'La tecnología no es una aspiradora de las artes': Tomás Jaramillo

Llegan las últimas funciones de su obra 'Perros de Babel', que se presentará en Bogotá en la Casa Hombremono y el restaurante Locos de asar.

¿Con qué se encontrarán los asistentes a ‘Perros de Babel’?

Con un espacio no convencional que puede ser una bodega, un patio interior o un bar. A partir de ahí empezarán a observar, escuchar, oler, reír, contenerse, espantarse y hasta llorar con la historia de 10 personajes cuyo único sueño y deseo es volver al paraíso al que llaman Babel.

¿Qué le gusta de este montaje?

Por primera vez una obra de teatro es presentada cada semana en un espacio diferente, con otra personalidad, olor, color, arquitectura y paisaje. Esto hace que el trabajo semanal sea más intenso, pues se debe rehacer el montaje. De esta manera la obra se transforma.

¿Qué identifica su forma de hacer teatro?

El humor bien entendido, no facilista ni de doble sentido, el que nos produce la vida a través del mismo dolor y la alegría. Mi teatro fibroso, lleno de pasión y seriedad es sobrio, de escasos elementos, en donde lo fundamental son los actores, el público y la historia, no el espacio.

¿Qué se necesita para crear teatro de calidad?

Calidad no es tener el reflector más costoso o técnicamente mejor dotado. Calidad me aproxima más a la idea de seres humanos cálidos, sencillos, humildes, exigentes, creativos, recursivos y críticos.

¿Con el tiempo y la llegada de tanta tecnología el público para el teatro tiende a desaparecer?

La tecnología llegó desde hace mucho rato y aún seguimos haciendo teatro. En los países con historia teatral la tecnología no ha sido una aspiradora de las artes; todo lo contrario, la tecnología está al servicio de las artes.

Su obra de teatro preferida.

El día a día es una obra de teatro maravillosa de la cual todos los seres humanos, sin excepción, somos protagonistas. Me fascina el fútbol como el mejor y más completo espectáculo teatral que ha inventado el ser humano, se asemeja a los circos romanos: dos equipos que simbolizan personajes en constante diálogo, sin palabras pero con un lenguaje maravilloso como el del movimiento que produce el cuerpo; generador de emociones extremas y conflictos poderosos, con un público que vibra mientras come y bebe.

¿Qué le cambiaría al teatro colombiano?

La actitud de miserables, pobres, teóricos y mártires de quienes lo practican. Le quitaría el término “maestro” a todos los que no lo son. A los funcionarios del Ministerio de Cultura les cambiaría el escritorio por unos patines y una linterna para que recorrieran las ciudades y vieran lo que se está haciendo. También convertiría las aulas de las academias en escenarios vivos de práctica teatral, donde los alumnos trabajen desde la creación hasta el montaje de sus obras. Menos discurso teórico y más práctica teatral.

¿Dónde queda Puerto Aventura?

Puerto Aventura es un proyecto artístico y creativo abierto a los artistas que están dispuestos a arriesgarse a generar espacios artísticos donde no los hay y quieran aventurarse a producir obras, montajes, performances y espectáculos.

 

 

 

¿En qué lugar de las artes ubicaría al teatro en Colombia?

De manera idealista lo ubicaría en el primer lugar, pues abarca todas las artes. De manera realista, a quienes hacemos teatro en Colombia nos tienen como payasos de quinta categoría, superados incluso por las modelos, reinas de belleza y cantantes que protagonizan telenovelas de sexta categoría.

 

¿Un actor al que quisiera dirigir?

A un ser humano en plenitud de condiciones, dispuesto a todo, menos a lloriqueos e intelectualizaciones de ninguna índole.

¿Qué tan bohemio es?

No sé… Pero soy de los que les gusta una buena tertulia, con muy buena música, vino, en medio de la humareda de un rico Piel Roja; en medio de idealismos, sueños y promesas ilusas.

¿Se puede vivir del teatro en Colombia?

En octubre cumplo 56 años y aún estoy vivo.

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