La 'hecatombe' del Polo

Clara López dice que buscan linchar públicamente a la colectividad. Robledo advierte que no se amilanarán.Petro pide la renuncia de la dirección actual, mientras crecen rumores sobre su postulación a la Alcaldía.

El senador Iván Moreno está detenido por orden de la Corte Suprema de Justicia, que lo investiga por los delitos de concusión, cohecho y contrato sin cumplimiento de requisitos, dentro del proceso conocido como “el carrusel de la contratación en Bogotá”. El alto tribunal compulsó a su vez copias a la Fiscalía para que investigue, dentro de dicho proceso, a su hermano, el alcalde Samuel Moreno, pues considera que hay documentos y testimonios suficientes que así lo ameritan. Sobre ambos pesan también sendas investigaciones disciplinarias en la Procuraduría, por la contratación y por presuntas irregularidades en las consultorías para el diseño del metro en la capital, respectivamente.

Un oscuro panorama que lleva a que muchos en el escenario político nacional —simpatizantes y no— le impartan los santos óleos al Polo Democrático Alternativo (PDA), el partido de los hermanos Moreno, en el que de una u otra manera ayudaron a consolidar como la principal fuerza de la izquierda democrática en Colombia, que desde su creación se propuso la profundización de la democracia y alzó las banderas de la lucha contra la corrupción. Y aunque para su actual presidenta, Clara López, lo que se busca es un “linchamiento público” pretendiendo trasladar las responsabilidades individuales en colectivas, todos saben que la situación de Iván y Samuel Moreno tendrá un alto costo político y que la lucha deberá concentrarse en evitar una debacle que, incluso, pueda implicar la desaparición.

Lo sabe, por ejemplo, el expresidente del Partido, Carlos Gaviria —hoy retirado en sus cuarteles de invierno pero la figura más emblemática durante los últimos años—, quien reconoce que inevitablemente existe hoy una percepción negativa, que se ha sufrido un duro traspiés, pero que hay que levantarse. “Esa situación procesal le acarrea al Partido cosas muy difíciles de enfrentar por dos razones: por el hecho de que el Polo tiene muchos opositores y porque la bandera ética es inquebrantable y la corrupción no cabe en él (...); a medida que se vayan esclareciendo los hechos no se puede tratar de ocultar la realidad. Tenemos que poner la cara y mostrar que en el Polo siguen vivos sus propósitos y nuestras ideas”.

Para el politólogo Enrique Serrano, es claro que la izquierda siempre se ha vendido con las ideas de la moral y la transparencia y cuando éstas se van al piso, se queda como un partido más con los mismos vicios y las mismas divisiones que tanto han criticado en otros. “El electorado le está viendo pelar el cobre y sus factores de debilidad (...) En Bogotá no tienen candidato fuerte y la perspectiva de recuperarse como partido no existe. Alguien dirá que les queda Gustavo Petro, pero éste es una especie de renegado que ya no lo representa”, dice.

Postura similar a la del analista Alejo Vargas, quien cree que el precio que pagará el Polo, no sólo en Bogotá sino en todo el país, en las elecciones locales y regionales de octubre próximo, será muy alto: “Cuando se incurre en prácticas que se supone que no serían la norma de organizaciones con carácter independiente, de oposición o de izquierda, se obtiene un rechazo de los electores”. Mientras que la investigadora Bibiana Clavijo llama la atención sobre un hecho que pocos se detienen a mirar: “Se trata del único partido de oposición en el Congreso, con una representación del 7%. Con todo lo que está viviendo y las fracturas internas tan profundas, no habrá labor de vigilancia al Gobierno”.

Porque definitivamente la división entre las tendencias que convergen dentro de la colectividad se ha hecho más grande con la crisis actual. Jorge Robledo, su referente en el Legislativo, va a la carga y dice que es evidente que los adversarios viejos y nuevos, de manera políticamente calculada, ocultan que en asuntos penales las responsabilidades son individuales con el objetivo de provocarle el mayor daño al único partido de izquierda democrática en Colombia. Y sentencia: “Los colombianos pueden contar con que el Polo, fiel a sus principios, no se amilanará ni entrará en componendas con el gobierno regresivo del presidente Santos”.

Gustavo Petro —vía Twitter— responde que lo único que puede acabar al Polo no es la “falsa alianza” que le endilgan con Santos sino la corrupción. Y plantea sus propios escenarios: “En el Polo pueden suceder dos cosas: o la política del avestruz que lo destruirá, o la renuncia de su dirección actual. Si sucediera lo segundo, podría entrar en una etapa de reflexión, autocrítica y aprendizaje de lecciones que le darían una segunda oportunidad”. Oportunidad que, según conoció El Espectador, implicaría el respaldo desde las bases del Partido a su candidatura para la Alcaldía de Bogotá, que será lanzada en próximos días. 

Una historia de discrepancias

El Polo Democrático se construyó en 2002 con el consenso de varias tendencias de la izquierda, que durante los últimos años han librado un pulso por el poder en su interior, en el que la Anapo —el sector de los Moreno, incluyendo a su mamá, María Eugenia Rojas, y el de menos inclinación hacia la izquierda— tomó ventaja tras el triunfo de Samuel en la Alcaldía de Bogotá, en 2007.

Según explicó Clara López, actual presidenta de la colectividad, cuando se hizo el acuerdo de fusión entre el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática, se amplió el acuerdo de unidad con lo que se llamó la tercera pata, en la que venían la Anapo, representada por Iván Moreno; los angelinistas, que era una corriente del Valle del Cauca afín al hoy vicepresidente Angelino Garzón, y el sector de María Emma Mejía.

Gustavo Petro ha dicho que desde un comienzo hubo discrepancias entre él y Antonio Navarro con lo que era la línea samperista del Partido, representada por los Moreno (Iván fue viceministro de Salud y ministro de Trabajo en el gobierno de Ernesto Samper). Según dijo, lo que había era desconfianza por lo que consideraban eran las prácticas clientelistas de ellos. Luego, cuando Lucho Garzón llegó a la Alcaldía, el sector de los Moreno cogió más fuerza.

 

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