La resurrección del PRI

Las elecciones regionales del domingo evidenciaron el desgaste del movimiento del presidente Felipe Calderón en México. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), un rival con un largo historial de gobiernos en el último siglo, se perfila para la victoria.

Las elecciones del domingo en México revelaron dos realidades que lejos de ser secretos, se confirmaron como consecuencias de la difícil situación que atraviesa el país y el gobierno de Felipe Calderón. Fueron tres estados los que eligieron sus nuevos gobernantes, un número pequeño, si no se aclara que en juego estaba la gobernación del Estado de México, que cuenta con el padrón electoral más alto de la nación, con una masa de votantes cercana a los 10.5 millones de personas.

Los demás estados fueron los de Coahuila y Nayarit. Todo ocurrió en las urnas, pero al final del la jornada resultó certera la victoria del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sobre sus dos tradicionales rivales: El Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el conservador Partido Acción Nacional, la colectividad que representa el presidente Calderón. El triunfo fue contundente, el candidato Eruviel Ávila, del PRI obtuvo el 62,5 % frente al 21% de Alejandro Encinas (PRD) y el 12,5% de Luis Felipe Bravo Mena (PAN). El partido ganador también posicionó a sus candidatos en los otros dos estados. En Coahuila, Rubén Moreira obtuvo el 57% de los sufragios y en Nayarit, cuando se ha realizado el conteo del 90% de los votos, Roberto Sandoval se perfila como ganador con el 45,8%.

Lo que los analistas han visto llamativo en toda esta situación es la resurrección del que parecía ser un partido sepultado en México, aunque domine políticamente 19 de los 32 estados que componen el país. El ocaso para el PRI pareció llegar cuando en 2000 Vicente Fox, copartidario de Calderón, le arrebató el poder después de permanecer 71 años, ininterrumpidos y con un relevo sucesivo de sus líderes, a la cabeza del gobierno. Al salir, sin el poder en sus manos, se abrieron las puertas a múltiples críticas sobre sus días de represión y los errores que con los años se hacían evidentes en su gestión. Al final, cuando llegaron las elecciones de 2006, el PRI estaba relegado, mientras los candidatos de del Acción Nacional, Felipe Calderón y de Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador (PRD), se disputaban la presidencia con un margen tan reñido que la victoria llegó para el actual presidente con una diferencia de un punto porcentual en la segunda vuelta.

No obstante, de un tiempo para acá –más exactamente desde 2006 para acá- el avance no ha sido bueno para el PAN. La guerra declarada por el gobierno Calderón al crimen organizado a hoy cobra cerca de 40.000 vidas y el desgaste producido por la crisis económica y el surgimiento de algunos vínculos del Estado con los carteles de la droga ha roto en gran medida los lazos que alguna vez lo unieron al electorado. López Obrador, por su parte, nunca reconoció la victoria de su rival aquel año de elecciones y como principal representante de la izquierda mexicana, quizá guardando sus energías para la campaña del próximo año, no ha logrado mantener una coalición unida.

Después de los resultados, no hay duda de que el ir y venir de la política hoy muestra su mejor cara a la Revolución Democrática, que ahora se perfila como el rival a vencer en las presidenciales de 2012. Si se lo compara con el actual partido de gobierno tiene una gran ventaja, pues mientras que dentro de la colectividad no aparece hasta ahora ningún posible sucesor de Calderón, ya es casi un hecho que Enrique Peña Nieto, saliente gobernador del Estado de México y hoy por hoy el político más popular del país, cargará las banderas del PRI con bastantes opciones de recuperar la hegemonía perdida en los últimos dos periodos presidenciales.  Por encima de las encuestas, como sucede siempre, está la verdad de los votos.

 

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