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hace 4 horas

La Nasa jubila a su última nave

Este viernes despegó el Atlantis rumbo a la Estación Espacial Internacional. Los ganadores de la carrera espacial, por ahora, se retiran.

Alrededor de un millón de personas se desplazaron ayer hasta la zona costera, pantanosa y plana en la que sólo sobresalen los edificios y las plataformas de lanzamiento de Cabo Cañaveral (Florida). Era la última oportunidad de presenciar un espectáculo tecnológico impresionante: el lanzamiento de un transbordador espacial. La partida del Atlantis se produjo a las 15.29 GMT y la mayoría del público se concentró —como en las grandes ocasiones allí— en los alrededores del Centro Espacial Kennedy, para ver el ascenso de la mítica nave por el cielo, con sus cohetes echando fuego.

Fue el lanzamiento número 135 y el último de un transbordador. Cuando el Atlantis y sus cuatro astronautas regresen a la Tierra dentro de 12 días, habrá acabado una era espacial que ha durado 30 años.

“Me gustaría aplazar la emoción hasta el momento en que paren las ruedas en la pista de aterrizaje (al volver): creo que en ese momento nos llegará a todos la sensación del final”, dice el comandante de esta última misión, Christopher Ferguson.

La decisión de acabar con los transbordadores se tomó en la Nasa a raíz del accidente del Columbia, en 2003, dando un plazo para completar con estas naves la construcción en órbita de la Estación Espacial Internacional (ISS, por su sigla en inglés).

Su enorme complejidad —un transbordador tiene más de dos millones y medio de piezas móviles—, su alto costo y su peligrosidad condicionaron la decisión. Pero todavía ahora se discute en la Nasa sobre la oportunidad de dicha medida, sobre todo teniendo en cuenta que, a partir de ahora, y hasta que dentro de cinco años no estén listos los nuevos cohetes y cápsulas que está desarrollando la industria privada estadounidense para ir a la ISS, los astronautas de Estados Unidos tendrán que viajar como pasajeros de pago en las cápsulas rusas soyuz.

Para algunos es casi un deshonor. Mientras tanto, la Nasa, siguiendo el plan del presidente Obama, busca su nuevo horizonte en futuras exploraciones más ambiciosas: asteroides, la Luna y, antes o después, Marte.

“El gran legado del transbordador es que, aunque no ha logrado que los vuelos espaciales sean como pretendían sus diseñadores, sí los ha hecho mucho más accesibles que cualquier otro vehículo, ruso o americano, hasta la fecha y creo que merecen el justo respeto”, dice Michael Griffin, anterior director de la Nasa, el que tomó la decisión de cerrar el programa. Desde luego, nadie cuestiona que un transbordador es un monumento de ingeniería.

En el Atlantis irán esta vez sólo cuatro astronautas, en lugar de los seis o siete habituales. Es una misión rara, y aplazada varias veces. No se contaba con que llegase a despegar a no ser que lo exigiera una emergencia en el vuelo anterior, que iba a ser el último, y tuviera que ir a rescatar a los astronautas refugiados en la ISS. Pero finalmente se aprobó financiación extra y se decidió hacer esta última misión de carga.

En la bodega del Atlantis van varias toneladas de suministros y repuestos para la estación y se traerán piezas sobrantes allí. Como en esta ocasión no queda ningún transbordador más en activo (el Discovery y el Endeavour se preparan ya para su exhibición en museos), para una emergencia se cuenta con las soyuz. Si en el lanzamiento se produjera algún desperfecto grave en el transbordador, los astronautas se refugiarían en la ISS y volverían en las naves rusas. En estas condiciones, mejor que sean sólo cuatro: Ferguson, Doug Hurley, Sandra Magnus y Rex Walheim.