protestas contra el presidente Bachar el Asad —en el poder desde el año 2000— comenzaron en marzo pasado. Hama, en el centro del país, una ciudad con cerca de 800.000 habitantes, había visto cómo desde hace poco más de un mes la fuerza pública iba abandonando las calles ante el rechazo ciudadano al régimen de Asad y la necesidad de atender otros puntos de un país en constantes revueltas. Los opositores, que son la gran mayoría, aprovecharon la ausencia del ejército para cubrir las calles de la ciudad con barricadas, barreras de hormigón y sacos de arena previendo el fuerte regreso de los soldados. Nada de esto fue suficiente para contener a los tanques de guerra que entraron sin mayores problemas cuando comenzaba a salir el sol. Al final del día, la cifra de manifestantes muertos llegó a 95.

La incursión de los tanques se produjo justo un día antes de que se iniciara el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes y el tiempo en el que todos los días serían de ira contra el régimen, según hicieron saber los rebeldes. El operativo militar, tildado de masacre por el Parlamento Europeo, estuvo acompañado por francotiradores en los techos de los edificios que disparaban a los manifestantes.

Después del ataque a Hama, los voceros del gobierno sirio aseguraron que el fuego fue utilizado contra rebeldes armados con rockets y armas de largo alcance. Sin embargo, la periodista Nada Bakri de The New York Times, reportó que dentro de las armas de los opositores no iban más allá de palos y piedras, con lo que intentaron infructuosamente detener el avance de las fuerzas oficiales tras ser vulneradas sus barreras. El portavoz de la Embajada de Estados Unidos en Damasco, J. J. Harder afirmó: “Este es un régimen que continúa sorprendiéndonos por lo terrorífico que puede llegar a ser”.

Desde los años 80, Hama ha sido una ciudad opositora, influenciada ideológicamente por el grupo islamista de los Hermanos Musulmanes. En 1982 fue escenario de uno de los asaltos más brutales en la historia de Oriente Medio. El presidente Hafez el Asad, padre del actual mandatario, ordenó a sus tropas bajar los humos de lo que lucía como una amenaza en potencia para su poder: al menos 10.000 pobladores murieron mientras la ciudad se preparaba para la revuelta.

En esta oportunidad, los tanques de Asad hijo no sólo fueron utilizados en Hama. La ofensiva militar contra los rebeldes comprendió también, aunque en menor medida, a las ciudades de Deir el Zor y Herak, en operaciones que elevaron a 121 la cifra de muertos, de acuerdo con Ammar Qourabi, presidente de la Asociación Nacional de los Derechos del Hombre de Siria.

Los primeros gobiernos europeos en reaccionar fueron los de Francia, Italia y Alemania, que pidieron por un cese inmediato de la violencia en el país africano y un consenso profundo entre las fuerzas políticas del país para que instaure la democracias. También hicieron sugerencia a la Unión Europea y al Consejo de Seguridad de la ONU para impartir nuevas medidas y sanciones que obliguen al gobierno de Asad a retroceder en los hostigamientos contra civiles.

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