'La ganadería se ha enredado bastante'

Hacerles seguimiento a los fondos ganaderos, impulsar la siembra de maíz y aumentar el área sembrada en los próximos diez años, son algunos de los retos que tiene el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo.

La reciente intervención de la Superintendencia de Sociedades en el Fondo Ganadero del Meta, por presuntas irregularidades administrativas y financieras, abrió las puertas para que el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, de la mano con la Supersociedades, no descarte seguir con lupa varios fondos de este tipo en el país.

El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, le dijo a El Espectador que la ganadería es un negocio que se ha venido complicando debido a que la legislación de los fondos ganaderos tiende a ser confusa.

Restrepo contó también en qué consiste el plan de coberturas para el cultivo de maíz que ya se puso en marcha de la mano con la Bolsa Mercantil de Colombia y confió en que el país dé un paso hacia la reducción de la ganadería extensiva y otro tendiente a duplicar el área agrícola actual (5 millones de hectáreas) en los próximos diez años.

¿Qué pasa con los fondos ganaderos? No se descarta mirar con lupa algunos de ellos...

Es un negocio que se ha enredado bastante. La misma legislación de los fondos ganaderos no es muy clara en este momento. Entonces, hay que clarificarla y poner claros los controles y vigilancias en los fondos. Hubo que intervenir el Fondo del Meta. Con la Supersociedades estamos mirando con cuidado los fondos.

Viene el fin de la Dirección Nacional de Estupefacientes. ¿Qué va a suceder con las tierras que allí se tienen?

La idea general es que todas aquellas tierras con vocación agrícola —no casas con piscina y baños turcos—, de las cuales vaya habiendo extinción de dominio, vayan pasando al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) para que engrosen el banco de tierras con las cuales se harán programas agrarios.

Que esas tierras que están ociosas en manos de Estupefacientes vayan pasando a cumplir su función social, que es servir de base para recibir proyectos productivos de campesinos que hoy, queriendo trabajar la tierra, no la tienen.

Aproximadamente la DNE tiene unas 500.000 hectáreas incautadas. De esas, 100.000 están en camino de extinción de dominio rápido. Esa sería la primera cuota que pasaría al Incoder.

De esas 100.000, la mitad ha pasado al Incoder. En los próximos meses pasará la otra mitad.

El Gobierno presentará pronto un impacto de los cultivos ilícitos en el agro…

Es un estudio que está organizando el DANE y él es el que va a dar los resultados. El orden de magnitud de hectáreas sembradas en coca son 62.000, que es un área sensiblemente menor a la que hubo hace unos años.

¿Cómo están las cosas en el agro por este fenómeno?

El área refleja un proceso de reducción y en la medida en que tengamos éxito en los programas de restitución de tierras de programas de desarrollo rural, menos estímulos tendrán los campesinos para ir al cultivo ilícito y más para quedarse en el cultivo sostenible lícito. Lo que se está viendo en desarrollo rural es la colonización de bosques para sembrar ilícitos. El gran destructor del bosque natural ha sido el cultivo ilícito.

¿Cómo se explica la reducción del área agrícola entre 1970 y 2010?

Eso se explica porque cuando se inició abruptamente la llamada apertura económica hubo muchas regiones que estaban en la agricultura y se ‘potrerizaron’. Por eso es ese retroceso. Queremos ir recuperándolo para que la agricultura tenga más espacio y utilización del territorio.

Hoy tenemos apenas 5 millones de hectáreas y tenemos un territorio de 114 millones de hectáreas. Colombia podría perfectamente llegar a 10, 15 y hasta 20 millones de hectáreas sin que se menoscaben sus potencialidades pecuarias. Con menos tierra, pero más intensiva, Colombia puede ser una potencia ganadera.

La ganadería ocupa casi 39 millones de hectáreas…

La Ley de Desarrollo Rural va en dirección de ir induciendo un proceso según el cual haya más agricultura, menos ganadería extensiva y más reforestación industrial.

¿De aquí a diez años las cosas pueden estar más ajustadas en ganadería?


Más ajustadas, pero con el mismo hato ganadero y las mismas potencialidades. No necesitamos renunciar a unas posibilidades grandes que tiene Colombia.

Existe el discurso de que el país puede ser una gran despensa. ¿Cómo lo ve en 10 años?

Vería al país no en cinco millones de hectáreas, sino en el doble. Esas 10 con mayores índices de productividad. Es decir, podemos duplicar la producción tanto por área como por productividad. Caso típico: el maíz. A esa meta, este cereal le podría aportar casi 900.000 hectáreas.

¿Cómo se puede calificar el progreso del agro desde que comenzó el gobierno Santos?

Tuvimos un reto muy grande con la ola invernal. Se vieron golpeados los sectores ganadero y agrícola. Más de un millón de hectáreas entre afectadas e inundadas y más de millón y medio de cabezas de ganado que tocó mover a tierras altas.

A pesar de eso, desde que comenzó la administración Santos, después de llevar tres años consecutivos de crecimiento negativo de la agricultura, tenemos dos trimestres con cifras publicadas; el último de 2010 y el primero de 2011. Los resultados nos hacen sentir optimistas de que es una locomotora que se ha empezado a mover.

En el último trimestre de 2010 la agricultura creció 4,2% y en el primer trimestre de 2011, 7,8%. No quiere decir esto que en el año completo se vaya a crecer a esta tasa. Vemos una proyección de crecimiento entre 3% y 3,5%. Esto, unido a los resultados del último trimestre, nos hace ser optimistas para afirmar que después de tres años de estar parqueada en una estación, la locomotora agrícola está empezando a moverse y esperamos que con el tiempo vaya adquiriendo su velocidad de crucero.

¿La pesca se puede continuar tecnificando en la próxima década?


Sí, claro. Colombia tiene un potencial inmenso muy desaprovechado, tanto en la pesca de acuicultura de agua dulce como en la pesca artesanal y en la empresarial —grandes firmas dedicadas a la pesca del atún a mar abierto—.

Al hablar de restitución de tierras, ¿cuál es el balance?

La Ley de Restitución de Tierras se comienza a aplicar desde el primero de enero de 2012. Hemos hecho un plan de choque que comenzó el 7 de agosto. Vamos supremamente bien en restitución y en titulación. Ya vamos en 361.000 hectáreas y aspiramos a llegar a un poco más de 500.000 hectáreas entre restituidas y tituladas.

¿En qué va la Ley de Desarrollo Rural?

Vamos a hacer las consultas con las comunidades indígenas y afrodescendientes que ordena la ley y esperamos que en algún momento hacia septiembre la podamos estar radicando ante el Congreso.

¿Cómo va el proceso de reforma a la Bolsa Mercantil de Colombia?

Esta cobertura de maíz que es con la Bolsa Mercantil, es una muestra del giro que queremos que asuma la BMC. Que ésta se interese por las cuestiones agrarias y una de las maneras de hacerlo es que se monten programas de cobertura para productos agropecuarios.

Se rumora que los brasileños seguirán invirtiendo en el agro…

Si es una inversión seria que no llegue a especular con la tierra sino a producir, que aporte tecnología, que genere empleo, que se asocie y le dé cabida al mediano y pequeño productor en Colombia, es una cosa buena. El país no es “chauvinista” para vetar la inversión extranjera.

Donde menos llega inversión extranjera es a la agricultura. Sin embargo, están llegando a todo tipo de cultivos, biocombustibles, cereales, alimentos más especiales, algo en ganadería.

Se planea reformar instituciones como el Incoder…

El Incoder va a hacer parte de la reestructuración del Estado a la luz de las facultades que se han recibido. Vamos a poner en pie las instituciones que crea la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras.

La más importante es la creación de los jueces agrarios y de la unidad de restitución de tierras, que debe estar operativa el primero de enero.

¿Cómo va el tema de jueces agrarios?

Estamos hablando con el Consejo Superior de la Judicatura y creemos que la primera tanda de estos jueces estará lista para operar el primero de enero.

El Atpdea no puede seguir siendo un regalo de Estados Unidos. Hay varios sectores del agro afectados por ello…

El Atpdea no es una dádiva ni un regalo que nos hace Estados Unidos. Es la manera como EE.UU. —principal consumidor de narcóticos en el mundo— asume la corresponsabilidad con los países donde se produce. Ellos dan unas desgravaciones, pero no es el favor que nos hacen. Es el favor de la corresponsabilidad como consumidores. Así se entendió.

Sería bueno que el Congreso de Estados Unidos recapitulara esto y recapacitara. Están en mora de reactivar las desgravaciones del Atpdea hasta que se apruebe el TLC.

Los productores han perdido. Productos como las flores han tenido golpes debido a que sus márgenes son pequeños. Esperamos que salgan del impasse en el que se encuentran con el techo de la deuda y con la disputa entre republicanos y demócratas. Salidos de ese tema, que se ocupen de estudiar los TLC que faltan por ratificar con Corea, Colombia y Panamá.

Constitución de los fondos ganaderos en el país

Un fondo ganadero, de acuerdo con la Ley 397 de 1997, se define como una sociedad de economía mixta que llega a conformarse con los aportes de la Nación, entidades territoriales o descentralizadas. El objetivo por el que fueron creados es el “fomento, mejoramiento y sostenibilidad del sector agropecuario”.

 Según esta ley, los fondos ganaderos pueden realizar procesos de industrialización, comercialización, producción, distribución y financiación de servicios agropecuarios en alianza con terceros nacionales o extranjeros.

En 1959 surgió la primera reglamentación conceptual de estas asociaciones, que pasó a ser reformada en 1972, donde se definieron exenciones de impuestos y la composición del hato ganadero. Asimismo, 18 años después (en 1990) surgieron dos leyes que autorizaron a los fondos a recibir capitalizaciones del Gobierno y a unirlos al sistema nacional agropecuario. Luego, en 1994 se definió su estatuto orgánico y en 1997 se actualizó.

'Reencontrar una  tradición maicera'

El Ministerio de Agricultura puso en marcha un mecanismo innovador para incentivar la siembra de maíz, lo cual se sustentará a través de coberturas que permitan al productor ir a la fija sin perder a la hora de vender su cosecha. También se busca que Colombia ya no dependa de las importaciones de este cereal.

 ¿Cómo se va a desarrollar el sistema de coberturas para la producción de maíz?

Las coberturas para maíz son un complemento de País Maíz que permitirá que quien siembre este producto tenga un mecanismo de cobertura que le dé seguridad sobre a cuánto le va a salir el maíz desde que lo siembra. Eso es muy importante para los maiceros. Este es un programa piloto que, si nos funciona, podemos extenderlo a otros productos.

El país consume 4,1 millones de toneladas por año, de las cuales importamos 85%. Es decir, 3,4 millones de toneladas. Entonces el plan consiste en ayudar y promover que el país vuelva a reencontrar una traición maicera que fue la suya. Tenemos 160.000 hectáreas en maíz. Que pasemos siquiera a 250.000 hectáreas al cabo de este cuatrienio. En 2014 llegar a 250.000 hectáreas, lo que sería un aumento de 82%.

Es interesante porque es poner al servicio de los agricultores un mecanismo que puede permitir asegurar que no se va a llevar una sorpresa desagradable cuando venda la cosecha. Aquí estamos crudos. Precisamente una de las modernizaciones que estamos tratando de impulsar desde el Ministerio es este tipo de mecanismos.

Colombia hace varias décadas fue autosuficiente en maíz. Hoy somos altamente dependientes de las importaciones, sobre todo de maíz amarillo. Individualmente, es considerado como el producto en el que Colombia tiene mayor déficit.

No es conveniente ser tan dependientes. Este es un país que tiene cómo y dónde sembrar maíz. Estamos produciendo cerca de 688.000 toneladas actualmente. La meta es que en estos cuatro años la dupliquemos a 1,5 millones de toneladas.