La marea invernal

Las medidas para abordar esta problemática deben cambiar nuestra equivocada y abusiva relación con la naturaleza.

Un “tsunami en cámara lenta”, impulsado por ‘La Niña’ con sus lluvias excepcionales prolongadas e intensas, avanza inexorablemente sobre Colombia. Como consecuencia, las aguas han recobrado sus antiguos espacios: las rondas y cauces de los ríos ocupados por viviendas y cultivos, los humedales convertidos en zonas ganaderas y agrícolas. Las cuencas despojadas de su vegetación protectora producen crecientes torrenciales que causan derrumbes que implican pérdidas de vida e infraestructura.

En las ciudades los alcantarillados se devuelven a las casas, el agua potable escasea y los asentamientos en zonas de alto riesgo ponen en peligro la vida de decenas de miles de desplazados y de pobres que no tienen a dónde más vivir. Se ha inundado gran parte del área rural y agrícola del país, creando cerca de tres millones de nuevos damnificados y amenazas a la salubridad pública. Las pérdidas económicas, estimadas oficialmente en $26 billones, equivalen al 5% del PIB. Si le creemos a la ciencia, esta tragedia alternada con períodos de fuerte sequía se repetirá con más frecuencia y virulencia en el futuro.

¿Que hacer? Esta situación no tiene antecedentes y poco sabemos sobre cómo prevenirla y remediarla. Las medidas para abordar estos problemas implican cambiar nuestra equivocada y abusiva relación con la naturaleza. Será necesario hacer lo que no hemos hecho a pesar de que reconocemos su importancia vital. Respetar las rondas de los ríos y cuerpos de agua evitando que se destruya la vegetación protectora. Recuperar la capacidad de los humedales como amortiguadores de las crecientes. Proteger los manglares y arrecifes como barreras para el mar. Evitar la destrucción de los páramos con la minería. Hacer que los municipios cumplan con la inversión en la protección de cuencas abastecedoras y prohibir los asentamientos en zonas de alto riesgo. En síntesis, cumplir con los mandatos que la ley impone a los entes territoriales y a las CAR.

Es esencial incluir de manera obligatoria las determinantes y limitaciones ambientales en los planes de ordenamiento territorial para prevenir y reducir los riesgos. Aún es tiempo para que el proyecto de ley del Gobierno sobre ordenamiento territorial, que es el intento número 18 de contar con este vital instrumento, incluya estos temas fundamentales que no toma en cuenta.

¿Como hacerlo? La efectividad de la respuesta ha sido escasa. Intentar algunos cambios en el Gobierno y responsabilidades de las CAR y crear un programa ad hoc de ayuda, centrado en aspectos financieros y gerenciales, que mira más los síntomas que las causas, son medidas que pueden ser necesarias pero no suficientes. Si se mira hacia el largo plazo, considerando el carácter público de los temas ambientales y de seguridad, es indispensable tomar la difícil decisión de apostarle al fortalecimiento de las instituciones del Estado; entes territoriales y sistemas ambiental y de prevención de desastres, para que coordinadamente investiguen, prevengan y gestionen, con transparencia y eficacia, una situación que se convertirá en permanente.

Es además fundamental dar soluciones locales a los problemas locales y soluciones nacionales a los nacionales. Parte de la solución local atraviesa por la urgente creación de empleo para los damnificados, mediante programas masivos y permanentes de “empleo verde” como reforestación, reconstrucción y mantenimiento de jarillones y diques, aprovechando su conocimiento de las características locales. La prevención y el tratamiento de los impactos de la ola invernal deben ser un propósito y una meta colectiva que genere capital social.

Por otra parte la ola invernal y sus efectos son importados. Resultan principalmente de las emisiones a la atmósfera por la quema de petróleo, carbón y madera. Las dos terceras partes de éstas las causan los países grandes emisores de estos gases: EE.UU. (22,2%), China (18,4%), la Unión Europea (11,4%), Rusia (5,6%) y Japón (4,6%). Colombia contribuye apenas con el (0,37%), pero recibe los impactos y paga sus costos. La profunda inequidad de este traslado de costos de países ricos a pobres contribuirá a la deuda Norte-Sur, que continuará creciendo si los primeros no reconocen su responsabilidad y mantienen su estilo de vida y su modelo de desarrollo insostenible.

 * Director Instituto Quinaxi

 

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