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hace 1 hora

La U sigue bajo el agua

Aún no se cuantifican pérdidas materiales, pues según el rector Obdulio Sánchez: “todo está bajo el agua”. El jarillón que tras su ruptura el pasado lunes permitió el ingreso de agua, estaría listo en las próximas horas.

Una lancha, tener la vacuna antitetánica, usar tapabocas y guantes y que la piel esté lo menos expuesta posible es lo que se necesita para entrar actualmente a la Universidad de La Sabana, inundada desde el lunes pasado tras la ruptura de un dique de protección de las aguas del río Bogotá en el municipio de Chía, en el norte de la capital del país.

Las imponentes obras arquitectónicas como la Casa de Gobierno, la biblioteca Octavio Arizmendi Posada hoy son irreconocibles. Y de los cuatro restaurantes (Kioscos, Embarcadero, Punto Verde, Mesón), visiblemente sólo quedan sus techos.

En el Mesón, que recibe a más de 1.000 estudiantes y el único al que acuden decanos y directores, flotan los platos, bandejas y sillas. Mientras que algunas mesas de afuera, nadan por todo el campus, el mismo que en lugar de ser sede de estudiantes hoy lo es de patos y pescados que se zambullen en las orillas.

El nivel del agua -de 1.60 a 2 metros dependiendo de las zonas - afectó a todos los salones de los primeros pisos (aproximadamente 35 de 96 que hay en 9 edificios), todos dotados con video beams, televisores, tableros y escritorios. Sin contar con algunos centros de cómputo de los que ya se escapan por las ventanas flotando algunos teclados y cursores.

Varios laboratorios, como el de biología molecular y el de neurociencias y gastronomía, estaban dotados con equipos de alta tecnología. “Incluso la semana pasada habíamos comprado algunos nuevos… pues ya se perdieron. Hay varios de estos equipos que cuestan alrededor de cien millones de pesos”, explica el rector de la universidad, Obdulio Sánchez.

Sin embargo, quizás la situación más complicada es la que viven los edificios K y L, que serían inaugurados el próximo 10 de mayo, pues el nivel del agua es el más alto. La construcción de 4.000 mts2, que abrió sus puertas a estudiantes este semestre, alberga espacios y equipos audiovisuales de última tecnología.

En el primero de los cuatro pisos se destaca un estudio de televisión de 190 mts2, un lugar colorido, imponente, con capacidad para cuatro escenarios al mismo tiempo. Un estudio que fue habilitado para que canales nacionales pudieran generar su programación desde allí, gracias a los equipos de alta tecnología.

Lo que no alcanzó a ser salvado por algunos voluntarios, yace bajo el agua fétida, sucia y putrefacta que aguó la inversión de cerca de 2,5 millones de dólares, es decir 5.550 millones de pesos sólo en la compra de equipos audiovisuales, instalación y montaje.

¿Cuáles son las pérdidas materiales? “No se sabe, todo está bajo el agua”, reitera Sánchez. Una vez baje el nivel del agua podrán calcular cuáles fueron las pérdidas, pero eso sí, “la cifra será sin duda alguna de miles de millones de pesos”, añade.

Y la tormenta no pasará necesariamente cuando baje el nivel del agua una vez cierren el jarillón. Según explica Orlando Ávila Gómez, ingeniero de la Corporación Autónoma Regional, el proceso de desinfección de la universidad, será otro reto grande. “Tendremos que retirar lodos, desinfectar suelos, salones, todo, para que los estudiantes tengan todas las garantías para volver al campus”.

Claro, cuando baje el nivel del agua el olor será insoportable y no será raro que cuerpos de animales, aún no descompuestos, salgan a flote. “Para eso tendremos que mandar estos cuerpos, si los hay, a una entidad que los incinere”.

Sin duda, ésta ha sido la mayor tragedia en el centro educativo. Pero bomberos, Ejército, Alcaldía de Chía, Gobernación de Cundinamarca, CAR y autoridades de la universidad no han descansado un minuto para reparar los daños, y tratar de salvar televisores y video beams de algunas aulas.

Además, alrededor de 80 hombres están encargados de la reparación del jarillón -que estará listo en las próximas horas -, y han luchado por salvar lo salvable. Y si bien no podrán estudiar en su bello campus, los alumnos reanudarán clases a partir del próximo lunes en sedes alternas por definir, y el semestre académico terminaría una semana después de lo estipulado-dependiendo de cada carrera.

Un problema que requerirá meses de trabajo y que afecta a 2.000 cursantes de maestrías, especializaciones y diplomados, además de  6.500 de pregrados en 19 carreras de la institución. Los estudiantes ya crearon grupos de apoyo y voluntariado a través de redes sociales. A su vez, la mayoría de los 900 empleados están dispuestos a ayudar a rehabilitar el campus para que su universidad a supere pronto este trauma.

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