La Historia en dos besos

El príncipe William y Kate Middleton contrajeron matrimonio el viernes en Londres, ante 1.900 invitados de las casas reales del mundo, de la alta sociedad, la farándula y el deporte. La reina Isabel II los nombró Duques de Cambridge.

Dos besos. Apartados del protocolo real por primera vez en cuatro horas, desde que salieron de sus respectivos hogares para dirigirse a la Abadía de Westminster para contraer matrimonio, Kate Middleton y el príncipe William sellaron ayer su unión con un par de besos en el balcón principal del Palacio de Buckingham ante decenas de miles de curiosos que fueron sorprendidos por la audacia real. Era la 1 y 27 minutos de la tarde. Algunos recordaron que 30 años atrás, el príncipe Carlos besó a Lady Di Spencer en el mismo balcón. Ella inclinó su cuerpo y cerró los ojos. Los comentaristas, entonces, se atrevieron a afirmar que el instante había sido sublime.  Pasados varios años, Lady Di reveló que aquel fue uno de los momentos más deprimentes de su vida.

Segundos después del beso real, las casas de apuestas de Londres informaron que en el rubro de besos, muy pocos habían acertado.  La ruleta de las adivinanzas, dinero de por medio, había comenzado a girar desde un mes atrás. Las preguntas eran de todo tipo: ¿Quién diseñó el vestido de la novia? ¿Cuándo nacerá el primogénito de la pareja? ¿Será amarillo, rosa o de color melocotón el sombrero de la Reina? ¿Se darán el beso en el balcón? ¿Perderán algo en el camino? Algunas de las respuestas comenzaron a surgir segundos después de las 11 de la mañana, Greenwich meridian time.  El vestido de quien ahora pasó a llamarse Katerine, princesa de Cambridge, fue diseñado por Sarah Burton, de la casa de moda británica Alexander McQueen.  El sombrero de la reina Isabel, quien cumplió 85 años, fue de color amarillo.

 El beso se multiplicó por vez primera en la historia de la casa de Windsor, y sobre la llegada o no del primogénito de la pareja habrá que aguardar algunos días, más allá de que los diarios sensacionalistas se han dedicado a difundir  el rumor de que Kate Middleton ya está embarazada.  La boda real, según informes de la BBC, fue vista por un poco menos de un tercio de la humanidad, algo así como dos mil millones de habitantes. Tuvo un costo cercano a los 45 millones de euros, de los cuales 32, aproximadamente, fueron destinados a la seguridad. La familia de la novia aportó 113 mil euros, fundamentalmente para la fiesta que se celebró antes de la ceremonia nupcial.

La revista Ok Magazine reveló que la Casa Real  gastó 540 mil euros en la decoración de la Abadía de Westminster, que el Champagne Bollinger que se sirvió anoche en la fiesta de bodas costó 60 mil, que el anillo de Kate Middleton, de oro galés, tuvo un costo de 11 mil dólares, y el vestido, 434 mil. Por el lado de los ingresos, los medios económicos británicos estimaban que la boda le dejaría a Inglaterra, por diversos conceptos, más de 750 millones de euros. Turismo, publicidad, souvenirs. La agencia consultora Pwc calculó que más de 500 mil ingleses arribaron esta semana a Londres con el fin de apostarse a lado y lado de la avenida que comunica Westminster con Buckingham.

La ceremonia religiosa, presidida por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, líder espiritual de la Iglesia de Inglaterra, había durado una hora. La reina Isabel II fue la última en llegar hasta la abadía. Momentos antes había nombrado a su nieto William, Duque de Cambridge. Por lo tanto, Middleton pasaba a ser Duquesa de Cambridge. Los novios fueron recibidos con música de Edward Elgar, Vaughan Williams y Benjamin Britten, compositores ingleses del Siglo XX, y por siete trompetas que resonaron en la iglesia, como lo habían hecho otras siete trompetas más de mil años atrás, en la misma nave, cuando fue coronado Guillermo el Conquistador.

Él iba vestido con su uniforme rojo y azul de la Guardia Irlandesa del ejército británico. Ella, con un vestido blanco marfil cuya cola medía algo más de tres metros, un discreto velo y una tiara, préstamo de la Reina Isabel. Llevaba un ramo de flores conocidas en el Reino Unido como Sweet William, una variedad que en español se traduce como clavel de Japón, ramillete de Constantinopla o minutisa.

 Cuando William vio a su novia, se salió de los libretos y le dijo “estás hermosa”. Acto seguido, y antes de que se iniciara la ceremonia religiosa, se dirigió a Carlos, su suegro, y le comentó: “Se suponía que esto iba a ser una cosa pequeña y familiar”. El resto de la liturgia transcurrió dentro de los cánones establecidos. Luego del recíproco sí, los novios abandonaron la abadía al son de la marcha Crown Imperial, de William Walton, que se había interpretado ya antes en el matrimonio del príncipe Carlos y Lady Di.

De inmediato se subieron a una carroza dorada descubierta, tirada por cuatro caballos grises. Una vez más, el protocolo determinó que la historia se repitiera, pues la carroza que transportó a Kate Middleton y al Príncipe William fue la misma que llevó de Westminster a Buckingham a Lady Di y Carlos en 1981. Como antes, otros cuatro carruajes iban detrás con los integrantes más destacados de la familia real. Ciento sesenta caballos escoltaban el desfile. A la 1:27 los nuevos esposos salieron al balcón, como en un cuento de hadas, y se dieron dos besos. Varios  aviones de la Real Fuerza Aérea Británica surcaban el aire. Millones de manos aplaudían.  

Una boda de magnitudes Reales

1 único anillo hubo en la boda,  el que William puso en el dedo de Kate, ya que él decidió no llevar ninguno, como su abuelo el duque de Edimburgo.

2 tartas tuvo la boda: el tradicional 'fruitcake' y el pastel de chocolate preferido de William.

3 años fue la edad de las más joven dama de honor de Kate,  la nieta de Camila Parker Bowles, segunda esposa de Carlos, el padre de William.

6 "ex" novias de Guillermo y novios de Kate fueron invitados a la boda.

10 campanas doblaron en la abadía de Westminster media hora antes de la ceremonia y tres horas después.

100 carrozas integran las caballerizas reales de las que 5 fueron utilizadas el día de la boda.

5.000 policías integraron el dispositivo de seguridad.

45  millones de euros costó la boda real de Kate y William.