La locura de Mompox

Ustedes están locos, les dije. Ambos sonrieron: lo hacen cada que alguien se los dice. ¿De manera que 65 títulos? Asintieron. Me recosté en el asiento y pensé con cuidado en lo que estaba escuchando. Sí, absolutamente locos.

Hace once años, a la barra del bar Luna de Mompox, se ideó el primer libro de esa editorial que, contra toda recomendación y pronóstico, hoy en día conserva la misma pasión y el mismo nombre: Ediciones Pluma de Mompox S.A.

Ahora hablamos de Mompox, incomunicado por el invierno, de una edición en braille para niños invidentes, de cómo hace dos años en Colombia esos niños leían más libros que el promedio nacional. Y hablamos, una y otra vez a causa de mi escepticismo, de la más honda razón por la que harán falta palabras en esta nota: la colección Voces del Fuego. Permítanme decirlo, ahora sin la duda del interrogante: 65 títulos; más de 6.000 páginas. Cuento, poesía, ensayo, crónica, crítica, novela... Y que esos tres puntos resuman una extensa lista.

Ustedes están locos, les dije. Sonrieron, Carlos Melo, gerente, y J. J. Junieles, director de contenido y autor. Ellos sonrieron, nada más, y echaron a andar el video promocional de Voces del Fuego. Ya no pude articular palabra, sólo observar.

Los diseños de portada de Voces del Fuego se alzan como la más exquisita serie que haya presenciado en la Feria del Libro. Sus autores, títulos y objetivos, sin embargo, son las verdaderas virtudes.

Autores: Daniel Samper Pizano, Triunfo Arciniegas, Óscar Collazos, Roberto Burgos, Jorge Franco, Ernesto McCausland y otra vez tres puntos bien suspensivos. La inteligente movida de Pluma de Mompox lanza media cuota de autores reconocidos, y media de escritores en vía de reconocimiento (¡y vaya si lo tendrán!). Al descubrir los nombres uno puede preguntarse, secamente, cuánto costó la compilación de los textos. Nada. Los escritores autorizaron la publicación gratuita de sus textos para esta primera edición.

Títulos: La vida está afuera, El cine era mejor que la vida, Hombres sin epitafio, Cuentos colgados al sol, Tres orillas en busca de un río, Posdata de poesía colombiana, Todos los locos hablan solos (J.J. Junieles), y uno de mis favoritos: Aquella noche con Winnie-Poo. Al igual que antes, seguida de unos...

Objetivos: hacer lo impensable. Reunir a una buena parte de la cultura colombiana en una colección, y lanzarla al mundo como un mensaje embotellado al mar.

Alcanzado este punto, abandono la primera impresión que me hice de Melo y Junieles. Hace falta una amalgama de extrema lucidez y pasión para emprender una batalla que es de toda Colombia. No, debí decirles al finalizar el lanzamiento de la colección, ustedes no están locos. Locos estamos nosotros que durante décadas nunca hicimos Voces del Fuego. Y no hubo ninguna sonrisa. Ellos siempre lo supieron.

Voces del Fuego, quiero decir en la brevedad de un espacio que anticipábamos insuficiente, es lo más excelso que ofrece a visitantes y empresarios la edición 24 de la FILB. Gracias, Pluma de Mompox.