La obsesión de Nicolás Sarkozy por Íngrid Betancourt

Presiones políticas obligaron al presidente francés a mantener una activa participación para buscar la liberación de la excandidata presidencial. No les importaba con quién tuvieran que hablar. Al final, a Betancourt la rescató el Gobierno colombiano.

El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, tenía una compatriota que le quitaba el sueño: Íngrid Betancourt. Las presiones políticas para que hiciera algo por su liberación lo lanzaron a una campaña en la que no importaba con quién tuviera que dialogar o hacer alianzas. Su metódico estilo, aplicando el aforismo de que el fin justifica los medios, lo llevó a tener a la francocolombiana como una obsesión personal y de Estado. Pero siempre enfrentó un dilema: nunca tuvo línea directa con las Farc y por eso se vio forzado a recurrir a los países que sí lo tenían, como Venezuela.

Las incidencias de esta obsesión quedaron registradas en cables de la Embajada de Estados Unidos. El entonces presidente Uribe no quería que el protagonismo de su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, se desbordara. Tampoco estaba dispuesto a dar ventajas a las Farc con una zona de despeje. Pero también estaba el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, a quien sólo interesaba Íngrid Betancourt. Por eso Estados Unidos se mantenía atento a monitorearlo y evaluar cómo intervenía en el tema del intercambio humanitario.

En junio de 2007, por ejemplo, el presidente Sarkozy, en su afán por la liberación de Íngrid, le pidió directamente al presidente Álvaro Uribe la liberación del llamado canciller de las Farc Rodrigo Granda, para que oficiara como gestor de paz. Uribe, temeroso de que la exigencia del grupo guerrillero de una zona de despeje tuviera eco internacional, salió al paso con la liberación de 200 insurgentes, entre ellos Granda. Para el Gobierno colombiano, este guerrillero significaba un bajo costo para tener a Francia como un abogado en el G-8.

Sin embargo, según se lo dijo en esa época el director del DAS, Andrés Peñate, a la Embajada de Estados Unidos, el presidente francés no tenía línea directa con las Farc y el Gobierno creía que estaba dependiendo del oficial suizo Jean Pierre Gontard. Incluso Peñate especuló que Sarkozy hizo la solicitud de Granda porque eran los suizos los que buscaban la liberación de Granda. En criterio de Peñate, parecía que Francia estuviera hablando con las Farc en un teléfono roto y se probaba a dónde podía llegar Sarkozy en su afán por Betancourt.

En agosto del mismo año ya era notoria la presión sobre el presidente francés para que consiguiera, al menos, pruebas de supervivencia de Íngrid Betancourt. Lo puso en la agenda bilateral con varios países, porque su intención era “no dejar ni una piedra quieta en pos de su liberación”, expresó Estados Unidos en un cable diplomático. Y con ese objetivo, pese a saber que no era fácil ser amigo del gobierno venezolano, Sarkozy fue uno de los primeros en apoyar la oferta de Hugo Chávez de ser mediador en el acuerdo humanitario e invitarlo a su país. Colombia aceptó.

La ilusión de que su decisión de apoyar a Venezuela iba a dar frutos se incrementó cuando a través de los medios de comunicación se supo de una reunión a comienzos de noviembre de 2007 entre Chávez, la entonces senadora Piedad Córdoba y el guerrillero Iván Márquez. El tema incomodó al Gobierno colombiano porque no se lo notificaron. Y algo peor, Chávez adelantó que sería el primero de varios encuentros, entre los que tenía planeado reunirse directamente con Manuel Marulanda Vélez.

A su encuentro con Sarkozy, el presidente Chávez esperaba llevar pruebas de supervivencia de Íngrid Betancourt. Pero no cumplió y el 20 de noviembre llegó sin ellas. Eso decepcionó a los franceses. Íngrid Betancourt era en ese momento “la secuestrada francesa más valiosa de todos los tiempos”. En cambio Chávez llegó a Francia con una sugerencia: presionar al Gobierno colombiano para que le permitiera negociar directamente con Marulanda Vélez en territorio colombiano. Francia rechazó la propuesta. Una semana después, Colombia cerró la puerta a Chávez como mediador.

La razón volvió a quedar expuesta en los cables diplomáticos: el mandatario venezolano llamó directamente al general Mario Montoya, comandante de las Fuerzas Militares, para invitarlo a una reunión en Caracas. Para el presidente Álvaro Uribe, con ese acto Chávez violó las reglas de juego y demostró que su intención era “crear un gobierno alternativo o transicional al gobierno colombiano”. Pero Sarkozy alcanzó a pedirle a Uribe que echara atrás su decisión, pues se complicaba la liberación de Íngrid.

Uribe rechazó la petición. A cambio, se comprometió a seguir haciendo esfuerzos. En diciembre de 2007, las autoridades colombianas capturaron a tres guerrilleros de las Farc con pruebas de supervivencia, hecho que motivó de nuevo al presidente francés a insistir en el intercambio. Incluso llegó a considerar reunirse con el jefe de las Farc, Manuel Marulanda, aunque después desistió del plan. Tuvo incluso la opción de ser mediador, pero Uribe  no se mostró dispuesto a facilitar  acceso directo a los líderes de las Farc.

A cambio, Sarkozy propuso dialogar con el entonces presidente norteamericano, George Bush, para discutir la situación de los secuestrados. Y alcanzó a sugerir una estrategia de medios, grabando mensajes a los secuestrados, para hacerles saber que la comunidad internacional se estaba movilizando por buscar la libertad de Íngrid Betancourt. Y era tanta su obsesión que alcanzó a estudiar la propuesta de Chávez de sacar a las Farc de la lista de organizaciones terroristas si liberaban a los secuestrados. Pero aclaró que si Íngrid moría, las Farc nunca saldrían del listado.

En febrero de 2008, buscando llegar a las Farc, Sarkozy propuso una misión humanitaria para atender a Íngrid Betancourt, de quien se decía estaba mal de salud. Uribe aceptó y los franceses mandaron un avión hospital para la misión. Sin embargo, el grupo guerrillero rechazó la operación. En ese momento, las relaciones de Colombia y Francia, según el entonces embajador Fernando Cepeda, era pobres. En criterio de Cepeda, Francia consideraba a Colombia como una república bananera dirigida por Estados Unidos.

A su vez, la Embajada de Estados Unidos consideraba que la intromisión personal de Sarkozy en el caso Betancourt podría ayudar a soltar a los secuestrados de bajo perfil, pero seguramente alzaría su valor para las Farc. En últimas, creía la Embajada que la obsesión de Sarkozy también obedecía a que él quería llegar hasta donde no lo había podido hacer el ex primer ministro Dominique Villepin. Al final, en medio de una operación militar Íngrid Betancourt fue rescatada con otros 14 secuestrados. Obviamente, Sarkozy tampoco dejó de cobrar los créditos de su gestión.

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