'La reforma no soluciona todo'

El nuevo ministro de Justicia dice que las rebajas en los procesos penales se deben cambiar y que debe hacerse de la justicia algo más severo. Agrega que el problema no es sólo de presupuesto.

Estrictamente puntual y conciliador. Así se muestra Juan Carlos Esguerra, nuevo ministro de Justicia, quien enfrentará la dura tarea de revivir una cartera que desapareció en el primer gobierno Uribe. Es un abogado con amplia experiencia, la cual refleja en cada historia con la que ilustrar sus respuestas. Conocedor del derecho, de sus problemas y necesidades. Por eso dice que el nuevo reto lo asume con compromiso, entusiasmo y respeto, aunque con temor porque es un tema “con toda suerte de problemas y desafíos”.

El funcionario, que ya empezó labores sin siquiera posesionarse, habló con El Espectador.

La reforma a la justicia tiene historia de fracasos, ¿cuál será su clave?

Es necesario entender qué se quiere decir cuando se habla de reforma a la justicia, porque no se trata sólo del proyecto de reforma constitucional. Si lo aprueban como lo propone el Gobierno, en él no quedará todo lo que hay que hacer. El proyecto implica resolver algunos problemas, remozar instituciones, pero no lo es todo.

Pero aún no hay consenso...

Hay consenso en algunos puntos y en otros no.

Para que pueda haber consenso, ¿algunos tendrán que tragarse algunos sapos?

Se puede plantear de esa forma, pero hay otra que me gusta más y la decían los griegos: la verdad nace del diálogo. Acá se busca llegar a la verdad. Es mejor convencer con argumentos y no decir que estábamos invitados a una cena de sapos.

Dicen que las cortes presentarán un proyecto paralelo, ¿qué piensa?

Ellos tienen todo el derecho de hacerlo. En ese caso el diálogo tendrá lugar en el escenario natural: el Congreso.

Dicen que la reforma es para altas esferas y no para el ciudadano común, ¿qué opina?

Si aprueban la reforma, eso no quiere decir que a partir de mañana todo será a otro precio en Colombia. Habrá avances importantes que apuntarán a conseguir una pronta y cumplida justicia, pero esto requiere otros ingredientes.

¿Cuáles ingredientes?

Por ejemplo, en el campo penitenciario. También, la Ley de Justicia y Paz y su aplicación como instrumento de búsqueda de la verdad, la reparación y el perdón. Hay que trabajar en la prontitud de la justicia para que un proceso no tarde ocho años o más… eso no puede ser. Tampoco puede ser que la gente busque torcerles el cuello a las normas para ver si logra resolver el inconveniente en justicia ordinaria vía tutela y vayamos a tutelizar toda la justicia… con eso nos tiramos la tutela.

Con la congestión de la justicia, ¿qué estrategias se deben aplicar?

Creo que hay que revisar los códigos. Se han ido haciendo y eso debe producir resultados. El Código General del Proceso es un proyecto que cursa en el Congreso y debe apuntar en esa dirección. Se dan pasos significativos hacia la oralidad, que parece ser un instrumento eficaz para hacer más ágil la justicia. La oralidad en lo laboral ha funcionado, pero no se está aplicando en la segunda instancia y hay que ver cómo la implantamos.

Una de las promesas del Sistema Penal Oral Acusatorio era descongestionar, pero sigue el problema...

Por eso no me gustan las promesas. Eso no quiere decir que el sistema no sea bueno. Es el que se está aplicando en el mundo, porque es lo mejor que hay hasta ahora. El sistema inquisitivo está mandado a recoger. Lo que hay que ver es cómo debemos corregir las fallas que ha venido mostrando.

Pero todos los ajustes se traducen en dinero y esa es la dificultad de la justicia...

Desde niño oía en el comedor de mi casa, porque mi papá fue juez, que los problemas de la justicia eran por falta de recursos, de jueces y exceso de procesos. Hoy no puedo decir que la solución no esté en resolver esas falencias, pero no es lo único. Los recursos son un instrumento para ver si nos acercamos al ideal de justicia, al que creo que no vamos a llegar porque sólo existe en la justicia celestial. Pero la justicia terrenal debe acercarse a ese imaginario.

¿Qué piensa de los excesivos beneficios que ofrece la justicia penal?

Se debe modificar. Habrá que conversarlo con el Gobierno, fiscales, jueces, abogados y la academia. Colombia ha sido un país severo a la hora de hacer leyes, cuando están frescos los delitos, pero se va poniendo “bandiancho” cuando se enfrían las circunstancias. Lo que comienza siendo sumamente estricto termina siendo un rey de burlas. Terminamos viendo algo que nos espanta: un criminal aterrador y tenebroso que recibe una condena bastante menor a la que merece y luego esas condenas se van reduciendo. Eso hay que cambiarlo. Tenemos que definirnos y hacerlo por la severidad. Eso sí, que considere la dignidad humana, pero con severidad.

¿Cómo va a enfrentar la defensa de Colombia en tribunales internacionales?

Con la convicción, el respeto y la seriedad que corresponde. Conozco cómo funcionan esos tribunales por dentro, porque tuve el honor de ser juez ad hoc en la Corte Interamericana de DD.HH. He percibido un profundo respeto a Colombia como Estado de derecho. Eso, la verdad, me dará una enorme autoridad moral y tranquilidad cuando asuma la defensa de nuestras causas. Algunas veces tendremos la razón, otras no.

La cantidad de las demandas al Estado es otro problema...

Es una de las cosas que hay que hacer por la justicia, adoptar mecanismos preventivos necesarios y útiles. Si hay algo que se repite, cerremos esa llave y evitemos que se presente.

¿Y la justicia transicional?

Es un tema gordísimo, complicadísimo, que atraviesa una crisis enorme, que obligará a trabajar intensamente. Sé que otras instancias lo están haciendo, para buscar una solución a un problema monstruosamente grande.

En el trámite legislativo hay dos caminos: o se pasa por fuerza las mayorías o la conciliación. ¿Cuál va a ser su estrategia?

Puesto a escoger entre esas alternativas, la de la conciliación me gusta, porque me gusta la vía del diálogo, de tratar de convencer o me convenzan. Eso me gusta. Soy amigo de la dialéctica.

Durante su trabajo como ministro de Defensa en el gobierno Samper hubo asuntos de seguridad graves y hay quienes señalan que ocurrieron porque usted fue más conciliador que mano dura. ¿Fue así?

No creo. Los delincuentes no dijeron: “Aprovechemos que el ministro es muy conciliador”. Ser conciliador no es ser bobo, ni que todo esté sujeto a conciliación. El delito no es conciliable.

La política criminal es un tema que ha generado críticas. ¿Qué se debe hacer para estabilizarla?

Voy a darle especial impulso al consejo de política criminal para efectos de que lo que allí se discuta se traduzca en realidades.

¿El método para la elección de fiscal se debe cambiar?

Sobre ese asunto no quiero pronunciarme, pues luego de haber aspirado a la Fiscalía no me queda bien. Pero en términos generales creo que el sistema no tiene inconvenientes. Cambiarlo, ¿para qué? La fórmula de la Constitución del 91 fue sabia. Quedó claro que la Fiscalía es de la Rama Judicial y no del Ejecutivo. Nos pareció que lo primero que había que preservar era la independencia de una institución tan significativa. Si se llegare a la conclusión de que hay que revisarlo, en todo caso debe ser sobre la base de velar por su independencia.

Se requieren cambios éticos

Para el nuevo ministro de Justicia la reforma no lo abarca todo. Insiste que un verdadero cambio deben incluir asuntos éticos y morales de jueces y abogados. Para hacerlo se deben tocar asuntos ligados a la formación de futuros abogados. “Erradicando ciertos problemas del alma de los protagonistas es como se comenzará realmente a resolver el tema de la justicia”.

Critica con vehemencia la manera como algunos abogados están interesados en buscar que no haya justicia, en vez de ayudarles a jueces a llegar a la verdad. “Eso hay que atacarlo con todo y eso es con la preparación de los futuros abogados. Hay que insistir que esa preparación involucre en la formación un mayor énfasis en la formación humanista, ética y moral”.