La unión principesca de Mónaco

Cincuenta y cinco años después de la boda de Raniero III y Grace Kelly, Mónaco vuelve a vestirse de glamour. Esta vez un príncipe cincuentón y una exnadadora olímpica son los protagonistas.

Él

Alberto Alejandro Luis Pedro Grimaldi Kelly no sólo heredó el principado de parte de su familia paterna, también adquirió su semblante de fealdad que se ha ido acrecentando con el paso del tiempo. A él de poco o nada le sirvió que Raniero III de Mónaco hubiera ido a cortejar hasta Hollywood a Grace Kelly para convertirla en su esposa y madre de la futura realeza del segundo país más pequeño del mundo.

Por eso durante su juventud pasó desapercibido de la prensa rosa y amarilla que fijaba sus cámaras y titulares en sus hermanas: Carolina y Estefanía, las doncellas que por fortuna sí recibieron la cuota de belleza de su madre en su ADN.

Así que sin mayor entretención, Alberto II naufragó en los libros de ciencias políticas, economía, psicología, literatura inglesa, y todas las ciencias humanas que tuvo a su alcance. Para no ser un futuro príncipe fofo,  practicó distintas disciplinas deportivas, se destacó en lanzamiento de jabalina, hizo parte del equipo de fútbol de Mónaco y practicó con éxito remo, tenis y esquí.

Ahora a sus 53 años no es un hombre atlético, pero por lo menos no es obeso. 

Su bagaje intelectual, caballerosidad y, por supuesto, el título que ostenta han hecho que Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Tasha de Vasconcelos se hayan sentido atraídas por él, al punto de establecer relaciones sentimentales. Lo mismo ha pasado con las actrices Sharon Stone y Brooke Shields.

Con ese historial logró acaparar todo tipo de prensa. En 1997 se vio envuelto en un escándalo doble, producto de relaciones pasajeras. El primero fue con una azafata togolesa, Nicole Coste, a quien conoció en un vuelo hacia Francia. De ese encuentro fugaz resultó Alexandre, su hijo. En otra ocasión, sedujo una camarera norteamericana, Tamara Rotolo, quien estando casada también quedó embarazada del príncipe. De esta unión nació Jazmin Grace Rotolo. Los niños fueron reconocidos por Alberto II y hoy gozan de su amparo económico. Sin embargo, por ser extramatrimoniales no pueden optar al trono. Tampoco al selecto círculo real de su padre.

Ella

La plebeya de esta historia es Charlene Lynette Wittstock, originaria de Bulawayo, la segunda ciudad más grande de  Zimbabue. Es hija de un modesto ejecutivo de ventas, Michael Kenneth Wittstock y de Lynette Humberstone, una instructora de natación retirada. Gracias a su madre, la pequeña Charlene encontró su vocación.

En su carrera profesional fue miembro del quipo de relevos de Sudáfrica en los juegos Olímpicos de Sidney de 2000. Participó en el Campeonato Mundial de Natación en Piscina Corta de 2002, en donde consiguió tres medallas de oro. Cinco años después revalidó su título de campeona sudafricana en los 50 metros espalda.

Estaba a punto de llegar a los Juegos Olímpicos de 2008, en Pekín, uno de sus más grandes sueños, sin embargo, una lesión de hombro la dejó fuera del circuito durante 18 meses. Desde ese momento no pudo volver a nadar. “He faltado un año en la competición de natación, y solo quiero ser lo mejor que pueda en este momento. Después quiero involucrarme en ayuda a la caridad y al desarrollo con comisiones de atletas”, dijo en 2009 a la prensa.

Tiempo después se unió a la Fundación Nelson Mandela y aportó sus conocimientos en la natación para brindar clases a niños de bajos recursos.

Los dos

Fue en las Olimpiadas de Sidney en donde Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock cruzaron por primera vez sus miradas. Ella, una sexy nadadora rubia, competía por su país mientras él, el codiciado príncipe europeo,  hacía parte del jurado del Comité Olímpico Internacional.

Pasaron más de 10 años en los que mantuvieron, de puertas para afuera, una estrecha amistad. Sólo en los Juegos Olímpicos de Turín, en 2006, Charlene fue presentada en sociedad, entonces se empezó a rumorar que la relación iba en serio. Además, con el hecho se acalló el rumor que corría de continente en continente: el príncipe monegasco era homosexual.

Dos años después, la deportista anunció que no participaría en los Juegos olímpicos de Beijing, entonces la prensa empezó a especular que se avecinaba un matrimonio. Y acertó. Pero como es usual en la vida de Alberto de Mónaco, el evento se dilató.

En junio de 2010, y tras haber instruido a Wittstock en la religión católica mientras vivían juntos en el Palacio, el soltero más apetecido de la realeza anunció su compromiso con la bella mujer sudafricana 20 años menor que él.

Desde los dédalos del Palacio Magnífico, residencia oficial del Principado, se rumora que las nupcias adquirieron un tinte político desde la muerte de Raniero de Mónaco, en abril de 2005. La familia Grimaldi le estaba exigiendo a Alberto que contrajera matrimonio y tuviera descendencia que garantizara el futuro del país, sobre todo para que Mónaco no dejara de ostentar el rótulo de “paraíso fiscal del mundo”.

El país ya dio inicio a los tres días de fiestas que destinaron para la celebración. Hay júbilo en las calles vestidas de rojo y blanco. Cientos de objetos anuncian la boda que ha hecho disparar el turismo en la Ciudad-Estado.  La economía ha recibido un importante espaldarazo por los más de 1.000 periodistas que ocuparon los hoteles juntos a los cientos de curiosos que esperan conocer detalles del evento. Nativos y foráneos ya tienen en sus manos toda clase que souvenirs y en las avenidas reposan pancartas desde las que se lee “¡Vivan el príncipe y la princesa!”.

Hoy las  12.000 flores que escogió Charlene engalanan la ruta y el jardín en donde sus invitados verán cumplirse uno de sus anhelos más fervientes: ser parte de la realeza de Mónaco y convertirse en la nueva Grace Kelly, lo que le ayudará a su príncipe  a reforzar su principado y sosegar la marea de rumores. Claro que este objetivo se cumplirá totalmente cuando el matrimonio real tenga su primer vástago. Si no, la prensa dirá que a Alberto de Mónaco se le podría seguir acusando de princesa.

Los raros amores de los Grimaldi

Carolina de Mónaco, se casó por primera vez con tan solo 21 años. Durante su etapa universitaria conoció a Phillipe Junot y el en 1978 se prometieron amor eterno. Dos años después, se divorciaron y Carolina volvió a encontrar el amor de la mano del multimillonario Stefano Casiraghi. De esa unión nació: Andrea,  Carlota y Pierre, los royals más atractivos de la realeza europea. Pero siete años después, Stefano falleció en un accidente marítimo. Carolina volvió a casarse en 1999 con su amigo de toda la vida, el príncipe Ernesto Augusto de Hannover.

Estefanía de Mónaco Se enamoró de su guardaespaldas, Daniel Ducruet con el que tuvo dos hijos, Louis y Pauline. Un año más tarde empezó una nueva relación con otro guardaespaldas, Jean Rymond Gottlieb con el que tendría a Camila Marie Kelly.  En 2003 se casó en secreto con el acróbata portugués Adans Lopez Peres, 10 años menor que ella.