La mala hora de Rodríguez Zapatero

El jefe de gobierno español vive el peor momento de sus siete años en el poder: acosado por la crisis económica, el desempleo y los medios de comunicación, el presidente socialista trata de sortear el descontento popular.

El editorial “Final del ciclo”, que el influyente diario El País publicó el pasado lunes pidiendo la salida de José Luis Rodríguez Zapatero de La Moncloa, en términos taurinos, constituye ya no la estocada sino el descabello de su gobierno en la arena política de España. Acosado por el fantasma de un eventual rescate financiero de la Unión Europea, con los números en rojo de la bolsa, una deuda pública tan volátil como la especulación en los mercados y la decantación de titulares de prensa, unos más agresivos que otros, exigiendo su paso al costado, el presidente socialista traga saliva mientras apura su peor momento en siete años de poder.

Desde que renunció a presentarse para un tercer mandato consecutivo, los medios de derecha patrocinaron desde sus páginas sesudos debates que por distintas vías y protagonistas llegaban a una única conclusión: el fenómeno político del zapaterismo, en cuidados intensivos desde hacía dos años, terminó ya sepultado en vida. El tanque de oxígeno no le dio para más. Sólo faltaba en ese contexto la voz de El País y lo del lunes, sin rodeos, fue el último portazo posible para un político moribundo como Zapatero. Sin margen de maniobra, con voces de todos los frentes pidiendo la disolución del Parlamento y convocatoria a elecciones anticipadas, se da por descontado que antes de noviembre el proceso sucesorio habrá terminado.

El candidato del Partido Socialista a las presidenciales, Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta hace pocos días el vicepresidente de gobierno, desde que dimitió para concentrarse en la campaña ha venido desmarcándose de su exjefe, abriendo brechas incómodas y buscando cazar los votos de los “indignados” del 15-M. Sus propuestas de modificar la ley electoral, reducir los beneficios de la banca, recuperar el control del urbanismo y restituir la confianza de los ciudadanos en la política, según el columnista José Oneto, pretenden capitalizar sufragios. Su cercanía con Zapatero, no obstante, le hace heredar a fuerza el desgaste. La oposición lo ha fustigado sin tregua con una frase que no parece tener una respuesta simple: “Si el señor Rubalcaba tenía todas estas soluciones, ¿por qué no las aplicó antes, en su paso por el gobierno?”.

En un escenario tan enredado para los socialistas, el editorial del diario El País terminó de ulcerarlos por dentro. Un dirigente político consultado por El Espectador señaló que el presidente de gobierno, después de transitar un largo y tortuoso camino de crisis que dejó como saldo cuatro millones de desempleados, es un cadáver político despreciado por el Partido Popular y por un sector tradicional del Partido Socialista. Algunos cercanos colaboradores de Rubalcaba han deslizado información a los medios según la cual un adelanto de elecciones le convendría mucho más que al candidato del PP Mariano Rajoy. Una tesis absurda. El péndulo político en España giró a la derecha, de ello dan fe las elecciones regionales del pasado 22 de mayo, en las que los socialistas sufrieron una dura paliza. “Los resultados indican que el Partido Socialista ha perdido las elecciones claramente. Sabemos ganar y sabemos perder. Entiendo que tienen una grandísima relación con la crisis que venimos sufriendo, asumo la derrota”, dijo entonces Rodríguez Zapatero. Y sin que se hubieran formalizado los protocolos de las presidenciales, Rajoy le lleva cerca de 10 puntos de ventaja a Rubalcaba.

Desde hace 15 años, cuando ganó la silla presidencial José María Aznar, no ha habido adelanto de elecciones parlamentarias en España. Pero es que la tenaza de las finanzas tiene tan del cuello a Zapatero que parece que aquello no tiene reversa. Las concesiones del gobierno a los partidos nacionalistas para sacar adelante el presupuesto del Estado también le han pasado cuenta de cobro. El asunto ya no es si habrá elecciones, sino cuándo. Mediados de noviembre, se sugiere con insistencia.

Aún con el panorama a contracorriente, el presidente del Congreso de los Diputados, el socialista José Bono, manifestó que Rubalcaba no sería candidato si no creyera que tiene una oportunidad de ganar y que Rodríguez Zapatero “es hoy el político español que tiene las condiciones más favorables para tomar decisiones con el interés más desinteresado de todos”.

Mientras el PSOE sigue despellejándose por dentro, desde su trinchera de siempre el PP no acusa desgaste alguno. El protagonismo de Rodríguez Zapatero de años anteriores se fue desvaneciendo por completo. Hoy parece que no existe. Algún analista económico lo dijo sin mayores misterios: “El día que Zapatero convoque a elecciones las acciones de la bolsa española suben”.

Ni el diario El País, al que algunos asocian con el PSOE —por lo menos sí es más benévolo que diarios como El Mundo, ABC o La Razón— quiere ya a Zapatero en La Moncloa. Al inquilino se le agota el tiempo. Entre tanto, dicen, Mariano Rajoy se frota las manos.